
Foto portada: Álvaro «La Burra» Ghidini, liderazgo positivo.
El «Bólido Verde» cerró una destacada campaña en la tercera categoría del básquet nacional al llegar a los octavos de final, aunque la eliminación ante Tokio dejó al descubierto fortalezas para consolidar y aspectos que deberán corregirse si pretende pelear seriamente por el ascenso. Aquí el análsisis de la temporada en la firma de Guillermo Koster, periodista especializado en básquetbol
Por Guillermo Koster 
La eliminación siempre deja un sabor amargo. Mucho más cuando ocurre por apenas un punto y en condición de local. Sin embargo, las campañas no pueden analizarse únicamente por el resultado de un partido. La temporada 2026 de Hindú Club en la Liga Federal merece una mirada más amplia, porque detrás de la derrota frente a Tokio hubo un proyecto que volvió a posicionar al básquet chaqueño entre los protagonistas de la tercera categoría nacional.
El primer mérito de Hindú fue la conformación de su plantel. El club reunió un quinteto de jugadores mayores que estuvo entre los mejores de toda la Conferencia NEA. La experiencia de Álvaro Ghidini, Juan Delón Barle, Lautaro Moreau, Lucas Coronel Santiago Barreto y el resto de las fichas mayores (Facundo De Jesús y Juanse Koster) le otorgó competitividad desde el inicio del torneo y permitió que el equipo fuera creciendo con el correr de los partidos.

Ese crecimiento quedó reflejado en la fase regular. Tras un comienzo irregular, el «Bólido Verde» encontró funcionamiento, identidad y resultados hasta finalizar segundo en la región, una posición que le permitió afrontar los playoffs con ventaja deportiva.
Otro de los grandes aciertos fue convertir al estadio Ricardo Moro en una verdadera fortaleza. Durante toda la competencia, Hindú hizo de su localía un bastión casi inexpugnable y recién perdió su invicto en casa en el último partido, justamente el que significó la eliminación frente a Tokio.
Pero quizás el mayor logro no estuvo solamente dentro de la cancha. Pocas veces se observa un grupo tan unido como el que conformó Hindú esta temporada. La relación entre jugadores, cuerpo técnico y dirigencia fue una de las bases del rendimiento colectivo. La convivencia diaria, el compromiso y la amistad entre los integrantes del plantel se reflejaron en el juego. Con Álvaro Ghidini como uno de los referentes positivos del grupo, el equipo construyó una identidad que muchas veces terminó inclinando partidos complicados.

También merece destacarse la personalidad mostrada en los playoffs. El formato 1-2 obligó a Hindú a comenzar dos series como visitante y, en ambas oportunidades, logró recuperarse de derrotas iniciales para mantenerse con vida. Esa capacidad de reacción habla de un equipo competitivo, con jugadores que aparecieron cuando el contexto lo exigía. Entre ellos sobresalió Juan Delón Barle, probablemente el jugador más determinante del plantel durante toda la temporada. Su capacidad para asumir responsabilidades ofensivas/defensivas y aparecer en los momentos decisivos lo convirtió en la principal referencia del equipo.
Otro aspecto para valorar fue la decisión institucional de afrontar con la misma seriedad la Liga Federal y el torneo de la Asociación de Básquet de Resistencia. En una época donde muchos clubes priorizan una competencia sobre otra, Hindú apostó por sostener ambos frentes y mantenerse competitivo durante toda la temporada. Además, fue el único representante chaqueño que alcanzó los octavos de final, un dato que vuelve a ubicar al club como referencia provincial en el plano nacional.

Pero toda campaña deja enseñanzas. Y la principal quedó expuesta en la conformación del plantel. Mientras las fichas mayores respondieron con creces, el equipo mostró una rotación demasiado corta. Los jugadores U21 y juveniles no lograron transformarse en variantes confiables para sostener el nivel cuando los titulares descansaban. Santiago Masdeu fue prácticamente el único juvenil con minutos importantes, aunque su rendimiento estuvo por debajo de las expectativas. A esto se sumó la lesión de Álvaro Lange, que redujo aún más las opciones del cuerpo técnico, mientras que Marcos Mijaluk aportó soluciones apenas en algunos pasajes del torneo.
Otro punto que invita a la reflexión tiene que ver con la estructura de conducción. Luis Cequeira realizó un muy buen trabajo deportivo y logró consolidar un grupo competitivo. Sin embargo, volvió a quedar en evidencia la dificultad de concentrar demasiadas responsabilidades en una sola persona. Ser entrenador, presidente y dirigente principal del club al mismo tiempo implica una carga de tareas que termina afectando inevitablemente alguno de esos roles. La imagen del entretiempo del último partido resume esa situación: mientras el equipo necesitaba una charla profunda en el vestuario para intentar revertir la serie, Cequeira debió permanecer en la cancha entregando medallas a los niños campeones del Mini de la ABR. Un acto institucional valioso, pero que evidencia cómo las obligaciones de gestión terminan superponiéndose con las deportivas. Si Hindú pretende seguir creciendo, probablemente deba avanzar hacia una distribución más clara de funciones.
También aparece como asignatura pendiente el estado del piso de parqué del estadio Ricardo Moro. La cancha necesita una mejora (más allá de las realizadas) para acompañar el crecimiento deportivo e institucional que viene mostrando el club.
Y si el análisis trasciende a Hindú, existe un aspecto preocupante que volvió a repetirse durante gran parte de la Liga Federal: el bajo nivel de los arbitrajes. Errores reiterados, criterios cambiantes y escasa autocrítica marcaron buena parte del torneo. A ello se suma la ausencia de evaluaciones visibles por parte de quienes deben controlar el desempeño de las ternas arbitrales. En muchos casos, la serenidad de jugadores y cuerpos técnicos evitó que situaciones conflictivas escalaran a mayores, pero el problema continúa siendo una deuda pendiente de la competencia.
En definitiva, Hindú terminó antes de lo que soñaba, pero no antes de lo que construyó. La eliminación duele, aunque no borra una campaña que volvió a colocar al club entre los mejores de la región. El desafío ahora será conservar la base, fortalecer el recambio, profesionalizar aún más su estructura y corregir aquellos detalles que, en una categoría tan pareja como la Liga Federal, suelen marcar la diferencia entre una buena temporada y el ansiado ascenso.




