{"id":34149,"date":"2026-08-17T00:04:50","date_gmt":"2026-08-17T03:04:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/?p=34149"},"modified":"2026-07-30T11:32:26","modified_gmt":"2026-07-30T14:32:26","slug":"34149","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/?p=34149","title":{"rendered":"San Mart\u00edn, visto por el escritor Jos\u00e9 Mart\u00ed en 1885"},"content":{"rendered":"<p>POR JOSE MARTIN &#8211; 1885<\/p>\n<p>Un d\u00eda, cuando saltaban las piedras en Espa\u00f1a al paso de los franceses, Napole\u00f3n clav\u00f3 los ojos en un oficial seco y tostado, que cargaba uniforme blanco y azul; se fue sobre \u00e9l y le ley\u00f3 en el bot\u00f3n de la casaca el nombre del cuerpo: \u00ab\u00a1Murcia!\u00bb Era el ni\u00f1o pobre de la aldea jesuita de Yapey\u00fa, criado al aire entre indios y mestizos, que despu\u00e9s de veintid\u00f3s a\u00f1os de guerra espa\u00f1ola empu\u00f1\u00f3 en Buenos Aires la insurrecci\u00f3n desmigajada, trab\u00f3 por juramento a los criollos arremetedores, avent\u00f3 en San Lorenzo la escuadrilla real, mont\u00f3 en Cuyo el ej\u00e9rcito libertador, pas\u00f3 los Andes para amanecer en Chacabuco; de Chile, libre a su espada, fue por Maipu a redimir el Per\u00fa; se alz\u00f3 protector en Lima, con uniforme de palmas de oro; sali\u00f3, vencido por s\u00ed mismo, al paso de Bol\u00edvar avasallador; retrocedi\u00f3; abdic\u00f3; pas\u00f3, solo, por Buenos Aires; muri\u00f3 en Francia, con su hija de la mano, en una casita llena de luz y flores, Propuso reyes a la Am\u00e9rica, prepar\u00f3 ma\u00f1osamente con los recursos nacionales su propia gloria, retuvo la dictadura, visible o disimulada, hasta que por sus yerros se vio minado en ella, y no lleg\u00f3 sin duda al m\u00e9rito sublime de deponer voluntariamente ante los hombres su imperio natural.<\/p>\n<p>Pero calent\u00f3 en su cabeza criolla la idea \u00e9pica que aceler\u00f3 y equilibr\u00f3 la independencia americana. Su sangre era de un militar leon\u00e9s y de una nieta de conquistadores; naci\u00f3 siendo el padre gobernador de Yapey\u00fa, a la orilla de uno de los r\u00edos portentosos de Am\u00e9rica; aprendi\u00f3 a leer en la falda de los montes, criado en el pueblo como hijo del se\u00f1or, a la sombra de las palmas y de los urundeyes. A Espa\u00f1a se lo llevaron, a aprender baile y lat\u00edn en el seminario de los nobles; y a los doce a\u00f1os, el ni\u00f1o \u00abque re\u00eda poco\u00bb era cadete.<\/p>\n<p>Cuando volvi\u00f3, teniente coronel espa\u00f1ol de treinta y cuatro a\u00f1os, a pelear contra Espa\u00f1a, no era el hombre crecido al pampero y la lluvia, en las entra\u00f1as de su pa\u00eds americano, sino el militar que, al calor de los recuerdos nativos, crio en las sombras de las logias de Lautaro, entre condes de Madrid y patricios juveniles, la voluntad de trabajar con plan y sistema por la independencia de Am\u00e9rica; y a las \u00f3rdenes de Daoiz y frente a Napole\u00f3n aprendi\u00f3 de Espa\u00f1a el modo de vencerla. Pele\u00f3 contra el moro, astuto y original; contra el portugu\u00e9s aparatoso y el franc\u00e9s deslumbrante.<\/p>\n<p>Pele\u00f3 al lado del espa\u00f1ol, cuando el espa\u00f1ol peleaba con los dientes, y del ingl\u00e9s, que muere saludando, con todos los botones en el casaqu\u00edn, de modo que no rompa el cad\u00e1ver la l\u00ednea de batalla. Cuando desembarca en Buenos Aires, con el sable morisco que relampague\u00f3 en Arjonilla y en Bail\u00e9n y en Albuera, ni trae consigo m\u00e1s que la fama de su arrojo, ni pide m\u00e1s que \u00abunidad y direcci\u00f3n\u00bb \u00absistema que nos salve de la anarqu\u00eda\u00bb, \u00abun hombre capaz de ponerse a1 frente del ej\u00e9rcito\u00bb.