
Este 2 de junio, Domingo “Cacho” D’Elia habría cumplido 74 años. Y aunque físicamente partió el 18 de diciembre de 2021, su nombre continúa vivo en la memoria grande del deporte chaqueño, allí donde habitan los ídolos populares, los luchadores auténticos y los hombres que hicieron de la pasión una forma de vida.
“Cacho” nació en Santa Fe el 2 de junio de 1952, pero desde muy pequeño adoptó a Resistencia como su verdadera querencia. Aquí creció, aquí se hizo deportista y aquí se transformó en uno de los más grandes boxeadores que dio el Nordeste argentino.
La historia cuenta que don Domingo D’Elia llegó al Chaco para fomentar el boxeo y terminó trayendo, casi sin proponérselo, a un futuro campeón. Porque ni él ni su esposa querían que su hijo se dedicara al pugilismo. No lo dejaban acercarse a los gimnasios. Pero pudieron más las ganas del joven “Cacho”, que desde adolescente soñaba con subir al ring.
Su debut amateur llegó apenas días después de cumplir los 16 años, el 6 de junio de 1968, en el viejo Círculo de Armas de avenida Sarmiento y Rioja, enfrentando a un púgil correntino de apellido Córdoba. Flaco, alto y de movimientos elegantes, ya mostraba condiciones distintas para la categoría pesada.
Con el tiempo, su crecimiento fue meteórico. En 1969 representó al Chaco en el Campeonato de Novicios de Mendoza y luego a Santa Fe en el Argentino de Buenos Aires. Más tarde, en 1974, defendiendo los colores de Paraguay, obtuvo la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Perú.
Su carrera profesional comenzó en 1975 y rápidamente empezó a construir una trayectoria extraordinaria. Conquistó el título chaqueño de los pesados frente a su clásico rival “Cepillo” Lezcano y en 1977 alcanzó la gloria nacional derrotando a Raúl Gorosito, sparring de Oscar “Ringo” Bonavena, en una inolvidable pelea disputada en Hindú Club. Allí se consagró campeón argentino de los pesos pesados, cinturón que defendió en diez oportunidades ante los mejores exponentes del país.
Pero quizás una de sus noches más heroicas ocurrió en 1978, en el Club de Regatas Resistencia, cuando obtuvo el título Sudamericano frente al brasileño Piris. Aquella pelea quedó grabada en la historia: “Cacho” se fracturó una mano en el cuarto round y terminó combatiendo prácticamente toda la pelea solamente con la izquierda. Ganó igual. Con coraje, técnica y corazón.
La revancha se realizó en Villa San Martín y volvió a imponerse con autoridad, alcanzando el tercer puesto en el ranking mundial de la Asociación Mundial de Boxeo.

Sin embargo, su camino nunca fue sencillo. El poderoso empresario Tito Lecture, dueño del Luna Park y hombre fuerte del boxeo argentino, no lo tenía entre sus preferidos. “Cacho” no pertenecía a su estructura y eso le cerró muchas puertas. Aun así, su talento fue demasiado grande para ignorarlo.
En 1980 llegó la gran oportunidad internacional. Vacante el título mundial AMB de los pesos pesados, fue convocado entre los cuatro mejores rankeados del mundo. Debió enfrentar en Chicago a James Tillis, ex sparring de Muhammad Alí. Perdió por nocaut técnico, pero dejó una frase que resumía su sinceridad y grandeza: “No me faltó capacidad, me faltó conocer el ambiente boxístico de Estados Unidos”.

Porque Domingo D’Elia era distinto. A pesar de su gran talla, se movía con la elegancia de un mediano. Tenía estilo, inteligencia y una técnica refinada aprendida junto a su padre. No era un pesado tosco; era un boxeador completo, de movimientos precisos y notable capacidad defensiva.
Pero si el boxeo fue una pasión inmensa, el rugby ocupó otro lugar fundamental en su vida. Desde los 16 años abrazó este deporte en el mítico Cotton Rugby Club, donde construyó amistades entrañables que lo acompañaron siempre. “Cachuza”, Trinca, “Cebolla”, “Billy” Obligado y tantos otros fueron parte de esa segunda familia.

Con Cotton salió campeón oficial de la Unión de Rugby del Nordeste en 1979. Y cuando el club desapareció, continuó su historia rugbística en Regatas Resistencia, donde volvió a ser campeón en 1987 y 1990. Jugó en primera división hasta los 47 años, demostrando una vigencia admirable.
En 1987 fue además uno de los fundadores de Dorados XV, el tradicional equipo de veteranos de rugby, del que fue capitán durante casi dos décadas y campeón argentino en 2002.
“Cacho” D’Elia fue una síntesis perfecta de fuerza y sensibilidad. Un hombre que combinó la dureza del ring con la nobleza del rugby. Un campeón admirado, respetado y querido.
Con el paso de los años encontró otra pasión: el río. Allí eligió vivir, lejos del ruido, disfrutando de la naturaleza y de una tranquilidad que definía como “su paraíso”.
Hoy, cuando se cumplen 74 años de su nacimiento, el deporte chaqueño vuelve a recordarlo con emoción. Porque Domingo “Cacho” D’Elia no fue solamente un gran boxeador ni un destacado rugbier. Fue uno de esos personajes irrepetibles que engrandecieron la historia deportiva del Chaco y dejaron una huella imborrable en varias generaciones
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Cacho D’Elía acompañando a Luis Darío Molodezky en sus 40 años como periodista deportivo y jefe de Deportes de diario Norte




