
La historia grande del fútbol chaqueño se escribe con jugadores que dejaron una huella profunda, no solo por sus títulos y actuaciones, sino por la identidad que sembraron en los clubes que defendieron. Entre ellos, uno ocupa un lugar especial por una particularidad poco común: vistió dos camisetas rivales y en ambas dejó marca de campeón. Ese hombre fue Alejandro Victorio “Pelado” Gallo, nacido en 1932 y fallecido el 9 de enero de 2021, a los 89 años.
Gallo fue uno de los últimos sobrevivientes de la Época Dorada de Sarmiento de fines de los años 50 y comienzos de los 60, y también figura del Chaco For Ever campeón de la segunda mitad de esa década. Un destino deportivo que muy pocos han podido narrar.
El hijo del Decano que aprendió a ganar desde joven
Criado futbolísticamente en el barrio sarmientista, Victorio fue parte de una generación formada por Manuel Iturri y Antonio Ruiz Díaz, una camada que a principios de los 50 dominó todas las divisiones: Primera, Segunda y Tercera. Mediocampista aguerrido, de técnica fina y personalidad fuerte, Gallo se consolidó rápido en el primer equipo.
Con Sarmiento, levantó múltiples trofeos y protagonizó partidos inolvidables. Fue protagonista en el primer clásico jugado en el Estadio de la 9 de Julio, aquel que inauguró una era y que el Decano ganó 1-0. Y también estuvo en el último clásico disputado en la vieja cancha de chapas de For Ever, un 3-2 que aún celebran los aurirrojos.
Su actuación más recordada fue en el histórico 4-1 de Sarmiento sobre Boca Juniors, el único triunfo de un equipo chaqueño sobre el xeneize: Gallo fue una de las figuras de ese día épico.
No solo fue un referente del club: también fue habitual convocado a los seleccionados de la Liga Chaqueña, y vistió los colores de Regional y del propio For Ever en distintos pasajes.
El salto al Negro: un traspaso que marcó una época
Tras el célebre amistoso en el que Sarmiento enfrentó al Santos de Pelé, los dirigentes aurirrojos comenzaron a gestionar refuerzos, buscando i a los forevistas Leonardo Rotger y Santiago Fernández, mientras Boca Juniors pedía a prueba a Tuto Fontana.
En ese contexto de movimientos y rumores, Victorio Gallo pasó a integrar las filas de For Ever, debutando el 18 de julio, ya promediando la temporada.
Su llegada al albinegro no fue meramente testimonial: fue protagonista. Con el Negro fue campeón del Torneo Preparación y del Campeonato Oficial Liguista de 1966, títulos que le permitieron a For Ever disputar el primer Torneo Regional de la historia.

Entre 1965 y 1967, Gallo se consolidó como un defensor férreo, de entrega absoluta, respetado incluso por rivales. Aquella formación campeona de 1966 –cubierta por nombres como Cubillas, Vera, Bruno, Villanueva, Cassiet, Rotger, Olivera y Fernández– lo tuvo como hombre clave en la última línea.
Un jugador formado en Sarmiento, campeón con Sarmiento… y luego campeón con For Ever. Casi una rareza en la historia chaqueña.
Una vida marcada por la pasión
Fuera de la provincia, Gallo y todos sus hermanos compartían una misma devoción: eran fervientes hinchas de Independiente, el Rey de Copas. En Avellaneda encontraron el espejo futbolístico de su espíritu competitivo: garra, temple y gloria.
Tras su retiro, Victorio siguió vinculado a Sarmiento tanto como la salud se lo permitió. Era invitado a cada acto, homenaje o clásico especial. Le gustaba volver al club donde creció, mirar la cancha, saludar a los viejos compañeros y sentirse, aunque por un rato, nuevamente dentro del juego.
La despedida de un hombre querido
Cuando su corazón aurirrojo dijo basta, el 9 de enero de 2021, el fútbol chaqueño perdió a uno de sus referentes más entrañables. El “Pelado” Gallo fue, en el campo y fuera de él, un hombre de convicciones firmes, de presencia respetada, trabajador incansable.
Se fue sin estridencias, como vivió. Pero dejando un legado enorme.
En la imaginación de quienes lo vieron jugar, Gallo debe andar todavía en la mitad de cancha, pidiendo la pelota, metiendo fuerte, ordenando, alentando. Tal vez esperando un pase de Brocal, del Lobizón o de Rosciani. O acompañando las proyecciones de Valengo, de los Manolos, de Eleuterio o de Luisito Cejas.
En algún lugar, Victorio Gallo sigue jugando.
Eterno en la memoria
Hoy el fútbol del Chaco recuerda no solo al jugador, sino al hombre que recorrió caminos improbables y que fue capaz de vestir y honrar dos camisetas históricas:
la aurirroja que lo vio nacer y la albinegra que lo vio campeón.
Una síntesis perfecta del espíritu competitivo chaqueño.
Por LUIS DARIO MOLODEZKY
Fuente Diego Domínguez, Carlos Ortiz y propias