<\/p>\n<p>Iba la guerra como va cuando no la mueve un plan pol\u00edtico seguro, que es correr\u00eda m\u00e1s que guerra, y semillero de tiranos. \u00abNo hay ej\u00e9rcito sin oficiales.\u00bb \u00abEl soldado, soldado de pies a cabeza.\u00bb Con Alvear, patriota ambicioso de familia influyente, lleg\u00f3 San Mart\u00edn de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>A los ocho d\u00edas le dieron a organizar el cuerpo de granaderos montados, con Alvear de sargento mayor. Deslumbra a los h\u00e9roes desvalidos en las revoluciones, a los h\u00e9roes incompletos que no saben poner la idea a caballo, la pericia del militar de profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo que es oficio parece genio; y el ignorante generoso confunde la pr\u00e1ctica con la grandeza. Un capit\u00e1n es general entre reclutas. San Mart\u00edn estaba sobre la silla, y no hab\u00eda de apearse afino en el palacio de los virreyes del Per\u00fa; tom\u00f3 los oficiales de entre sus amigos, y \u00e9stos de entre la gente de casta; los pr\u00e1cticos, no los pasaba de tenientes; los cadetes, fueron de casas pr\u00f3ceres; los soldados, de talla y robustos; y todos, a toda hora, \u00ab\u00a1alta la cabeza!\u00bb \u00ab\u00a1El soldado, con la cabeza alta!\u00bb No los llamaba por sus nombres, sino por el nombre de guerra que pon\u00eda a cada uno.<\/p>\n<p>Con Alvear y con el peruano Monteagudo fund\u00f3 la logia secreta de Lautaro, \u00abpara trabajar con plan y sistema en la independencia de Am\u00e9rica, y su felicidad, obrando con honor y procediendo con justicia\u00bb; para que, \u00abcuando un hermano desempe\u00f1e el supremo gobierno, no pueda nombrar por si diplom\u00e1ticos y generales, ni gobernadores, ni jueces, ni altos funcionarios eclesi\u00e1sticos o militares\u00bb; \u00abpara trabajar por adquirir la opini\u00f3n p\u00fablica\u00bb; \u00abpara ayudarse entre \u00e9l y cumplir sus juramentos, so pena de muerte\u00bb. Su escuadr\u00f3n lo fue haciendo hombre a hombre.<\/p>\n<p>El mismo les ense\u00f1aba a manejar el sable: \u00able partes la cabeza como una sand\u00eda al primer godo que se te ponga por delante\u00bb. A los oficiales los reuni\u00f3 en cuerpo secreto; los habitu\u00f3 a acusarse entre s\u00ed y a acatar la sentencia de la mayor\u00eda; trazaba con ellos sobre el campo el pent\u00e1gono y los bastiones; echaba del escuadr\u00f3n al que mostrase miedo en alguna celada, o pusiese la mano en una mujer; criaba en cada uno la condici\u00f3n saliente; daba trama y misterio de iglesia a la vida militar; tallaba a filo a sus hombres; fund\u00eda como una joya a cada soldado. Apareci\u00f3 con ellos en la plaza, para rebelarse con su logia de Lautaro contra el gobierno de los triunviros.<\/p>\n<p>Arremeti\u00f3 con ellos, caballero en magn\u00edfico bayo, contra el espa\u00f1ol que desembarcaba en San Lorenzo la escuadrilla; cerr\u00f3 sobre \u00e9l sus dos alas; \u00aba lanza y sable\u00bb los fue apeando de las monturas; preso bajo su caballo mandaba y bland\u00eda; muere un granadero, con la bandera espa\u00f1ola en el pu\u00f1o; cae muerto a sus pies el granadero que le quita de encima el animal; huye Espa\u00f1a, dejando atr\u00e1s su artiller\u00eda y sus cad\u00e1veres. Pero Alvear ten\u00eda celos, y su partido en la logia de Lautaro, \u00abque gobernaba al gobierno\u00bb, pudo m\u00e1s que el partido de San Mart\u00edn.