Fotos del Recuerdo

El Falcon Cabriolet presidencial, de Armando y finalmente de Julio García

 

De regalo presidencial a joya boquense: la increíble historia de un auto único en el país. El doctor Julio García en su libro «Solo hubo que seguir la huella» cuenta detalles de cómo llegó a sus manos el Falcon Cabriolet, de los pocos y de colección, que de tanto en tanto y para acontecimientos especiales, se desliza por las calles de Resistencia.

La historia del Falcon Cabriolet negro que alguna vez circuló por Buenos Aires tiene todos los condimentos de una novela: poder político, negocios millonarios, pasiones deportivas y un presidente que nunca llegó a usarlo más que para recorrer una fábrica.

Todo comenzó en 1963, cuando Arturo Illia asumió la presidencia de la Nación. La General Motors ya le había obsequiado a Perón un Cadillac Limousine y la Ford Motor Argentina no quiso quedarse atrás. En tiempo récord —apenas cuatro días—, la planta de General Pacheco fabricó una versión inédita: un Falcon descapotable especialmente preparado para Illia.

El flamante presidente, sin embargo, jamás le dio uso. El auto quedó guardado en Pacheco y solo una vez al año era trasladado en camiones para exhibirse en competencias como las 500 Millas de Rafaela. Durante casi siete años permaneció como pieza de museo en el hall de la fábrica.

Fue entonces cuando apareció en escena Alberto J. Armando, presidente de Boca Juniors y hombre fuerte del negocio automotor. Al visitar la planta preguntó qué hacía ese vehículo allí y, sin obtener respuesta, directamente se lo llevó a la Ciudad Deportiva que Boca construía en la Costanera Sur. Con el tiempo, la propia Ford terminó donando oficialmente el Falcon al club xeneize.

El Cabriolet tuvo un destino exclusivo: servir de auto de cortesía cuando llegaban visitantes ilustres como el Real Madrid o el Barcelona. Nunca fue utilizado para otra cosa.

La historia se cruza también con la política. En 1973, durante el gobierno de Cámpora, Armando fue señalado como uno de los empresarios beneficiados por el peronismo, incluso con contratos como la venta de mil autos a la Policía Federal. En paralelo, era tentado para lanzarse como candidato a intendente de Buenos Aires, pero el “Puma” decidió dar un paso al costado de la vida política y, poco después, también de Boca.

El Falcon siguió girando en esa trama de poder y negocios hasta que, según recordó el doctor Julio García, Armando se lo ofreció sin reparos:
—¿Vos lo querés? Llévatelo y hacéle los papeles.

Y así, entre pasiones y casualidades, aquel descapotable pensado para un presidente terminó siendo parte de la leyenda boquense.

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Sabías que…

  • Un auto único: el Falcon Cabriolet negro fue el único descapotable fabricado por Ford en la Argentina. Se hizo en apenas cuatro días.
  • De la política al fútbol: el vehículo fue concebido como regalo para Arturo Illia, pero terminó como pieza de exhibición en Boca Juniors.
  • Un lujo para visitantes: Boca lo usaba solo en ocasiones especiales, para trasladar a delegaciones de clubes europeos como Real Madrid y Barcelona.
  • Armando, el estratega: Alberto J. Armando, presidente xeneize, fue quien “rescató” el Falcon de la planta de Pacheco y gestionó su donación.
  • Nunca pisó la calle: durante años, el coche permaneció guardado y apenas era trasladado en camiones para eventos automovilísticos.
  • Final inesperado: pese a haber sido pensado como símbolo presidencial, su verdadera historia se escribió en el mundo del fútbol.

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   LUIS DARIO MOLODEZKY

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