
Abel Linares, un talentoso jugador surgido futbolísticamente en General Vedia tuvo su primer paso en la Liga Chaqueña jugando en Indeéndiente Tirol. Una historia grande del fútbol chaqueño entre gambetas, sacrificio y pertenencia. Nació un 18 de junio de 1957,
Abel Linares —figura del “Decano”, referente del fútbol liguista y protagonista de varias generaciones— repasó su vida con la pelota como hilo conductor.
Su nombre está íntimamente ligado al Club Atlético Sarmiento, aunque también dejó huella en otras instituciones de la provincia.
De General Vedia al sueño grande
Linares nació futbolísticamente en General Vedia. Desde allí comenzó un recorrido típico de los jugadores del interior profundo: viajes largos, canchas difíciles y la ilusión intacta.
Jugaba en la zona de Las Palmas cuando un partido frente a Sarmiento cambió su destino. En aquel encuentro se cruzó con el recordado Ramón “el japonés” Robledo, uno de los grandes talentos de la región.
Su desembarco en Resistencia se dio primero en Independiente Tirol, donde permaneció tres años. “Ahí viví lo más lindo y lo más feo que puede sentir un futbolista”, recordó.
El contexto político de los años setenta golpeó también al deporte: dirigentes desplazados, planteles desarmados y jugadores obligados a emigrar.
Aun así, logró consagrarse campeón en 1976 y sufrir el descenso al año siguiente. El golpe anímico fue fuerte, pero el fútbol le tenía preparada una revancha inmediata.
La camiseta número 10 que cambió su vida
En 1977 llegó a Sarmiento para disputar el Torneo Nacional. Lo que parecía una oportunidad más terminó siendo el punto de inflexión de su carrera. “El técnico Pepe Lestani me dio la camiseta número 10 y me dijo: ‘Tomá hijo, es tuya, cuidala’. Eso me cambió la vida”. Comenzaron los viajes, las concentraciones y los partidos contra los grandes equipos del país. Incluso voló por primera vez en avión, en los viejos vuelos de Aerochaco.
“Era como un colectivo que volaba”, bromeó. En el Decano jugaría nada menos que trece temporadas, consolidándose como uno de los símbolos de la institución.
El fútbol como gran igualador social
Para Linares, el fútbol fue mucho más que un deporte. “Es el único que nuclea a todas las clases sociales”, afirmó.
“Uno venía a pie, otro en bicicleta, otro en auto… pero en el vestuario éramos todos iguales”. Dentro de la cancha, la única diferencia era deportiva: el que sabía jugar marcaba el camino.
Las canchas de antes, la pasión de siempre
El contraste con el fútbol actual aparece inevitablemente en sus recuerdos. Las canchas de tierra, irregulares y sin césped eran moneda corriente.
Rememoró especialmente un partido ante Racing en el Nacional del 77, cuando el mediocampista Julio Villa cayó aparatosamente por un desnivel cerca de la línea lateral.
“En la mitad de la cancha no encontrabas un pedazo de pasto. Había que jugar igual”.
El gol eterno y el clásico rival
Como todo jugador, guarda un gol imborrable. Y no podía ser otro que uno ante el rival histórico. Fue un tiro libre perfecto, ejecutado con su zurda, que pegó en el travesaño y entró. “Ganamos 1 a 0. Para mí fue uno de los más lindos, porque no era de hacer muchos goles”.
Compañeros, complicidades y sociedad futbolera
En su etapa dorada formó sociedades memorables. Destacó especialmente su entendimiento con el delantero Heriberto Báez. “Sabía exactamente dónde tirarle la pelota. Conocía sus virtudes”. Aquella conexión dentro de la cancha también se transformó en amistad fuera de ella.
Un fútbol que cambió, pero no perdió esencia
Linares observa con respeto la evolución del juego. Reconoce que hoy predomina lo físico y la velocidad, mientras que antes reinaba el talento del enganche clásico. Sin embargo, cree que los grandes jugadores se adaptarían a cualquier época. “Si Maradona jugó en los 80, hoy también la rompería”.
El paso a técnico y un nuevo campeonato
Tras retirarse a los 33 años, volvió a Sarmiento como entrenador. Primero trabajó en divisiones inferiores y luego asumió la primera división. Con Heriberto Báez como ayudante y un cuerpo técnico comprometido, logró devolverle al club un título que se hacía esperar. Además, clasificó al Torneo del Interior y alcanzó una semifinal histórica.
El sentido de pertenencia, su mayor bandera
Más allá de los logros, Linares insiste en un mensaje: el futuro del club está en sus divisiones inferiores. “De un plantel de 30 jugadores no pueden ser 28 de afuera. Hay que trabajar con los chicos”. Para él, el fútbol se construye como una siembra paciente: primero la semilla, luego el crecimiento.
“Sarmiento me dio todo” La frase resume su historia. No habla de dinero ni de fama, sino de reconocimiento humano. “Paso por la calle y gente que no conozco me saluda. Eso me lo dio Sarmiento”. El respeto, la memoria y el cariño popular son, para él, el verdadero campeonato.
Un nombre propio en la historia liguista
Abel Linares pertenece a esa generación que sostuvo al fútbol chaqueño cuando las luces estaban lejos y el esfuerzo era cotidiano. Jugador talentoso, técnico campeón y referente silencioso, su legado sigue vivo en cada cancha de barrio.
En tiempos donde el fútbol se mide en cifras y contratos, su historia recuerda algo esencial: el deporte también se construye con pertenencia, sacrificio y amor por la camiseta. Y en ese rubro, Linares fue —y sigue siendo— un grande del Decano.
PRODUCCION: LUIS DARIO MOLODEZKY
Fuente programa Offside
Foto colagge de Diego Domínguez
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