<\/p>\n<p>Se carteaba mucho San Mart\u00edn con los hombres pol\u00edticos: \u00abexistir es lo primero, y despu\u00e9s ver c\u00f3mo existimos\u00bb, \u00abse necesita un ej\u00e9rcito, ej\u00e9rcito de oficiales matem\u00e1ticos\u00bb; \u00abhay que echar de aqu\u00ed al \u00faltimo maturrango\u00bb; \u00abrenunciar\u00e9 mi grado militar cuando los americanos no tengan enemigos\u00bb; \u00abh\u00e1ganse esfuerzos simult\u00e1neos, y somos libres\u00bb; \u00abesta revoluci\u00f3n no parece de hombres, sino de carneros\u00bb; \u00absoy republicano por convicci\u00f3n, por principios, pero sacrifico esto mismo al bien de mi suelo\u00bb.<\/p>\n<p>Alvear fue de general contra los espa\u00f1oles de Montevideo, y a San Mart\u00edn lo mandaron de general al Alto Per\u00fa, donde no bast\u00f3 el patriotismo salte\u00f1o a levantar los \u00e1nimos; lo mandaron luego de intendente a Cuyo. \u00a1Y all\u00e1 lo hab\u00edan de mandar, porque aqu\u00e9l era su pueblo; de aquel destierro har\u00eda \u00e9l su fortaleza; de aquella altura se derramaba \u00e9l sobre los americanos! All\u00e1, en aquel rinc\u00f3n, con los Andes de consejeros y testigos, cre\u00f3, solo, el ej\u00e9rcito con que los hab\u00eda de atravesar; ide\u00f3, solo, una familia de pueblos cubiertos por su espada; vio, solo, el peligro que corr\u00eda la libertad de cada naci\u00f3n de Am\u00e9rica mientras no fuera todas ellas libres: \u00a1Mientras haya en Am\u00e9rica una naci\u00f3n esclava! la libertad de todas las dem\u00e1s corre peligro! Puso la mano sobre la regi\u00f3n adicta con que ha de contar, como levadura de poder, quien tenga determinado influir por cuenta propia en los negocios p\u00fablicos.<\/p>\n<p>En s\u00ed pensaba, y en Am\u00e9rica; porque es gloria suya, y como el oro puro de su car\u00e1cter, que nunca en las cosas de Am\u00e9rica pens\u00f3 en un pueblo u otro como entes diversos, sino que, en el fuego de su pasi\u00f3n, no ve\u00eda en el continente m\u00e1s que una sola naci\u00f3n americana. Entreve\u00eda la verdad pol\u00edtica local y el fin oculto de los actos, como todos estos hombres de instinto; pero fallaba, como todos ellos, por confundir su sagacidad primitiva, extraviada por el \u00e9xito, por la lisonja, y por la fe en s\u00ed, con aquel conocimiento y estrategia de los factores invisibles y determinantes de un pa\u00eds, que s\u00f3lo alcanza, por la mezcla del don y la cultura, el genio supremo.<\/p>\n<p>Ese mismo concepto salvador de Am\u00e9rica, que lo llevar\u00eda a la unificaci\u00f3n posible de sus naciones hermanas en esp\u00edritu, ocult\u00f3 a sus ojos las diferencias, \u00fatiles a la libertad, de los pa\u00edses americanos, que hacen imposible su unidad de formas. No ve\u00eda, como el pol\u00edtico profundo, los pueblos hechos, seg\u00fan ven\u00edan de atr\u00e1s; sino los pueblos futuros que bull\u00edan, con la angustia de la gestaci\u00f3n, en su cabeza; y dispon\u00eda de ellos en su mente, como el patriarca dispone de sus hijos. \u00a1Es formidable el choque de los hombres de voluntad con la obra acumulada de los siglos! Pero el intendente de Cuyo s\u00f3lo ve por ahora que tiene que hacer la independencia de Am\u00e9rica. Cree e impera. Y puesto, por quien pone, en una comarca sobria como \u00e9l, la enamor\u00f3 por sus mismas dotes, en que la comarca contenta se reconoc\u00eda; y vino a ser, sin corona en la cabeza, como su rey natural.