Básquetbol

Lautaro Ayala, el cerebro de Cultural: talento, temple y una localidad que late al ritmo del básquet

A los 21 años, el base sylvinense Lautaro Ayala conduce al equipo de su vida hacia el duelo más esperado del Prefederal 2025. Inteligencia, mano prodigiosa y una lectura del juego que no se enseña. Este viernes, Santa Sylvina se prepara para una noche que puede ser histórica.

En un torneo donde sobresalen goleadores y figuras de jerarquía, Cultural de Santa Sylvina tiene un diferencial invisible para muchos, pero decisivo para quienes conocen de básquet: la cabeza de Lautaro Ayala. No mide dos metros ni intimida físicamente a nadie. Por el contrario, es un bajito entre gigantes, ya que la genética no lo habilitó de una estatura acorde a los tiempos que exige el básquet internacional, pero si lo dotó de una inteligencia superlativa y una mano prodigiosa. Por eso, cada posesión pasa por su criterio y cada ofensiva toma sentido cuando él la ordena. Es el base que entiende el juego en un nivel superior.

A sus 21 años, Lautaro se mueve con la naturalidad de quien lleva una vida entera absorbiendo básquet. De hecho, es casi eso: formado desde niño en la cantera de Cultural, creció entre los mismos colores, los mismos compañeros y la misma cancha. Su único paso fuera de la localidad fue el año pasado, cuando jugó el Federal para Tokio de Posadas. Volvió lleno de aprendizajes, amistades nuevas y la experiencia de competir en otra provincia. Hoy, ese crecimiento se nota: Lautaro hace jugar, ordena, baja revoluciones cuando hace falta y acelera cuando el partido pide osadía. Y si la pelota quema, él también asume el tiro.

En Santa Sylvina, cualquier vecino que siga el básquet podría describir a Lautaro Ayala sin dudar: «El que piensa por todos». No hace falta mencionar su camiseta ni su posición. En los hechos, en su espalda resalta el número 8. Basta con decir su nombre para que aparezca la imagen de ese base que parece ver el partido en cámara lenta mientras todo ocurre a velocidad máxima. A su corta edad, Ayala se transformó en el cerebro de un equipo corto, intenso y voraz, que se ganó el respeto de toda la provincia en este Prefederal 2025.

Cultural no es un equipo más. Representa a un pueblo que respira básquet desde sus raíces, que vibra con cada instancia provincial y que vive estas semanas con una mezcla de expectativa, ansiedad y orgullo localista. La serie final frente a Regatas Resistencia se volvió una epopeya emocional: triunfos de visitante en ambos sentidos, partidos cerrados, lesiones en momentos claves y un nivel de paridad que elevó el dramatismo. Todo desemboca en lo más atractivo que ofrece este deporte: un quinto partido, decisivo, en un estadio donde la cercanía entre jugadores y público se vuelve combustible competitivo. En ese escenario aparece Lautaro: un joven del club, criado entre los pasillos del estadio, que hoy conduce a su equipo hacia la noche más importante de los últimos años.

Una cabeza diferencial en tiempos de velocidad

En un básquet que exige cada vez más físico, más talla y más explosión, él rompe la regla sin romper el juego. No es alto para el estándar moderno, pero compensa con IQ basquetbolístico, sensibilidad táctica y una mano confiable que asoma cuando la ofensiva se traba. Ayala no necesita anotar veinte puntos para ser determinante: basta con que ordene el tránsito del equipo, haga fluir el balón, elija qué ataque acelerar y cuál frenar.

«Intento siempre hacer lo que el equipo necesita. Si hay que pasar, paso. Si hay que tirar, tiro «, dice en entrevista con NORTE Play, evitando definirse con etiquetas. Pero en la cancha habla con acciones precisas: lectura rápida, pases quirúrgicos, manejo del pick and roll, visión para encontrar a los tiradores abiertos y una capacidad natural para asumir posesiones calientes sin exagerar protagonismo. En el cuarto juego de la serie, dos triples suyos consecutivos sostuvieron a Cultural cuando parecía que el partido se escapaba. Esos momentos explican por qué su liderazgo no se expresa con señas ampulosas, sino con decisiones correctas.

