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Héctor “Tronquito” Gamarra, una vida para el fútbol

16A tres años de su partida, el recuerdo de Héctor “Tronquito” Gamarra sigue caminando las canchas del Chaco y de medio continente. Falleció el 5 de enero de 2022, a los 92 años, casi ciego, pero con una lucidez y una alegría que lo convirtieron hasta el final en un verdadero canto a la vida. Jugador primero, maestro después, fue uno de esos hombres que no solo jugaron al fútbol: lo enseñaron, lo pensaron y lo vivieron como una forma de estar en el mundo.

 

 POR LUIS DARIO MOLODEZKY 

Nacido el 12 de marzo de 1930 en la Villa Concepción de Barranqueras, se formó en una cuna futbolera donde la pelota era extensión natural del cuerpo. “Después de jugar, todos los chicos del barrio nos reuníamos en mi casa con mis hermanos”, recordaba, mientras desparramaba fotos y recortes en el living de su hogar del barrio San Cayetano, como quien abre un álbum de la memoria colectiva. Fue el técnico que clasificó a For Ever al primer Nacional en 1967.

Entrenamiento de Chaco For Ever en 1967, durante su participación en Primera División. Aparecen: el técnico Héctor «Tronquito» Gamarra junto a los futbolistas; Antonio «Nonin» López, Leonardo «Mingo» Rotger, Ausberto «Papi» González, Roberto «Cula» Cassiet, Santiago «Chanta» Fernández e Ignacio «Nacho» Obregón. Gentileza Carlos Ortiz.

Con la humildad que lo acompañó siempre —“para no herir el sentir de otras personas”, solía decir— señalaba que desde aquella esquina de Guido y Spano nacieron los primeros gajos del Club Don Orione. La convocatoria de los sacerdotes de la parroquia y la llegada de muchachones como Pepe Lestani, Eleuterio González, Julio Arbués y otros fue dando forma al equipo que marcaría una época.

En 1947 emigró a Buenos Aires en busca de trabajo y estuvo a un paso de incorporarse a Boca Juniors, posibilidad que no se concretó por no obtener permiso laboral. De regreso al Chaco, dos años después, Santa María de Oro lo adquiere desde Don Orione por 500 pesos, y desde allí su nombre comienza a resonar fuerte en el fútbol local. Integra el seleccionado liguista y, jugando ante Chacarita Juniors en Resistencia, es observado por dirigentes que primero lo “apalabran” para el Funebrero, pero que finalmente resultan ser emisarios de River Plate.

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Héctor Gamarra en 5 fotos una historia por Chaco TV (youtube)

En Núñez permanece un año y medio, hasta fines de 1952, alternando en reserva y tercera. “Era imposible llegar a primera, estaban Vernazza, Prado, Walter Gómez, Labruna, Sívori, Losteau…”, decía entre risas. Aun así, fue campeón con la reserva millonaria, con él como titular.

Luego vendrían Newell’s Old Boys de Rosario, la Sociedad Española de Chile, donde vivió su mejor momento futbolístico jugando como volante derecho, y más tarde el fútbol colombiano, integrando el Boca de Cali y Millonarios, con giras por Venezuela, Panamá y Ecuador. En Colombia fue goleador, sufrió una seria lesión de rodilla y comenzó a gestarse una decisión que marcaría su vida: no volver a viajar en avión. “Un día nos perdimos en el aire. Fue terrible. No vuelo más”, contó alguna vez.

Rechazó incluso una oferta del América de México y regresó definitivamente al Chaco. En 1958 debutó en Sarmiento, el 27 de abril, en un empate 2 a 2 ante Estudiantes. Sin saberlo, se convirtió en parte de la época de oro del Decano, que ese año lograría su séptimo título consecutivo. Compartió equipo con figuras como Pentenero, Sejas, Benítez, Lestani, Rosciani y Waldemar Santos Oliveira, dejando su sello de talento y carácter.

En 1959 volvió a Buenos Aires, esta vez para estudiar. Ingresó a la Escuela de Directores Técnicos, dirigida por Guillermo Stábile, y se recibió en 1962. Fue ayudante de campo de Vicente de la Mata en Independiente y, en 1966, regresó a Resistencia para dirigir a Chaco For Ever en aquel regional histórico que llevó al club al primer Torneo Nacional de AFA.

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Junto a uno de los más grandes, Nélson Martínez

Desde los años ’70 en adelante, su figura se multiplicó en los bancos de suplentes: For Ever, Don Orione, Sarmiento, Central Norte, Mandiyú, Vélez Sarsfield y tantos otros equipos que recibieron su sabiduría. Ganó campeonatos, formó jugadores y dejó una huella indeleble como formador. En 1987 fundó la Escuela de Fútbol de Alto Rendimiento, un sueño que, aun en sus últimos años, creía posible reimpulsar.

Ya grande, casi sin visión, seguía dando cátedra en charlas de café, con una sonrisa permanente y una amabilidad que lo definían. Posaba para la última foto junto a su esposa y su “hincha número uno”, su nieto Juan Francisco Ojeda: “Este va a ser jugador, sacale una foto”, decía entre risas.

Hoy, a tres años de su adiós, Héctor “Tronquito” Gamarra sigue viviendo en cada anécdota, en cada pibe que aprendió a mirar la cancha gracias a él, en cada charla de fútbol donde su nombre aparece como sinónimo de respeto y conocimiento.
Se fue un hombre casi ciego, pero con la mirada llena de fútbol. Y eso, en definitiva, es ver para siempre.

 POR LUIS DARIO MOLODEZKY 

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