<\/p>\n<p>Los gobiernos perfectos nacen de la identidad del pa\u00eds y el hombre que lo rige con cari\u00f1o y fin noble, puesto que la misma identidad es insuficiente, por ser en todo pueblo innata la nobleza, si falta el gobernante el fin noble. Pudo alg\u00fan d\u00eda San Mart\u00edn, confuso en las alturas, regir al Per\u00fa con fines turbados por el miedo de perder su gloria; pudo extremar, por el inter\u00e9s de su mando vacilante, su creencia honrada en la necesidad de gobernar a Am\u00e9rica por reyes; pudo, desvanecido, pensar en s\u00ed alguna vez m\u00e1s que en Am\u00e9rica, cuando lo primero que ha de hacer el hombre p\u00fablico, en las \u00e9pocas de creaci\u00f3n o reforma, es renunciar a s\u00ed, sin valerse de su persona sino en lo que valga ella a la patria; pudo tantear desvalido, en pa\u00eds de m\u00e1s letras, sin la virtud de su originalidad libre, un gobierno ret\u00f3rico.<\/p>\n<p>Pero en Cuyo, vecino a\u00fan de la justicia y novedad de la Naturaleza, triunf\u00f3 sin obst\u00e1culo, por el imperio de lo real, aquel hombre que se hac\u00eda el desayuno con sus propias manos, se sentaba al lado del trabajador, ve\u00eda por qu\u00e9 herrasen la mula con piedad, daba audiencia en la cocina,-entre el puchero y el cigarro negro, -dorm\u00eda al aire, en un cuero tendido. All\u00ed la tierra trajinada parec\u00eda un jard\u00edn; blanqueaban las casas limpias entre el olivo y el vi\u00f1edo; bataneaba el hombre el cuero que la mujer cos\u00eda; los picos mismos de la cordillera parec\u00edan bru\u00f1idos a fuerza de pu\u00f1o.<\/p>\n<p>Campe\u00f3 entre aquellos trabajadores el que trabajaba m\u00e1s que ellos; entre aquellos tiradores, el que tiraba mejor que todos; entre aquellos madrugadores, el que llamaba por las ma\u00f1anas a sus puertas; el que en los conflictos de justicia sentenciaba conforme al criterio natural; el que s\u00f3lo ten\u00eda burla y castigo para los perezosos y los hip\u00f3critas; el que callaba, como una nube negra, y hablaba como el rayo. Al cura: \u00abaqu\u00ed no hay m\u00e1s obispo que yo; pred\u00edqueme que es santa la independencia de Am\u00e9rica\u00bb. Al espa\u00f1ol: \u00ab\u00bfquiere que lo tenga por bueno? pues que me lo certifiquen seis criollos\u00bb. A la placera murmurona: \u00abdiez zapatos para el ej\u00e9rcito, por haber hablado mal de los patriotas\u00bb.<\/p>\n<p>Al centinela que lo echa atr\u00e1s porque entra a la f\u00e1brica de mixtos con espuelas: \u00ab\u00a1esa onza de oro!\u00bb Al soldado que dice tener las manos atadas por un juramento que empe\u00f1\u00f3 a los espa\u00f1oles: \u00ab\u00a1se las desatar\u00e1 el \u00faltimo suplicio!\u00bb A una redenci\u00f3n de cautivos la deja sin dinero \u00ab\u00a1para redimir a otros cautivos!\u00bb A una testamentaria le manda pagar tributo: \u00ab\u00a1m\u00e1s hubiera dado el difunto para la revoluci\u00f3n!\u00bb<\/p>\n<p>Derr\u00fambase a su alrededor, en el empuje de la reconquista, la revoluci\u00f3n americana. Ven\u00eda Morillo; ca\u00eda el Cuzco; Chile hu\u00eda; las catedrales entonaban, de M\u00e9xico a Santiago, el Tede\u00fam del triunfo; por los barrancos asomaban los regimientos deshechos, como jirones. Y en la cat\u00e1strofe continental, decide San Mart\u00edn alzar su ej\u00e9rcito con el pu\u00f1ado de cuyanos, convida a sus oficiales a un banquete y brinda, con voz vibrante como el clar\u00edn, \u00ab\u00a1por la primera bala que se dispare contra los opresores de Chile del otro lado de los Andes!\u00bb Cuyo es de \u00e9l, y se alza contra el dictador Alvear, el rival que bambolea, cuando acepta incautamente la renuncia que, en plena actividad, le env\u00eda San Mart\u00edn.