
Hoy y para las nuevas generaciones, recordambos a una figura del deporte chaqueño, santafesino, nacional e Internacional como Eduardo Andrés Maglioni, en una visita a Diario Norte. Llegó un día de Reconquista y rápidamente mostró sus dots goleadores. Fue figura de la Liga Chaqueña en el título nacional de 1968, luego pasó a Independiente.
POR LUIS DARIO MOLODEZKY
NORTE – Página 10
Resistencia, lunes 26 de septiembre de 1977
MAGLIONI: PEDAZO DE HISTORIA DEL FÚTBOL GRANDE DEL CHACO
Una tarde cualquiera, hace casi una década, los corrillos futbolísticos chaqueños comentaban entre expectantes y ansiosos el debut de un pibe, venido de Reconquista y con buenos antecedentes como goleador. Sarmiento, que por aquel entonces buscaba armar su equipo para un probable ingreso al Nacional, incorporaba a un jugador. Una efervescencia inusual reinaba en la cancha. Los detractores de siempre marcaban su escepticismo con frases lapidarias: “es muy chico”, “no tiene pinta de goleador”, “difícilmente sea la solución para el decano”.
En medio de ese clima debutó el santafesino Eduardo Maglioni, cuatro o cinco fechas más tarde, ya era ídolo de la hinchada aurirroja. Su olfato en el área, su despliegue físico y principalmente su entrega sin retaceos hicieron que ese “pibe flaco y menudo” torciera los pesimistas cálculos previos.
Después vino el Campeonato Argentino, donde resultó goleador y el ingreso al fútbol grande por la puerta del viejo y glorioso Independiente. Y así marcaron su historia otros tantos goles gritados con alma y corazón; los clásicos ante Racing, los enfrentamientos con Boca, River y San Lorenzo, y el roce permanente con figuras del fútbol nacional.
La charla con Maglioni resulta fácil y amena. Cuenta las cosas y hace sencillas anécdotas con hechos importantes. No lo mareó el éxito. Con la misma simplicidad con que alguna vez vistió su primera camiseta, está ahora, con la fachada producto de una larga trayectoria.
Maglioni, presente en 1977, dice su verdad. Maglioni es a quien se debe su visita a nuestra capital. En primer lugar visitar a tres amigos. Pero el motivo principal es estar junto a nosotros. Su apretón de manos habla de promesas de pronto reencuentro, el transcurso de las semanas lo dirá.
También fue ganador. Pero el tiempo, barómetro implacable que no sabe de concesiones, comenzó a minar su resistencia y pudo más la nostalgia que la tentación del dinero y volvió a Buenos Aires. Y vuelve al Chaco. A recordar cosas. Tal vez a pisar la cancha del “querido Sarmiento”, como él mismo lo define, y revivir en su memoria una corrida hacia las áreas rivales con el grito de gol reventando su garganta.

—¿Cuántos años estuvo alejado del fútbol argentino?
—Durante seis años, ese lapso jugué en Colombia.
—¿Qué estilo practica el fútbol colombiano?
—Es un estilo sin tecnicismos. El jugador debe correr durante los noventa minutos. Un juego muy aguerrido.

—Ese fue siempre mi deseo. Priorizar mi carrera en el equipo que me dio la oportunidad de jugar en el fútbol grande. Pero actualmente mis condiciones no me permiten, porque al aceptar volver a jugar con Sarmiento me obligaría a dejar otras cosas que son sumamente importantes.
La urgencia de una redacción con plumas de alto vuelo obliga a abreviar. Después, apoyado cálidamente en su palabra y su sonrisa, acepta nuestra compañía hasta la calle. Eduardo Maglioni es santafesino. Su paso por el Chaco fue una fuga. Pero su simpatía, su cariño hacia todo lo nuestro, lo acerca casi a ser resistenciano.
Nos veremos Eduardo, y entonces tal vez con un café de por medio volvamos a revivir aquellas tardes de gloria de Sarmiento o de Independiente de Avellaneda.

POR LUIS DARIO MOLDOEZKY




