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Un día como hoy 8 de agosto, fallecía Eduardo Carauni, destacado piloto de la década del 40 y 50, residente en Villa Ángela, desde donde proyectó el nombre del Chaco al concierto nacional. Su primera aparición fue en la vuelta del Chaco donde fue el segundo mejor chaqueño. Sin ganar campeonatos, fue el máximo ídolo del automovilismo chaqueño del siglo XX.
Por Jorge Luis Altamirano
Fue consecuente con su espíritu, esa fuerza interior que lo llevó a forjar un vínculo directo con su pueblo Villa Ángela y luego con todo el Chaco.
¿Quién fue este chaqueño que no necesitó ganar un solo campeonato para ser ídolo y profeta en su tierra?
Su coraje enrojeció las palmas de aplausos, arrancó admiración cada vez que tomaba el volante con sus manos.
¿Qué fuente alimentó su sed de ganar sin reparar quienes eran sus rivales?
Así aparece en 1948 en la 1º Vuelta del Chaco del Turismo Carretera. Fueron 1.465 extenuantes kilómetros donde se coloca segundo chaqueño mejor clasificado, mezclado en los polvorientos caminos con Boris Afanasenko, Eleuterio Schvemler, Eduardo Gerónimo Orcola, Victorio Cavalassca, Alcides Menegáz, hermanos chaqueños de la velocidad.
Allí muestra su doble perfil. Piloto aguerrido, temerario, sin límites a la hora de doblar y apretar el acelerador, pero también de un enorme caudal de solidaridad y honestidad deportiva.
En la pista presentaba batalla como el mejor de los pilotos oficiales. Pero el Lolo Carauni era capaz de prestar ese último e importante repuesto para que el rival no se quedara a pie.
Así, la vitrina de su casa en Villa Ángela fue nutriéndose de copas, medallas, trofeos, reconocimientos a su hidalguía deportiva. Nunca tuvo una actitud antideportiva en la pista, nunca quebró la línea del reglamento técnico. En cada carrera fue ganando una porción del corazón de su gente, aquel que acompañaba la fiesta de cada pueblo en donde presentaban sus jinetes mecánicos. Allí brillaba el Lolo Carauni.
Quizás, el mejor trofeo es aquella fotografía donde, en 1948, el Ford cuelga del cielo, saltando las vías donde hoy está el puente de alto nivel en la ruta 11. “Cuando saltemos, saca la mano y saluda para la foto” le inquirió el Lolo a Adelkys Facal, su acompañante. El auto voló más que ninguno, aunque fue a parar a la zanja.

Un par de tumbos en carrera, uno de ellos grave, fue dejando secuelas en su cuerpo, pero su espíritu siempre fue indomable como su sangre de inmigrantes europeos que vinieron a poblar la Argentina.
Su vida es un enorme cofre de anécdotas y de recuerdos imperdibles. Tanto que, hace poco tiempo, Cristina Matta lo definió así, en las páginas de NORTE: “el Lolo Carauni, a los ochenta años, se devora la vida”

Cuando ya había cruzado la barrera de los cuarenta años, Norma una paloma de casi veinte años cortó su vuelo de picaflor empedernido. Vino la boda y el viaje de luna de miel.
Un Rambler, modelo trompa boca de pescado, fue la nave nupcial. En tránsito por Córdoba, se entera por una emisora radial, que había carrera de autos en un pueblo. El Lolo y su flamante esposa toman alojamiento. Una excusa para controlar el auto lo lleva a un taller mecánico.
Hace colocar el arco abulonado- protección ante los vuelcos- y larga la carrera. La esposa, descansando en el hotel, se entera por la transmisión radial que el Lolo venía a fondo por las cornisas cordobesas.
Sus manos artesanas, juntas en el aire, y con sus ojos verdes cuasi viscos, eran el teatro virtual de su relato de tantos episodios de su tránsito veloz en algún circuito.
Tanto sembró la actitud del Lolo Carauni que el pueblo chaqueño lo consagró como el Deportista del Siglo ante la convocatoria del Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco en el 2000.
No me olvidaré por mis días, cuando compartí la mesa en Junín, con Marcos Ciani y el Lolo Carauni, ambos homenajeados en el cincuentenario de la desaparición de Eusebio Marcilla, el ganador de la 1º Vuelta del Chaco.
Como periodista deportivo del automovilismo tuvo el honor de ser honrado por el Lolo Carauni. Me abrió su corazón, las puertas de su casa, su mesa familiar. Me permitió compartir el enorme afecto de su esposa, de sus hijos, de mi entrañable amigo Julito Carauni.
Pude recorrer cada centímetro del living comedor de su casa, ese templo que la comunidad villangelense deberá custodiar porque encierra un valor incalculable. Es el testimonio fiel de las hazañas del “Indomable de Villa Ángela”.
Dios te llamó al descanso Lolo. Ya fue suficiente esta interminable y dolorosa lucha. Gracias por habernos enseñado cómo enfrentar la vida. Estarás siempre en nuestro recuerdo.
JORGE LUIS ALTAMIRANO

DEPORTISTA DEL SIGLO XX
En los últimos años, el Lolo Carauni recibió múltiples y merecidos homenajes, por su brillante trayectoria deportiva y personal. Pero sin dudas uno de los momentos más emotivos, fue en la gran Fiesta del Deporte del 2000 cuando el Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco lo consagró como el Deportista del Siglo XX. Lo hizo rodeado del afecto de familiares, amigos, la comunidad deportiva y autoridades provinciales. En la ocasión, fue el Pato Silva quien dirigió sentidas palabras.





