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Titín Benítez, el soñador que nunca dejó de jugar el partido de la vida

 

A siete años de su partida, el nombre de José María «Titín» Benítez sigue latiendo con fuerza en la memoria de Resistencia. No fue un hombre común. Fue de esos personajes que dejan huella, que construyen historias, que incomodan, que crean, que se reinventan… y que, sobre todo, viven intensamente.

Titín no era solo un nombre: era un estilo. Su figura inconfundible —siempre de negro, entre la noche, los amigos y los proyectos— formaba parte del paisaje urbano. Emprendedor incansable, supo darle identidad a bares y espacios que marcaron época en la ciudad. Pero su vida no se limitó a la noche: también fue un apasionado comunicador.

 

En la radio, en la mítica FM Resistencia, encontró un canal para expresar su mirada filosa y auténtica. Programas como “Sol de Noche” se convirtieron en una marca registrada, donde su voz —directa, provocadora— generaba adhesiones y debates. Luego llevó ese estilo a la televisión, siendo pionero en el formato de magazine matinal en la pantalla local, adelantándose a su tiempo con propuestas dinámicas y sin moldes. Canal 9 lo tuvo como protagonismo antes del cierre de cada día.

Pero si hubo una pasión que lo atravesó por completo, fue el fútbol. Hincha visceral de Chaco For Ever, vivió con dolor una de las etapas más oscuras de la institución, cuando la quiebra y la intervención judicial amenazaban con borrar su historia. Y allí apareció, una vez más, el Titín creativo, rebelde y soñador.

De ese contexto nació su obra más audaz: Chaco Por Siempre.

No fue un club más. Fue una declaración de principios.

Chaco Por Siempre surgió como una respuesta emocional y concreta ante la crisis. Era, en esencia, el intento de mantener viva la llama del sentimiento albinegro cuando todo parecía perdido. Su nombre, traducción directa del inglés, no dejaba lugar a dudas: el amor por For Ever no se negociaba, se transformaba.

Titín fue todo en ese proyecto: fundador, presidente, armador de equipo y hasta director técnico. Con su impronta personal, logró reunir jugadores de jerarquía y construir un equipo competitivo que, contra todos los pronósticos, consiguió el ascenso a la Primera División de la Liga Chaqueña. Fue una hazaña deportiva, pero sobre todo, un gesto simbólico: el fútbol como resistencia.

Aquel club, que muchos definieron como un “club de autor”, tuvo vida intensa pero breve. Se diluyó con el tiempo, cuando las aguas comenzaron a calmarse en For Ever. Sin embargo, su legado quedó intacto: fue el refugio emocional de los hinchas en los años más difíciles, una especie de puente entre la angustia y la esperanza.

Hablar de Titín es hablar de creatividad sin límites. De alguien que también soñaba con construir autos, que disfrutaba de la charla con amigos, que vivía sin medias tintas. Un bohemio con alma de dirigente, un comunicador sin filtro, un hombre profundamente ligado a su ciudad.

El 3 de abril de 2019, su corazón marcó el final del partido. Pero como ocurre con los personajes auténticos, su historia no terminó ahí. Sigue viva en cada anécdota, en cada recuerdo, en cada rincón de Resistencia donde su nombre todavía se pronuncia con una mezcla de respeto, cariño y admiración.

Titín Benítez no fue solo un protagonista de su tiempo. Fue, y sigue siendo, parte de la identidad cultural de una ciudad que aprendió a quererlo tal como era: único, irrepetible, inolvidable. Titín había nacido el 5 de septiembre de 1952, en Resistencia.

 Por Luis Darío Molodezky

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