
22 de mayo de1984 / Víctima de una corta enfermedad fallece a los 88 años Leo Parzianello, hombre ampliamente vinculado al ciclismo al que dio los mejores años de su vida y querido miembro de la colectividad italiana. Desde su llegada al Chaco en 1923 se ganó el aprecio de todos los resistencianos. Junto a un grupo de amigos funda el Club Octavio Bottecchia en 1933, donde fue presidente, organizador de carreras entre ellas las clásicas 25 de mayo alrededor de la plaza y en 1947 la primera Vuelta del Chaco. Había nacido un 4 de agosto de 1896 en San Polo del Piave, a pocos kilómetros de Venecia, Italia.
Leo Parzianello por Raúl Berneri.
El destacado y recordado oeriodista chaqueño hacía una semblanza en las páginas de diario Norte, el día siguiente al fallecimiento de Leo Parzinello.
UN VERDADERO EJEMPLO
Expansivo y sencillote, como lo fue siempre, Leo Parzianello llegó al Chaco en 1923, más precisamente el 16 de julio, desde su Italia natal. Había nacido el 4 de agosto de 1896 en San Polo de Piave, una aldea de la región vénete cercana al Friuli, y había distinciones por su participación en los frentes. Guardaba esas medallas, así como tantas otras ganadas aquí por su acción en el deporte y se disponía, según cuentan sus amigos íntimos, a enviarlas a la municipalidad de San Polo, sintiendo tal vez que el tiempo se iba acortando y no faltaba mucho para llegar a la meta, como ahora ha ocurrido.
Leo Parzianello trajo de Italia su oficio de pintor de brocha, que cumplió acabadamente entre nosotros durante más de cincuenta años. Fue un trabajador sincero y honesto. Alternaba su labor con un empeño apasionado por el fomento del ciclismo, que lo convirtió en figura ampliamente conocida en Resistencia, en el Chaco y aún en la región; una figura popular. Nos parece verlo en las carreras, preparando todos los detalles, en forma personal y dando órdenes con gestos ampulosos y gritos que les eran propios y que todos comprendían. Nadie que lo haya visto podrá olvidarlo y agradecer la generosidad de su entrega, su franqueza.
Además de todas estas cosas, Leo era un enamorado de la música clásica, particularmente de las óperas italianas. Se lo podía escuchar entonando alguna aria, o verlo asistiendo a recitales de canto, incluso del Coro Polifónico de Resistencia, cuya directora —Lilia Yolanda de Elizondo— le merecía respeto y devoción.
Este hombre, de rostro como tallado en duro quebracho, pero de alma con perfiles delicados, se acaba de ir. Nos lo imaginamos pedaleando en una bicicleta de oro rumbo al cielo. Queda su espíritu entre nosotros, con su vibración de voluntad y tesón. Un ejemplo.
Raúl Delfino Berneri




