Fotos del Recuerdo

“Peco” Tissembaum y sus vivencias tuercas

Hace poco más de un año, el 26 de junio, se apagó a los 92 años la vida del doctor Edwin Eric Tissembaum, más conocido como “Peco”. La memoria chaqueña lo recuerda como un activista de los Derechos Humanos, un político de raza, siempre comprometido con los más humildes y con los presos políticos a quienes defendió con coraje. Esa es una parte de su historia. La otra, menos conocida pero igualmente intensa, fue su pasión por los fierros, por las motos y los autos, por ese universo “tuerca” que lo marcó para siempre. 

Por eso este homenaje busca recuperar al Peco deportista, al hombre que detrás de la toga de abogado guardaba un corazón de corredor.

Nació en Santa Fe el 14 de febrero de 1932 y, apenas recibido de abogado, eligió radicarse en el Chaco. El automovilismo lo atrapó temprano, y aunque un accidente posterior lo dejaría con secuelas físicas durante más de 45 años, nunca perdió el brillo en los ojos cuando hablaba de aquellas aventuras.

Los primeros rugidos de motor

“Mis primeras incursiones en el deporte tuerca las hice en el motociclismo, allá por 1958, con una Gilera 150”, evocaba con nostalgia. En las pistas se entreveraba con grandes pilotos de la época como los correntinos Santini y Stornini o el local Enzo Belotti.

Corrían en la Costanera de Corrientes, en el Parque 2 de Febrero o en el mítico Triángulo de Resistencia. De aquella época le quedó un recuerdo especial: una carrera en Corrientes donde, puntero con su Gilera, el motor se trabó y terminó en un espectacular porrazo. “Fue mi mejor recuerdo, porque pese al accidente no me pasó nada, y porque iba primero”, contaba con una sonrisa.

El salto al automovilismo

El cofre de los recuerdos de Peco se abría siempre con naturalidad. “Mi primera carrera en auto fue con un Ford Falcon, en un circuito mixto de tierra y pavimento en Makallé, allá por 1961”, relataba. No ganó, pero se clasificó bien gracias a los abandonos, y aquello le bastó para quedar atrapado.

Después llegó el Peugeot 404, preparado por el equipo Dorrego y acompañado por el inseparable “Vasco” Echebarne. Con ellos se lanzó al Campeonato Argentino, formando equipo con Paco Mayorga y Norberto Castañón. Fueron años de gloria y fraternidad.

Amistad sobre ruedas

Peco solía decir que más allá de los resultados lo que distinguía aquella época era la camaradería:
“Éramos amigos antes y después de correr. Había una franca amistad. Yo mismo llegué a remolcar autos de colegas que no tenían medios. Nunca lo vivimos como una guerra, sino como un juego compartido”, recordaba.

Nombraba a sus compañeros de ruta: Lolo Carauni, Belotti, Adán Pedrini y los pioneros como Yaco Guarnieri, los Facal, los Silva. Y evocaba las peñas, los mecánicos que se ayudaban entre sí y esa fraternidad que hoy parece lejana.

Éxitos, accidentes y despedida

No se consideraba un piloto de primera línea, sino un vocacional. Pero atesoraba logros, como el segundo puesto en Oberá o aquella carrera del “Patito Endiablado” en Resistencia, donde se impuso entre los zonales con un 404 afilado.

También recordaba las “salvadas”, como el accidente en Misiones cuando el volante del motor se partió y volaron bajo un alambrado. “El auto quedó en la chacarita, pero nosotros salimos ilesos”, contaba entre risas.

El final llegó en Posadas, en el circuito de Santa Inés, cuando un accidente a más de 180 km/h lo dejó al borde de la muerte. Estuvo en terapia intensiva y luego en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Las lesiones fueron graves y lo obligaron a abandonar la actividad. “Ese fue mi final, porque si no me frenaban las heridas, lo hacía mi señora”, admitía con ironía.

Recorriendo zonas difíciles a bordo de una canoa, para asistir a gente que lo neceistaba.

El caballero de las pistas

Peco Tissembaum fue mucho más que un corredor: fue un hombre de principios que también trasladó al deporte sus convicciones. “El que corre no debe olvidar que el de al lado es un compañero, no un enemigo. Detrás de cada piloto hay una familia. Y uno, sentado en el auto, tiene más por vivir de lo que ya vivió”, decía como una enseñanza.

Sus amigos lo recordaban como un caballero del automovilismo, un hombre que incluso —decían en broma— “corría descalzo”, pero siempre con nobleza y humildad.

Una foto con sabor a fierros

 


“Peco” Tissembaum junto a Norberto Castañón y Roberto Pedelaborde, al lado del Peugeot 404 N°39 de Castañón, en un parque cerrado.

 Por Luis Darío Molodezky

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