
Gonzalo y Juan Pablo regresan a Villa San Martín para donar pelotas a las formativas y reencontrarse con el club que los vio crecer. En el deporte, hay caminos que se bifurcan. Algunos llevan lejos, a nuevos desafíos, otras camisetas, otras ciudades. Pero hay algo que no se negocia: el origen. Y cuando ese origen se llama club, barrio y familia, el regreso siempre tiene un valor especial.

Gonzalo y Juan Pablo Corbalán lo saben bien. Formados en Villa San Martín, con horas de entrenamiento acumuladas en esas mismas canchas donde aprendieron a picar una pelota, a competir y a compartir, hoy vuelven no como promesas, sino como referentes. Y lo hacen con un gesto concreto: entregar pelotas a las categorías formativas, tanto femeninas como masculinas.

La cita es este miércoles 29 de abril a las 18, en la sede de Saavedra 135. Pero más allá de la agenda, lo que se pone en juego es otra cosa: el vínculo intacto con el club que los formó.
Porque no es solo una donación. Es una señal. Un mensaje para los chicos y chicas que hoy transitan ese mismo camino: que el esfuerzo vale, que el sentido de pertenencia perdura y que siempre hay un lugar al que volver.
Los hermanos Corbalán (Juampi en Regatas Corrientes y Gonza en el básquet español) no olvidan. Y en ese no olvidar, construyen. Desde el ejemplo, desde el compromiso y desde la memoria afectiva de lo que significa ponerse una camiseta por primera vez.
El encuentro, además, será una celebración. Un momento para compartir, agradecer y reafirmar que el deporte, cuando está atravesado por la identidad, trasciende resultados y estadísticas. Villa San Martín abre sus puertas para recibir a dos de los suyos. Y en ese abrazo simbólico entre pasado y presente, también empieza a jugar el futuro.






