
40
«Y verás que no te olvido, mi Independiente Tirol»
La Historia de Independiente Tirol (30 de Septiembre de 1928)

Cuando la fábrica de tanino se rodeaba de casas con estilo inglés y don Heraclio Pérez imaginaba un “rincón florido” que más adelante inmortalizaría a su pueblo, el silbato convocaba a los obreros al trabajo o al descanso diario. Pero otro silbato, también de origen británico —aunque más generoso que la piratería de los europeos—, le daba orden a un hombre para que, con los pies, hiciera rodar una pelota de cuero. Comenzaba el fútbol: ese señor le pasaba el balón a otro, este a otro, y muchos fuera de la cancha festejaban. Nacía Independiente Tirol. Por un rato, el hacha no hacía ruido en el monte, por un rato el quebracho callaba su llanto, por un rato una simple pelota valía más que el tanino.
Una larga fila de camiones con quebracho colorado (más de cien) esperan, en la Ruta 16 y en las cercanías de la fábrica, el momento de la descarga. Todo parece indicar que la prosperidad no se ha ido de Puerto Tirol, pueblo que lleva ese nombre en honor a los italianos que llegaron del norte de Italia. Pero la realidad habla en otro idioma: debido al cierre de las fábricas en La Verde y La Escondida, solo ha quedado en pie la de Tirol, y la materia prima encuentra como único destino a la que pudo sobrevivir.

Los camiones no se parecen a los cachapés de muchas décadas atrás, y tampoco —qué pena— el río Negro es semejante a aquel navegable, limpio y propicio para el chapuzón, que se parecía a un río de verdad y no a este que a los gritos le exige piedad al ser humano.
La historia de Tirol ha patentado como propios los cachapés, los gritos en el medio del monte y el crujido del quebracho; pero también puede decir que, el 28 de septiembre de 1928, dio a luz un club llamado Independiente Tirol que, con el tiempo, iba a transformarse en un referente del fútbol del Gran Resistencia.
¡Porteño Atrevido!
El crecimiento del pueblo —cuando se estableció la fábrica— convocaba a criollos, aborígenes e inmigrantes europeos. Vida social, sí; un pueblo que se expandía, sí; oportunidades para muchos, sí. Aunque algo no cerraba, o faltaba: el fútbol, que si bien era practicado sin que se compitiera en la Liga Chaqueña, solo tuvo su antecedente por la existencia de un club denominado Sportivo Tirol.
Y faltaba un atrevido, un porteño en este caso (Gervasio Martínez). Hombre de las entrañas de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, fue quien en un momento lo propuso, y el resto así lo dispuso: dispuso que sí, que el juego inventado por los ingleses fuera federado, que haya una camiseta que los identifique, que haya un club: Independiente Tirol.

El equipo campeon de 1974 para muchos, el mejor equipo de la historia dee Indepeniente Tirol. Faltan alguans figuras pero aquí aparecen Cesáreo Prieto (masajista), Rolando Z´+arate, Juan Manuel Olguín, «Cacho» Palmetler, Armando «Mando» Romero, Mario Casco, Jorge Falcón, Raúl Mántaras, Juan Carlos «Calin» Casafús, «Pony» Franco, Ramon «El Fantasma» Solis y el «Chori» Acuña.
Avantti Independiente
La actividad del pueblo funcionaba en torno a la fábrica. El fútbol también. Dirigentes y jugadores vinculados con el silbato de la industria y con el silbato del referí los domingos. Scherol, administrador y presidente del club, por dar un nombre. Beligoy padre, jugador y operario. La lista es larga y, vinculados o no a la fábrica, por allí pasaron entre tantos otros Pierotti, Dolder, Cimbaro Canella o el “Toto”.
Y llegó la primera satisfacción, en 1940, a doce años del nacimiento. Y llegó la segunda, un poquito más distante (1965). En esta hubo que enfrentar a unos “nenes” bárbaros. Sarmiento: Chazarreta, Maglioni, Nelson Martínez, Barrionuevo. For Ever: Villanueva, Fernández, Cubillas, Rotger, Murguía. Regional: Hugo Carballo, Robinson Romero, Masdeu. Vélez: Martín Falcón, Tancho González, los hermanos Benítez. Pero no hubo problemas con los “nenes”, se portaron bien, porque mejor se portaron los “nenes” de Tirol.
Las Hurras de Don Heraclio
Don Heraclio Pérez tampoco fue indiferente con la victoria del ‘65. Le dedicó unas letras al equipo campeón y, como se sabe, también la otra —la mayor de todas— a su pueblo. Al compás del chamamé, el fútbol le daba alegría a su pueblo. Se acercaron, de “afuera”, muchos ilustres que encantaban con su fútbol y que se encantaron con el pueblo. Y ganaron un nuevo torneo en 1974. Por ahí andan Ramón García y el “Japonés” Robledo, disfrutando de “noches primaverales, al reflejo de la luna, dibujada en la laguna”.
Muchas cosas hoy no se parecen a las de ayer. Hugo Zalazar se refiere al presente, al que considera similar al de todos los clubes. Pero no desfallece; el club está en una etapa de transición, y sugiere que los gobiernos de turno (¿alguien sabrá leer?) le den una mano a las instituciones por las funciones sociales que cumplen. A pesar de todo, a las 11:20 suena el silbato de la fábrica. A unas cuadras de allí, otro silbato indica que la pelota sigue rodando.
Por Reinaldo Bianucci
Informes: Luis Leyes.
Producción Luis Darío Molodezky
Con la V de victoria
Independiente Tirol logró su personería jurídica gracias a un decreto del desaparecido gobernador (peronista) de la provincia Felipe Gallardo, en 1955. También el club logró -quizás- su mayor período de esplendor durante las presidencias de Alberto “Toto” Torresagasti, quien toda su vida se vinculó al club. El “Toto” está presente en la boca de todos los hinchas de Independiente, y su ausencia duele, y mucho.
De todos modos, este recuadro debiera haber comenzado con los acordes de la marcha peronista. ¿O no?

Alberto «Toto» Torresagasti