<\/p>\n<p>Cuyo sostiene en el mando a su gobernador, que parece ceder ante el que viene a reemplazarlo; que menudea ante el Cabildo sus renuncias de palabra; que permite a las milicias ir a la plaza, sin uniforme, a pedir la ca\u00edda de Alvear. Cuyo echa, col\u00e9rico, a quien osa venir a suceder, con un nombramiento de papel, al que tiene nombramiento de la Naturaleza, y tiene a Cuyo; al que no puede renunciar a si, porque en s\u00ed lleva la redenci\u00f3n del continente; a aquel amigo de los talabarteros, que les devuelve ilesas las monturas pedidas para la patria; de los arrieros, que recobraban las arrias del servicio; de los chacareros, que le tra\u00edan orgullosos el ma\u00edz de siembra para la chacra de la tropa; de los principales de la comarca, que f\u00edan en el intendente honrado, por quien esperan librar sus cabezas y sus haciendas del espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Por respirar les cobra San Mart\u00edn a los cuyanos, y la ra\u00edz que sale al aire paga contribuci\u00f3n; pero les mont\u00f3 de antes el alma en la pasi\u00f3n de la libertad del pa\u00eds y en el orgullo de Cuyo, con lo que todo tributo que los sirviese les parec\u00eda llevadero, y m\u00e1s cuando San Mart\u00edn, que sabia de hombres, no les her\u00eda la costumbre local, sino les cobraba lo nuevo por los m\u00e9todos viejos: por acuerdo de los decuriones del Cabildo.<\/p>\n<p>Cuyo salvar\u00e1 a la Am\u00e9rica. \u00ab\u00a1Denme a Cuyo, y con \u00e9l voy a Lima!\u00bb Y Cuyo tiene fe en quien la tiene en \u00e9l; pone en el Cielo a quien le pone en el Cielo. En Cuyo, a la boca de Chile, crea entero, del tamango al falucho, el ej\u00e9rcito con que ha de redimirlo. Hombres, los vencidos; dinero, el de los cuyanos; carne, el charqui en pasta, que dura ocho d\u00edas; zapata, los tamangos, con la jareta por sobre el empeine; ropa, de cuero bataneado; cantimploras, los cuernos; los sables, a filo de barber\u00eda; m\u00fasica, los clarines; ca\u00f1ones, las campanas. Le amanere en la armer\u00eda, contando las pistolas; en el parque, que conoce bala a bala; las toma en peso; les quita el polvo; las vuelve cuidadosamente a la pila A un fraile inventor lo pone a dirigir la maestranza, de donde sali\u00f3 el ej\u00e9rcito con cure\u00f1as y herraduras, con carama\u00f1olas y cartuchos, con bayonetas y m\u00e1quinas; y el fraile de teniente, con veinticinco pesos el mes, ronco para toda la vida.<\/p>\n<p>Crea el laboratorio de salitre y la f\u00e1brica de p\u00f3lvora. Crea el c\u00f3digo militar, el cuerpo m\u00e9dico, la comisar\u00eda. Crea academias de oficiales, porque \u00abno hay ej\u00e9rcito sin oficiales matem\u00e1ticos\u00bb. Por las ma\u00f1anas, cuando el Sol da en los picos de la serran\u00eda, se ensayan en el campamento abierto en el bosque, a los chispazos del sable de San Mart\u00edn, los pelotones de reclutas, los granaderos de a caballo, sus negros queridos; bebe de su cantimplora: \u00ab\u00a1a ver, que le quiero componer ese fusil!\u00bb \u00abla mano, hermano, por ese tiro bueno\u00bb; \u00ab\u00a1vamos, gaucho, un paso de sable con el gobernador!\u00bb O al toque de los clarines, jinete veloz, corre de grupo en grupo, sin sombrero y radiante de felicidad: \u00ab\u00a1recio, recio, mientras haya luz de d\u00eda; los soldados que vencen s\u00f3lo se hacen en el campo de instrucci\u00f3n!\u00bb Echa los oficiales a torear: \u00ab\u00a1estos locos son los que necesito yo para vencer a los espa\u00f1oles!\u00bb<\/p>\n<p>Con los rezagos de Chile, con los libertos, con los quintos, con los vagos, junta y transforma a seis mil hombres. Un d\u00eda de sol entra con ellos en la ciudad de Mendoza, vestida de flores; pone el bast\u00f3n de general en la mano de la Virgen del Carmen; ondea tres veces, en el silencio que sigue a los tambores, el pabell\u00f3n azul: \u00abEsta es, soldados, la primera bandera independiente que se bendice en Am\u00e9rica; jurad sostenerla muriendo en su defensa, \u00a1como yo lo juro!