Básquetbol

30 años formando generaciones: César Puljiz y una vida dedicada al Minibásquet

Desde 1996, el profesor César Puljiz construye mucho más que jugadores en el Club Villa San Martín: una identidad basada en valores, pertenencia y formación integral que hoy es emblema del minibásquet chaqueño.

 

En el Club Villa San Martín, hablar de Minibásquet es hablar de César Puljiz. A tres décadas de su llegada, su historia se entrelaza con la del propio club y con la de cientos de chicos que encontraron en la institución no solo un espacio deportivo, sino un lugar de formación y contención.

 

Corría abril de 1996 cuando, a partir de una recomendación y la comisión de padres, Puljiz tuvo su primera oportunidad. “Me contactaron porque Carlitos Copetti necesitaba un ayudante en el Minibásquet. Tuve una entrevista con la Comisión de Padres (en aquel momento las familias Guisasola, Pérez Bataglia y Tunik) me eligieron. Algo vieron”, recuerda. Ese momento marcaría el inicio de un camino que hoy cumple 30 años.

 

Desde sus primeros pasos, asumió un desafío enorme: coordinar y trabajar con todas las categorías formativas, desde Mosquito hasta Infantiles. “El que agarraba el Minibásquet, agarraba todo. Estábamos Carlitos Copetti y yo”, cuenta. Con el tiempo, y tras la salida de Copetti, el club apostó a su crecimiento acercándole referentes de jerarquía.

Puede ser una imagen de básquet, fútbol y texto que dice "QUEN N amos os Todos RECTI "ACO CLUB VILLAS SA TRICO BLG BLG VILL SANMAMI 23 BUGT ИMA 24"

Uno de los hitos fundamentales fue la llegada de Eduardo “Tata” Flores, a quien Puljiz reconoce como una figura clave en su desarrollo: “Para mí fue una bendición. Uno cree que sabe de básquet, pero cuando empecé a convivir con él me di cuenta de que era un fuera de serie. Gracias a él soy lo que soy hoy dentro de este deporte”.

 

A lo largo de los años, también compartió trabajo con nombres destacados como Steve Washington, Roberto Solís, Daniel Rodríguez, Matías Mikielievich, Gonzalo Juárez y “Pajarito” Alfonso, en una etapa donde el club comenzó a competir en ligas nacionales. “Fui bendecido por estar en el Villa, por conocer a tanta gente y aprender de tantas personas”, destaca.

 

Con el paso del tiempo, Puljiz no solo se consolidó como entrenador, sino que asumió el rol de coordinador del Minibásquet, impulsando cambios estructurales que aún hoy perduran. Entre ellos, la reorganización de las categorías y la implementación de espacios inclusivos: “Creamos el ‘horario especial’ para aquellos chicos que no podían entrenar en los horarios normales. Siempre pensamos en los chicos”.

Puede ser una imagen de una o varias personas, flequillo y camiseta de básquet

Hace tres deçadas en los inicios de César Pulgiz junto a Tatá Flores, junto a los chicos, hoy todos hombres.

Su recorrido también incluyó funciones como preparador físico en distintas categorías y ligas, además de dirigir equipos femeninos, cadetes y juveniles. Una versatilidad que refleja su compromiso total con el club.

 

Pero si hay un concepto que atraviesa toda su filosofía es el del sentido de pertenencia. “Para mí el Minibásquet es una forma de vida. Ante todo está transmitir el amor por el club, que sientan que el Villa es su casa, siempre con el escudo por encima de todos nosotros”, afirma.

 

Ese espíritu fue posible gracias a un trabajo colectivo que Puljiz no deja de destacar. A lo largo de estas tres décadas, distintas subcomisiones de padres acompañaron el crecimiento del Minibásquet. “Nos hicieron todo mucho más fácil. Siempre voy a estar agradecido”, señala, recordando nombres como Manuel Guisazola, Roque Holubaj, Roberto Frangioli, Miguel Trinidad, Fernando González, Marcelo Gómez y tantos otros.

 

El respaldo institucional también fue clave. “La Comisión Directiva siempre me dio mi lugar, me respetó y apoyó en todo. Agradezco a todos los presidentes que pasaron y dejaron una huella en el club: Chiki Carlen, Carlos Toledo, Daniel Toledo y Ricardo Siri (actual); prácticamente soy un hijo del club”, expresa, mencionando a dirigentes que marcaron distintas etapas de la institución.

 

En la actualidad, Puljiz continúa liderando un equipo de trabajo que combina experiencia y juventud, manteniendo viva la esencia del proyecto. “Es un grupo muy lindo, muy profesional, que le dedica mucho tiempo a los chicos. Eso te llena de energía”, cuenta.

 

Al mirar hacia atrás, el balance es claro: más que títulos o resultados, el legado está en las personas. “No tengo más palabras que agradecer a todas las familias que pasaron desde el 96 hasta hoy. Me dieron un lugar en sus vidas, y eso es lo más importante”.

 

Treinta años después, el Minibásquet de Villa San Martín sigue siendo, como él mismo lo define, una verdadera forma de vida. Y en esa historia, el nombre de César Puljiz ya es parte imborrable de su identidad.

 

 

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