
01-10-2025
A 14 Años de la Partida de Roberto «Sargento» García reproducimos una nota realizada por Fabián Flores, periodista de automovilismo del programa «En Carrera», quien falleciera muy joven durante la pandemia de Covid-19
«Al Chaco lo llevo en el alma y aquí mi alma morirá«. Esta frase, pronunciada alguna vez por Roberto García, no era una simple declaración de afecto; era una profecía. Su alma, efectivamente, se despidió de esta tierra junto a los fierros que tanto amó, un 1 de octubre de 2011. Hoy, a catorce años de su partida, el recuerdo de Roberto «Sargento» García sigue siendo el motor de la mecánica zonal.
Chaqueño por adopción, el «Sargento» había nacido en 1932 en San Telmo, Buenos Aires. Su camino hacia las carreras comenzó casi por destino. Tras mudarse a Lomas de Zamora, su padre dividió un galpón, y la mitad fue alquilada por el legendario preparador Carlos Souza Martínez. El joven Roberto, de apenas cuatro años, no tardó en convertirse en la sombra de Souza Martínez, aprendiendo los secretos de la mecánica de competición. Esta experiencia se consolidó más tarde en un galpón más grande en Quilmes, donde García forjó su mano «banqueando» motores junto a su gran maestro.
La Llegada al Litoral: Un Destino Marcado por el Fierro
En la década del 60, Roberto García arribó a Resistencia. El amor lo trajo: la familia de su futura esposa se había radicado en el Chaco. Luego de algunas visitas a estas «tierras chaqueñas», se afincó definitivamente para nunca más irse.
Inicialmente, trabajó con autos de calle y luego fue empleado en la rectificadora de Adelquis Facal. Fue allí, en la década del 70, donde conoció a Roberto Borchichi y se sumergió de lleno en el mundillo del automovilismo local. Junto a Borchichi, comenzó a trabajar con una variedad de máquinas del Zonal: desde los Fiat 600 y 128 de Szymanski y el Torino de Rabino, hasta el Peugeot 504 del «Turco» Jorge Daniel Mehechen. La leyenda del preparador serio, dedicado y de palabra había comenzado a tomar forma.

Para mediados de los 80, ya era común ver autos de carrera llevando la mecánica propia y el sello distintivo del «Sargento». La preparación de la Chevy de «Coquito» Ruiz, cuando las carreras las organizaba «Pancho» Arce con la AVN, lo catapultó. Más tarde, siguió con la preparación de un Fiat 128 junto a su fiel secretario, «Ramoncito» (quien hoy continúa su legado al lado del Torino de Juan Carlos «Pochila» Demonte).
Su fama y rigor trascendieron fronteras. Pilotos de Formosa, Corrientes y del Chaco, como Eduardo Giuliano, confiaron ciegamente en sus manos. Incluso formó parte del recordado equipo «Del Sur Competición». Uno de sus binomios más exitosos fue con César «Bananita» Benítez, con quien cosechó inolvidables triunfos, como aquel en el viejo circuito de Charata en la Clase D, a bordo de la Chevy.

Un Final en Plena Cima
El apodo de «Sargento» le quedó grabado por la semejanza con el personaje del Zorro, pero para el ambiente automovilístico, era sinónimo de autoridad, orden y efectividad en los boxes.
Al momento de su adiós, Roberto García estaba en plena vigencia y cosechando éxitos. Tenía a su cargo la mecánica del Ford de «Rudy» Brunelli, quien era puntero en el Certamen de Rally 2011 del Nea en ZTT. Este binomio estaba encaminado a sumar su tercer título consecutivo en el rally de Formosa, un logro que habla de la calidad inagotable de su trabajo.
Su corazón, ese mismo que latía apasionado por cada fierro que tocaba, dijo basta en la mañana de aquel sábado, justo cuando se aprestaba a subir a su auto para viajar a Formosa.
A catorce años de su partida, la herencia del «Sargento» perdura en cada auto que rugió en el Chaco gracias a su sabiduría, en la honestidad de cada mecánico que lo admiró, y en la certeza de que su alma, como él mismo prometió, murió en el lugar que eligió y junto a los fierros que le dieron sentido a su vida. Su recuerdo, Roberto, sigue en carrera.
Por Fabián Flores ![]()




