
Foto portada: Carlos «la mona» Lobera recibiendo tofeo de cmapeon provincial de manos de Hernán Piccilli.
Hay instituciones que trascienden el paso del tiempo y terminan convirtiéndose en parte inseparable de la identidad de una ciudad. Unión Progresista de Villa Ángela pertenece, sin dudas, a esa categoría. Este 24 de agosto de 2026 cumple 100 años de vida y celebra un siglo de una historia que tuvo al deporte, la cultura, el esfuerzo dirigencial y la pasión de su gente como protagonistas.
Por Luis Darío Molodezky
El “Progre” no fue solamente un club. Fue un espacio de encuentro para varias generaciones de villangelenses y chaqueños. Su rica trayectoria estuvo vinculada al básquetbol, disciplina que lo llevó a ocupar un lugar de privilegio en el ámbito provincial, regional y nacional, pero también al fútbol, el voleibol, las bochas y otras actividades deportivas que tuvieron como protagonistas a niños, jóvenes y adultos.
A esa identidad deportiva se sumó una página cultural que también dejó huellas: el recordado “Fortín del Canto Argentino”, escenario que permitió que grandes artistas llegaran a Villa Ángela y que convirtió al club en un verdadero punto de referencia mucho más allá de las canchas.
Los hombres que pusieron la primera piedra
La historia comenzó con un grupo de hombres que soñó con darle forma a una institución cultural y deportiva. Florentino Lugo, Esteban Piguetti, Antonio Joglar, Segundo Ojeda, Luis E. Goycoechea, Juan J. Montoto, José Spuler, Albino Giorgi, S. R. Wenk, Luis Gille, M. Marinaro, O. Riccieri, Sebastián Ucero, N. Pascual y N. Monzón fueron los protagonistas principales del Acta de Fundación.
Florentino Lugo ocupó inicialmente la presidencia provisoria y posteriormente Bernardo Pando se convirtió en el primer presidente oficial. Desde entonces comenzó un largo camino que tuvo momentos de gloria, dificultades, reconstrucciones y, fundamentalmente, una enorme capacidad para mantenerse de pie.
Porque un club centenario no se construye solamente con títulos. Se construye con dirigentes que dejan horas de su vida, con jugadores que defienden una camiseta, con entrenadores que forman generaciones, con familias que acompañan y con hinchas que convierten cada partido en una cuestión de pertenencia.

El básquetbol, una historia grande
Si hubo una disciplina que proyectó a Unión Progresista hacia todo el país, esa fue el básquetbol.
El “Progre” construyó una tradición que alcanzó su máxima expresión con su participación en la Liga Nacional “A”, convirtiéndose en uno de los grandes representantes del básquet chaqueño en la competencia nacional.

El primer ascenso a la máxima categoría llegó para disputar la temporada 1988. Aquella experiencia terminó con el equipo ubicado en el decimocuarto puesto y el posterior descenso a la entonces denominada Liga B. Pero aquella incursión marcó para siempre la historia de la institución.
Y hubo un protagonista que quedó unido a ambas grandes conquistas: Jorge Lobera.
Lobera había sido base del equipo que consiguió el ascenso de 1988. Veinticuatro años después volvió a llevar al club a la máxima categoría, aunque esta vez desde el banco de suplentes, como entrenador.
La noche inolvidable de Junín
El segundo ascenso a la elite del básquet argentino tuvo todos los ingredientes de una epopeya deportiva.
Unión Progresista llegó a los playoffs del Torneo Nacional de Ascenso después de haber sido el mejor equipo de la Zona Norte en la primera y segunda fase. En el camino eliminó a Atlético Echagüe de Paraná por 3 a 1, a Atlético San Isidro de San Francisco por idéntico marcador y a Monte Hermoso Básquet también por 3 a 1.
La final ante Argentino de Junín comenzó en Villa Ángela con dos victorias rojiblancas: 88-83 y 102-100.
Después llegó el viaje a Junín. El desafío parecía enorme. Argentino tenía el respaldo de su gente y la obligación de reaccionar. Sin embargo, Progresista jugó un último cuarto extraordinario y terminó imponiéndose 70 a 67, sellando la serie por 3 a 0 y consiguiendo nuevamente el ascenso a la Liga Nacional.