Una localidad que arde por el básquet
Santa Sylvina vive estas finales como vive las cosas importantes: a corazón abierto. En el sudoeste provincial, los clubes son parte de la identidad social y Cultural, en particular, ocupa un lugar afectivo que se palpa en cada entrenamiento. La gente acompañó en Resistencia, llenó las tribunas visitantes y dio un mensaje claro: este viernes la cancha va a estallar. Para el plantel, esa energía es una pieza estratégica tanto como un ajuste táctico. Y Lautaro lo sabe: «Jugar de local con nuestra gente nos da un plus enorme».  

La presión, en los pueblos, tiene un sabor distinto: más cercana, más directa, más íntima. La gente no sólo opina; convive con los jugadores en el día a día, los ve en el supermercado, en la plaza, en la calle. Pero esa cercanía también construye pertenencia y responsabilidad comunitaria. Ayala, criado en ese ambiente, lo entiende como parte de su formación.

Una serie exigente y un rival herido
Regatas llega golpeado desde lo físico y lo emocional. Cayó en suplementario ante Villa San Martín por la semifinal de la ABR y arrastra un desgaste que puede ser determinante. Sin embargo, es un plantel largo, con talento, jerarquía y oficio. Nada está garantizado.

Cultural lidia con su propio dolor: la ausencia de Gastón «Bocha» Araujo, máximo goleador del torneo, quien intenta recuperarse a contrarreloj y no está asegurada su presencia el viernes. Y la molestia física de Enrri Conradi, que terminó sentido en Resistencia. En un equipo corto, donde la rotación apenas alcanza para 7 u 8 jugadores, cada detalle pesa. A eso se suma un factor crítico: los rebotes. En el cuarto choque, Regatas tomó 17 rebotes ofensivos, lo que derivó en segundas y terceras oportunidades que condicionaron el juego. «Es difícil ganar así. Tenemos que mejorar en esa faceta si queremos quedarnos con el título» , reconoce Ayala.

Experiencia que forma y proyecta

Aunque es joven, Lautaro ya vivió procesos que fortalecen su presente. Su temporada en Tokio de Posadas lo confrontó con otro ritmo, otra exigencia y jugadores experimentados como Maximiliano Barrios, hoy rival en la final y en la misma posición del juego. Esa experiencia le dio madurez, temple y herramientas para dominar ritmos de partido, interpretar defensas y gestionar momentos adversos.

El Federal 2026 aparece en el horizonte y Cultural ya tiene su boleto asegurado. Jugarlo con su club, con su gente, con sus amigos, sería un sueño cumplido. Pero eso es para después. Hoy la mente de Ayala está puesta en una sola cosa: el viernes 12 a las 22, el partido que definirá al campeón provincial 2025.

Lo que se juega el viernes
Cultural llega con un objetivo claro: imponer intensidad, energía y localía desde el primer minuto. Corregir la toma de rebotes, bajar las segundas oportunidades y forzar a Regatas a jugar incómodo. Y confiar en su esencia: un grupo cohesionado, que se conoce como pocos y que encuentra en Ayala la brújula perfecta para los partidos cerrados. Este viernes, Santa Sylvina vivirá una noche que puede quedar en la historia. Y en el centro de esa escena, Lautaro Ayala tendrá nuevamente la pelota en sus manos. Donde siempre la quiso.

 

Jugar con su hermano: un privilegio que no se negocia

Para Lautaro Ayala, compartir cancha con su hermano Nicolás no es una anécdota: es una emoción cotidiana. Ambos se formaron desde mini en el Cultural y soñaron juntos con noches como las que viven hoy. «Es un placer muy grande jugar con él, algo que disfrutamos desde chicos», cuenta. En un equipo joven, con historia común y raíces profundas, esta sociedad familiar es un plus afectivo que también se siente dentro de la cancha.

Un equipo construido como un grupo de amigos

Cultural es, quizá, el ejemplo más puro de pertenencia deportiva. Esas que solamente encuentran paralelismos en localidades pequeñas del interior provincial. Salvo Enrri Conradi, el refuerzo de Hermoso Campo, todos son de la localidad o de la zona cercana. Se conocen desde siempre, crecieron juntos y llevan años jugando en Primera. Esa química es visible: saben dónde estará el otro, confían, se respaldan y gestionan la presión como un colectivo sólido. «Somos todos amigos, y eso fue clave para llegar hasta acá», subraya Ayala.

 

Guillermo Koster – Gentileza

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