
En el corazón de Puerto Vilelas, donde el fútbol corre por las venas de sus habitantes, hay un nombre que resuena con un eco especial: Pedro “Poroto” Álvarez. Hoy cumple sus 84 años, este «producto 100% portuario» es un verdadero libro abierto de anécdotas, dedicación y pasión inagotable por la pelota. Más que un simple jugador, fue un pilar fundamental en la historia de los dos gigantes locales: Defensores de Vilelas y Don Orione.

Apodado «Poroto» por su padre, quien encontró un parecido físico del recién nacido con la legumbre, Pedro Álvarez hizo su vida entre el césped y las dos camisetas más importantes de su tierra. Su carrera en el fútbol local comenzó en Defensores de Vilelas, el club que su padre ayudó a fundar en 1945. Allí, en el arco, empezó a construir una leyenda que lo llevaría a lo más alto.
Pero la historia de «Poroto» no se limita a su rol como jugador. Con una visión de dirigente, regresó al club de sus orígenes para convertirse en presidente, y bajo su mandato se construyó el actual estadio de Defensores. Fue un hombre que no solo defendió los colores en la cancha, sino que se dedicó a engrandecer la institución desde la dirigencia, un compromiso reconocido incluso por la Liga Chaqueña en 1989.
De Vilelas al Torneo Nacional
El destino de Álvarez lo llevó a su «segunda casa deportiva», Don Orione, a los 24 años. Fue en el Portuario donde vivió sus años más gloriosos, atajando en la década más exitosa de la institución. En 1971, su talento en el arco fue clave para el club lograra el ascenso al Torneo Nacional, un hito que lo llevó a representar al Chaco y a enfrentar a los equipos más grandes del fútbol argentino, como River Plate, Independiente y Huracán, dejando una huella imborrable en el fútbol del interior.
«Poroto» Álvarez no fue un arquero más; su valentía bajo los tres palos dejó marcas en sus manos y un lugar en la historia. A pesar de haber jugado en las máximas ligas, el hombre conserva la humildad y el entusiasmo de un joven, moviendo sus manos mientras cuenta sus anécdotas, como la de su debut en Primera a los 16 años, cuando tuvo que jugar a escondidas de sus padres para no descuidar sus estudios.
El legado de Pedro Álvarez es una lección de pasión y compromiso, un ejemplo de cómo el amor por un club y por un deporte puede trascender la cancha y construir una comunidad. Es un homenaje a los valores de la vieja escuela, donde el esfuerzo y la dedicación eran la prioridad, tanto en el estudio como en el campo de juego.
Hoy, a sus 84
años, don Pedro sigue viviendo el fútbol con la misma emoción de aquel joven que se metía al arco a escondidas. Su legado, sin duda, sigue vivo en cada rincón de Puerto Vilelas.

Por LUIS DARIO MOLODEZKY