La campaña había sido notable: 12 triunfos y 6 derrotas en la primera fase; 8 victorias y 6 caídas en la segunda; y en los playoffs, un extraordinario registro de 9 triunfos contra apenas 3 derrotas, manteniendo además su estadio invicto.
Aquella noche, Jorge Lobera sintetizó la dimensión de lo conseguido. Habían pasado 24 años desde aquel primer ascenso en el que había sido protagonista como jugador. Ahora repetía la hazaña como entrenador.
Era, probablemente, una de las imágenes más poderosas de la historia deportiva del club: el mismo hombre que había llevado la camiseta rojiblanca en 1988 regresaba décadas después para conducir desde el banco a otra generación hacia la máxima categoría.
Una generación que dejó su marca
Aquel equipo tuvo jugadores que se transformaron en piezas fundamentales de la campaña.
Lisandro Rasio, con apenas 21 años, aportó presencia y gol debajo de los tableros. El santiagueño Víctor Cajal puso su oficio en la conducción. César Avalle, Cristian Schoppler y Pablo Osoreds aportaron eficacia en la media cancha, mientras que la experiencia de Gonzalo Juan Laphitzborde, con 36 años, resultó fundamental. También tuvo protagonismo el pivote estadounidense Gregory Dilihgard, incorporado a mitad de temporada.
Pero detrás de aquellos jugadores hubo una institución que había trabajado durante décadas para alcanzar nuevamente ese lugar.
Binaghi, Lobera y tantos nombres propios
Los cien años de Unión Progresista también llevan consigo los nombres de dirigentes que entregaron parte de su vida al club.
José Ricardo Binaghi, Hugo Carlos “Lungo” Arece, Leopoldo Martin, Francisco Rossi, Ricardo Merino, Héctor Ricardo Jauregui, Omar René Avalos, Jorge Sauchuk, Daniel Rojo, Juan Kuzmak, Víctor Alfredo Labeque, Mauricio Lipsich, José Ramón Muñoz, Osvaldo María Alegre, Héctor Bernabé, Francisco Insaurralde y Sergio Rossi, entre tantos otros, forman parte de esa extensa nómina de hombres que ayudaron a construir la institución.
Sería imposible mencionar a todos. Y justamente allí aparece el valor de las fotografías, de los documentos y de la memoria de quienes vivieron cada etapa. En esas imágenes quedaron registrados dirigentes, jugadores, entrenadores, colaboradores y simpatizantes que fueron construyendo, ladrillo por ladrillo, la identidad rojiblanca.

Dos escenarios que también son historia
La institución tuvo además dos espacios que quedaron incorporados a la memoria colectiva.
El estadio de fútbol, ubicado en Avenida España y Sarmiento, lleva el nombre de José Ricardo Binaghi y tuvo una capacidad aproximada para 1.500 personas.
El estadio de básquetbol fue bautizado Carlos “Mona” Lobera, en homenaje a quien fue considerado uno de los más grandes deportistas de la historia de la institución.
Binaghi y Lobera quedaron así asociados para siempre con las entrañas mismas de Unión Progresista. Uno desde la dirigencia y el otro desde el deporte, ambos representan buena parte de aquello que significó el “Progre” para Villa Ángela.
Una de las imágenes que resume esa historia muestra precisamente a Mona Lobera recibiendo el trofeo de campeón provincial en 1979, una fotografía que permite viajar en el tiempo y recuperar una de aquellas jornadas en las que el básquetbol rojiblanco comenzaba a construir una historia que luego llegaría hasta la Liga Nacional.

Una rivalidad que también hizo crecer al básquet
En Villa Ángela, hablar de Unión Progresista también significó hablar del Club Atlético Alvear.
La rivalidad entre ambas instituciones se convirtió en uno de los grandes clásicos deportivos de la ciudad. Dos clubes, dos camisetas y una misma pasión villangelense que durante décadas encontraron en la competencia una manera de defender el prestigio de sus colores.
Los clásicos no solamente alimentaron la rivalidad: también ayudaron a consolidar a Villa Ángela como una de las grandes plazas basquetbolísticas del Chaco.
El “Progre” de todos
A lo largo de cien años, Unión Progresista tuvo muchas camisetas, muchos equipos y muchas generaciones. Hubo épocas de esplendor y otras en las que fue necesario volver a empezar.
Pero hubo algo que permaneció intacto: la pasión rojiblanca.
La de aquellos dirigentes que llegaban antes que todos y se iban últimos. La de los jugadores que defendieron la camiseta en cada cancha. La de los entrenadores que formaron jóvenes. La de los padres que acompañaron a sus hijos. La de los abuelos que transmitieron una pertenencia que pasó de generación en generación.
Y también la de la hinchada, esa multitud silenciosa y ruidosa a la vez que forma parte de cualquier historia deportiva y que fue, es y seguirá siendo protagonista.
Hoy, cuando Unión Progresista alcanza su primer siglo de vida, todas aquellas historias vuelven a encontrarse.
El club que nació como un sueño cultural y deportivo de un grupo de visionarios se transformó en una institución que escribió páginas grandes en el deporte chaqueño y argentino.
El club que llevó el folklore al “Fortín del Canto Argentino”.
El club que hizo del básquetbol una bandera.
El club que llegó dos veces a la máxima categoría del básquet argentino.
El club que tuvo a Jorge Lobera como protagonista de dos ascensos separados por 24 años.
El club de Binaghi, de Mona Lobera y de tantos dirigentes cuyos nombres quedaron ligados para siempre a su historia.
El club de los jugadores, de las familias y de la gente.

MonaLobera, Jorge Lobera, Jorge Martín, Bonfantil y Salinas, con el periodsita Luis Darío Molodezky a fines de los ’70
Unión Progresista cumple 100 años. Un siglo de vida, de deporte, de cultura, de sacrificios y de alegrías. Un siglo de identidad rojiblanca.
Y como sucede con las instituciones verdaderamente grandes, la historia no termina en el centenario. Apenas abre un nuevo capítulo.
Porque después de cien años, el “Progre” sigue teniendo algo que ningún almanaque puede quitarle: la pasión de su gente y el orgullo de haber sido parte de la historia grande de Villa Ángela, del Chaco y del básquet argentino.