\u00bb En cuatro columnas se echan sobre los Andes los cuatro mil soldados de pelear, en piaras montadas, con un pe\u00f3n por cada veinte; los mil doscientos milicianos; los doscientos cincuenta de la artiller\u00eda, con las dos mil balas de ca\u00f1\u00f3n, con los novecientos mil tiros de fusil. Dos columnas van por el medio y dos, de alas, a los flancos.<\/p>\n<p>Delante va Fray Beltr\u00e1n, con sus ciento veinte barreteros, palanca al hombro; sus zorras y perchas, para que los veinti\u00fan ca\u00f1ones no se lastimen; sus puentes de cuerda, para pasar los r\u00edos; sus anclas y cables, para rescatar a los que se desrisquen.<\/p>\n<p>Ladeados van unas veces por el borde del antro; otras van \u00abando, pecho a tierra. Cerca del rayo han de vivir los que van a caer, juntos todos, sobre el valle de Chacabuco, como el rayo. De la masa de nieve se levanta, resplandeciendo, el Aconcagua. A los pica, en las nubes, vuelan los c\u00f3ndores. \u00a1All\u00e1 espera, aturdido, sin saber por d\u00f3nde le viene la justicia, la tropa del espa\u00f1ol, que San Mart\u00edn sagas ha abierto, con su espionaje sutil y su pol\u00edtica de zapa, para que no tenga qu\u00e9 oponer a su ej\u00e9rcito reconcentrado! San Mart\u00edn se apea de su mula, y duerme en el capote, con una piedra de cabecera, rodeado de los Andes.<\/p>\n<p>El alba era, veinticuatro d\u00edas despu\u00e9s, cuando el ala de O&#8217;Higgins, celosa de la de Soler, gan\u00f3, a son de tambor, la cumbre por donde pod\u00eda huir el espa\u00f1ol acorralado. Desde su mente, en Cuyo, lo hab\u00eda acorralado, colina a colina, San Mart\u00edn. Las batallas se ganan entre ceja y ceja. El que pelea ha de tener el pa\u00eds en el bolsillo. Era el mediod\u00eda cuando, espantado el espa\u00f1ol, reculaba ante los piquetes del valle, para caer contra los caballos de la cumbre. Por entre los infantes del enemigo pasa como un remolino la caballer\u00eda libertadora, y acaba a los artilleros sobre sus ca\u00f1ones. Cae todo San Mart\u00edn sobre las tapias in\u00fatiles de la hacienda.<\/p>\n<p>Disp\u00e9rsense, por los mamelones y esteros, los \u00faltimos realistas. En la yerba, entre los quinientos muertos, brilla un fusil, rebanado de un tajo. Y ganada la pelea que redimi\u00f3 a Chile y asegur\u00f3 a Am\u00e9rica la libertad, escribi\u00f3 San Mart\u00edn una carta a \u00abla admirable Cuyo\u00bb y mand\u00f3 a dar vuelta al pa\u00f1o de su casaca. Quiso Chile nombrarle gobernador omn\u00edmodo, y \u00e9l no acept\u00f3; a Buenos Aires devolvi\u00f3 el despacho de brigadier general, \u00abporque ten\u00eda empe\u00f1ada su palabra de no admitir grado ni empleo militar ni pol\u00edtico\u00bb; coron\u00f3 el Ayuntamiento su retrato, orlado de los trofeos de la batalla, y mand\u00f3 su compatriota Belgrano alzar una pir\u00e1mide en su honor.<\/p>\n<p>Pero lo que \u00e9l quiere de Buenos Aires es tropa, hierro, dinero, barcos que ci\u00f1an por mar a Lima mientras la ci\u00f1e \u00e9l por tierra. Con su edec\u00e1n irland\u00e9s pasa de retorno por el campo de Chacabuco; llora por los \u00ab\u00a1pobres negros!