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Infantino quiere entregar el fútbol a Estados Unidos

El plan de Infantino para privatizar los mundiales. La FIFA volvió a sacudir los cimientos del fútbol mundial

Un proyecto impulsado por su presidente, Gianni Infantino, propone nada menos que transformar la gestión comercial de la Copa del Mundo y el Mundial de Clubes en una estructura empresarial privada, similar a una sociedad anónima.

La iniciativa, bautizada en los medios como el «plan de Infantino», promete inyectar miles de millones al fútbol global, pero ha desatado una tormenta de críticas y un frente de oposición liderado por la UEFA.

La propuesta, que según publicaciones de esta semana sigue sobre la mesa, contempla la creación de una nueva entidad conocida como FIFA Forward Enterprise (FFE). Esta empresa centralizaría la gestión comercial, los derechos de tv y la organización de los torneos más importantes del planeta.

Con una valoración inicial cercana a los u$s 20.000 millones, el objetivo es recaudar más de u$s 4.000 millones mediante la venta de una participación minoritaria, de entre el 20% y el 30%, a inversores privados. El resto del capital se repartiría entre las 211 federaciones miembro, cada una de las cuales recibiría un paquete accionarial valorado en unos u$s 20 millones, lo que a su vez facilitaría que se presten a votar favorablemente la iniciativa.

Para materializar esta ambiciosa operación, la FIFA contó con el asesoramiento del gigante financiero JPMorgan. Además, se identificó a Thrive Capital, vinculada a Joshua Kushner, cuñado del presidente de EEUU, como una de las firmas encargadas de reunir a los inversores.

Esta conexión política no ha hecho sino aumentar el escrutinio sobre un proyecto que ya genera profundas suspicacias. Pero quizás el aspecto más controvertido, revelado por The Times, es que el plan contempla la creación de un puesto de director ejecutivo para la nueva compañía, un rol que el propio Infantino podría ocupar si deja la presidencia de la FIFA, con un salario a la altura de los máximos comisionados deportivos de EEUU.

La reacción no se ha hecho esperar. La UEFA, el máximo organismo del fútbol europeo, y principal opositora a las políticas de Infantino, declaró un rechazo frontal y sin precedentes. En un duro comunicado, advirtió que esta iniciativa «traspasa una línea que las instituciones que regulan el fútbol nunca deberían cruzar».

Para los europeos, «el alma y la gobernanza del fútbol no son activos con los que se pueda comerciar». La UEFA instó a las federaciones nacionales, a los gobiernos y a la propia Comisión Europea a intervenir si consideran que la medida afecta al interés público o al modelo deportivo europeo.

Aunque no son explícitas, las críticas apuntan sobre todo a la constitución de un ente privado que maneje las participaciones en los mundiales y la eventual venta de plazas a quienes quieran participar, al estilo de las «franquicias» del fútbol y el básquet estadounidenses.

Desde la FIFA, sin embargo, intentan calmar los ánimos. En un comunicado oficial, el organismo asegura que mantendrá el «control exclusivo» sobre todas las decisiones deportivas y que los inversores tendrán una participación minoritaria sin capacidad de control. Defienden que «todos los beneficios se reinvertirán en el desarrollo del fútbol global», con la promesa de expandirlo con u$s 10.000 millones.

El futuro de este plan es incierto. Para que se concrete, debe ser aprobado por el Consejo de la FIFA y, sobre todo, por las federaciones miembro. El incentivo económico de u$s 20 millones por federación es un señuelo poderoso, especialmente para las más modestas. Sin embargo, la feroz oposición europea y el escrutinio político al que está sometido el proyecto presagian un intenso y prolongado debate en los próximos meses, en el que está en juego el propio modelo de gobernanza del deporte rey.

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