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Las pioneras del vóley escolar: una generación inolvidable de la Escuela Nº 26

En la memoria del deporte escolar chaqueño queda grabada la historia de un equipo que nació casi de la nada y terminó enfrentando a las potencias del país con coraje y dignidad. Fue el equipo de voleibol femenino de la Escuela Nº 26, un grupo de chicas que, con apenas unos meses de entrenamiento, logró una hazaña deportiva difícil de repetir: consagrarse campeonas locales, provinciales y regionales, y ganarse el derecho de representar a la región en el Torneo Argentino disputado en Córdoba.

Aquella participación nacional fue mucho más que un simple torneo. Fue la prueba del carácter de un equipo que había comenzado desde cero, aprendiendo el juego paso a paso, construyendo su identidad en cada práctica y en cada partido. Frente a rivales con años de preparación y tradición —equipos de plazas fuertes como Capital Federal, Córdoba o Buenos Aires— las chicas de la Escuela Nº 26 jugaron un campeonato brillante.

Estuvieron muy cerca de alcanzar las semifinales, demostrando que el talento y la voluntad pueden acortar cualquier distancia. Muchos coinciden en que, de haber contado con algunos meses más de preparación, aquella campaña habría llegado incluso a la final.

El equipo estaba integrado por un grupo de jugadoras que dejaron su marca en esa etapa del deporte escolar. Arriba en la formación aparecen Claudia Martínez, Patricia Rodríguez, Liliana Figueroa (capitana) y Claudia Giménez, quien lamentablemente no pudo viajar a Córdoba por compromisos escolares en la Escuela Normal. Muchos recuerdan que con su presencia el equipo habría tenido aún más posibilidades de pelear por el título.

Abajo en la foto se encuentran Pachi Aguirre, Sandra Kaliman y Gloria Ramos, completando una formación que sorprendió por su entrega, su disciplina y su espíritu colectivo.

La imagen también guarda el recuerdo de quienes acompañaban y alentaban: los compañeros Florencio Pascual, Jorge Uribe, Mariano Merino y los hermanos Benzaken, mientras que Janina Benzaken aparece entre Liliana Figueroa y Claudia Giménez, formando parte de aquel entorno que vivió con entusiasmo la aventura deportiva.

Detrás de ese equipo estuvo la guía y la pasión de su entrenador, José Luis Centanaro, quien aún hoy recuerda con orgullo a aquellas jugadoras que transformaron un simple grupo de entrenamiento en un equipo campeón.

Fue una generación breve en el tiempo, pero inmensa en su significado. Un grupo de jóvenes que demostró que el deporte escolar también puede escribir páginas de epopeya.

Y como suele ocurrir con las gestas verdaderas, el paso de los años no las borra. Al contrario: las vuelve más valiosas.

Porque, como bien dice su entrenador, “nunca las olvidaré”.

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