\u00bb que cayeron all\u00ed por la libertad americana; mueve en Buenos Aires el poder secreto de la logia de Lautaro; ampara a su amigo O&#8217;Higgins, a quien tiene en Chile de Director, contra los planes rivales de su enemigo Carrera; mina, desde su casa de triunfador en Santiago,-donde no quiere \u00abvajillas de plata\u00bb, ni sueldos ping\u00fces,-el poder\u00edo del virrey en el Per\u00fa; suspira, \u00aben el disgusto que corroe su triste existencia\u00bb, por \u00abdos meses de tranquilidad en el virtuoso pueblo de Mendoza\u00bb; arenga a caballo, en la puerta del arzobispo, a los chilenos batidos en Cancha Rayada, y surge triunfante, camino de Lima, en el campo sangriento de Maip\u00fa.<\/p>\n<p>Del caballo de batalla salta a la mula de los Andes; con la amenaza de su renuncia fuerza a Buenos Aires, azuzado por \u00a1a logia, a que le env\u00ede el empr\u00e9stito para la expedici\u00f3n peruana; se cartea con su fiel amigo Pueyrred\u00f3n, el Director argentino, sobre el plan que par\u00f3 en mandar a uno de la logia a buscar rey a las cortes europeas,-a tiempo que tomaba el mando de la escuadra de Chile, triunfante en el Pac\u00edfico, el ingl\u00e9s Cochrane, ausente de su pueblo \u00abpor no verlo oprimido sin misericordia\u00bb por la monarqu\u00eda,-a tiempo que Bol\u00edvar avanzaba clavando, de patria en patria, el pabell\u00f3n republicano.<\/p>\n<p>Y cuando en las manos sagaces de San Mart\u00edn, Chile y Buenos Aires han cedido a sus demandas de recursos ante la amenaza de repasar los Andes con su ej\u00e9rcito, dejando a O&#8217;Higgins sin apoyo y al espa\u00f1ol entr\u00e1ndose por el Per\u00fa entre chilenos y argentinos; cuando Cochrane le hab\u00eda, con sus correr\u00edas haza\u00f1osas, abierto el mar a la expedici\u00f3n del Per\u00fa; cuando iba por fin a caer con su ej\u00e9rcito reforzado sobre los palacios lime\u00f1os, y a asegurar la independencia de Am\u00e9rica y su gloria, lo llam\u00f3 Buenos Aires a rechazar la invasi\u00f3n espa\u00f1ola que cre\u00eda ya en la mar, a defender al gobierno contra los federalistas rebeldes, a apoyar la monarqu\u00eda que el mismo San Mart\u00edn hab\u00eda recomendado. Desobedece. Se alza con el ej\u00e9rcito que sin la ayuda de su patria no hubiese allegado jam\u00e1s, y que lo proclama en Rancagua su cabeza \u00fanica, y se va, capit\u00e1n suelto, bajo la bandera chilena, a sacar al espa\u00f1ol del Per\u00fa, con su patria deshecha a las espaldas. \u00ab\u00a1Mientras no estemos en Lima, la guerra no acabar\u00e1!\u00bb; de esta campa\u00f1a \u00abpenden las esperanzas de este vasto continente\u00bb; \u00abvoy a seguir el destino que me llama\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n es aqu\u00e9l, de uniforme recamado de oro, que pasea por la blanda Lima en su carroza de seis caballos? Es el Protector del Per\u00fa, que se proclam\u00f3 por decreto propio gobernante omn\u00edmodo, fij\u00f3 en el estatuto el poder de su persona y la ley pol\u00edtica, redimi\u00f3 los vientres, suprimi\u00f3 los azotes, aboli\u00f3 los tormentos, err\u00f3 y acert\u00f3, por boca de su apasionado ministro Monteagudo; el que el mismo d\u00eda de la jura del estatuto cre\u00f3 la orden de nobles, la Orden del Sol; el que mand\u00f3 Inscribir la banda de las damas lime\u00f1as \u00abal patriotismo de las m\u00e1s sensibles\u00bb; el \u00abemperador\u00bb de que hac\u00edan mofa los yarav\u00edes del pueblo; el \u00abrey Jos\u00e9\u00bb de quien re\u00edan, en el cuarto de banderas, sus compa\u00f1eros de la logia de Lautaro.<\/p>\n<p>Es San Mart\u00edn, abandonado por Cochrane, negado por sus batallones, execrado en Buenos Aires y en Chile, corrido en la \u00abSociedad Patri\u00f3tica\u00bb cuando aplaudi\u00f3 el discurso del fraile que quer\u00eda rey, limosnero que mandaba a Europa a un d\u00f3mine a ojear un pr\u00edncipe austr\u00edaco, o italiano, o portugu\u00e9s, para el Per\u00fa. \u00bfQui\u00e9n es aqu\u00e9l, que sale, solitario y torvo, despu\u00e9s de la entrevista tit\u00e1nica de Guayaquil, del baile donde Bol\u00edvar, due\u00f1o incontrastable de los ej\u00e9rcitos que bajan de Boyac\u00e1, barriendo al espa\u00f1ol, valsa, resplandeciente de victorias, entre damas sumisas y bulliciosos soldados?<\/p>\n<p>Es San Mart\u00edn que convoca el primer Congreso constituyente del Per\u00fa, y se despoja ante \u00e9l de su banda blanca y roja; que baja de la carroza protectoral, en el Per\u00fa revuelto contra el Protector, porque \u00abla presencia de un militar afortunado es temible a los pa\u00edses nuevos, y est\u00e1 aburrido de o\u00edr que quiere hacerse rey\u00bb; que deja el Per\u00fa a Bol\u00edvar, \u00abque le gan\u00f3 por la mano\u00bb.; porque \u00abBol\u00edvar y \u00e9l no caben en el Per\u00fa, sin un conflicto que ser\u00eda esc\u00e1ndalo del mundo, y no ser\u00e1 San Mart\u00edn el que d\u00e9 un d\u00eda de zambra a los maturrangos\u00bb. Se despide sereno, en la sombra de la noche, de un oficial fiel; llega a Chile, con ciento veinte onzas de oro, para o\u00edr que lo aborrecen; sale a la calle en Buenos Aires, y lo silban, sin ver c\u00f3mo hab\u00eda vuelto, por su sincera conformidad en la desgracia, a una grandeza m\u00e1s segura que la que en vano pretendi\u00f3 con la ambici\u00f3n.<\/p>\n<p>Se vio entonces en toda su hermosura, saneado ya de la tentaci\u00f3n y ceguera del poder, aquel car\u00e1cter que cumpli\u00f3 uno de los designios de la Naturaleza, y hab\u00eda repartido por el continente el triunfo de modo que su desequilibrio no pusiese en riesgo la obra americana. Como consagrado viv\u00eda en su destierro, sin poner mano jam\u00e1s en cosa de hombre, aquel que hab\u00eda alzado, al rayo de sus ojos, tres naciones libres.<\/p>\n<p>Vio en s\u00ed c\u00f3mo la grandeza de los caudillos no est\u00e1, aunque lo parezca, en su propia persona, sino en la medida en que sirven a la de su pueblo; y se levantan mientras van con \u00e9l, y caen cuando la quieren llevar detr\u00e1s de s\u00ed. Lloraba cuando ve\u00eda a un amigo; leg\u00f3 su coraz\u00f3n a Buenos Aires y muri\u00f3 frente al mar, sereno y canoso, clavado en su sill\u00f3n de brazos, con no menos majestad que el nevado de Aconcagua en el silencio de los Andes.<\/p>\n<p>Album de El Por<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>POR JOSE MARTIN &#8211; 1885 Un d\u00eda, cuando saltaban las piedras en Espa\u00f1a al paso de los franceses, Napole\u00f3n clav\u00f3 los ojos en un oficial seco y tostado, que cargaba uniforme blanco y azul; se fue sobre \u00e9l y le ley\u00f3 en el bot\u00f3n de la casaca el nombre del cuerpo: \u00ab\u00a1Murcia!\u00bb Era el ni\u00f1o &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":41494,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-34149","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-fotos-del-recuerdo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34149","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=34149"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34149\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":41496,"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/34149\/revisions\/41496"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/41494"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=34149"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=34149"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sportchaco.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=34149"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}