
Foto portada: Hace pocos meses se dio un gusto, poder viajar por el mundo con su madre. Aquí en Roma.
Alejo Toledo tiene 34 años (cumplidos el 15 de octubre) , y su nombre ya ocupa un lugar especial en la historia reciente del básquet chaqueño. Capitán del último gran ciclo de Villa San Martín, fue el rostro de un equipo campeón, el líder que alzó los trofeos de la Asociación de Básquetbol de Resistencia en los torneos Apertura y Clausura, y el símbolo de una identidad construida con pertenencia, compromiso y valores.
Pero Alejo es mucho más que un jugador destacado. Es, sobre todo, un espejo en el que pueden mirarse cientos de chicos, porque logró algo que no siempre parece posible: combinar el alto rendimiento deportivo con una sólida carrera profesional. Hoy, además de referente del básquet, es un destacado médico oftalmólogo, vocación heredada de su padre Daniel Toledo, quien también le transmitió el amor por la pelota naranja.

Desde la cuna al liderazgo
Su historia con Villa San Martín comenzó casi antes de aprender a caminar. A los 4 años, en el club de la calle Saavedra 135, empezó un recorrido que nunca se interrumpió del todo. Pasó por todas las categorías formativas y creció junto a la institución, hasta convertirse en capitán y referente, alguien que entiende el club desde adentro.
Los caminos del deporte y la vida lo llevaron luego a Buenos Aires, donde realizó su residencia médica. Allí defendió camisetas históricas del básquet porteño y bonaerense, disputó el Torneo Federal, el Pre Federal, y llegó a jugar la Liga Argentina, siempre sin perder el vínculo con el club de sus amores. Incluso en el momento más exigente de su formación profesional, buscó equipos que le permitieran entrenar de noche para dedicar el día completo al estudio.

Elegir, resignar y construir
Alejo tuvo oportunidades de dar un salto mayor en lo deportivo. En tiempos de pandemia, llegaron llamados desde la Liga Nacional, pero eligió no abandonar la residencia médica. Fue una decisión difícil, pero coherente con su forma de ver la vida: pensar a largo plazo, sin atajos.
Ese equilibrio entre ambición y responsabilidad marcó su carrera. Nunca se obsesionó con “llegar”, sino con cumplir objetivos cercanos, torneo a torneo, paso a paso. Y así, casi sin proponérselo, terminó construyendo un recorrido admirable: campeón con su club, protagonista en categorías nacionales, y referente dentro y fuera de la cancha.
Capitán, campeón y ejemplo
Su regreso a Villa San Martín fue tan natural como inevitable. Llegó casi de urgencia, para cubrir una necesidad del equipo, y terminó siendo pieza clave y capitán de un ciclo dorado. Con liderazgo silencioso, compromiso cotidiano y sentido de pertenencia, condujo a Villa a lo más alto del básquet local, levantando títulos y consolidando un grupo que dejó huella.
Hoy, cuando se habla de Alejo Toledo, no se habla solo de estadísticas. Se habla de conducta, de esfuerzo, de sacrificio, de noches de estudio, de entrenamientos tardíos, de finales rendidos y pretemporadas que se llevaron vacaciones, fiestas y reuniones familiares. Se habla de alguien que eligió no abandonar ninguno de sus sueños.
Un mensaje que trasciende la cancha
Alejo suele repetirlo con simpleza: se puede. Se puede estudiar y entrenar. Se puede caer y volver. Se puede resignar algo hoy para ganar tranquilidad mañana. Su camino demuestra que el deporte no está reñido con el conocimiento, y que la disciplina aprendida en la cancha también sirve para la vida profesional.
Alejo Toledo es presente y legado. Un capitán campeón, un médico comprometido y, sobre todo, un ejemplo vigente de que cuando la vocación y la pasión van de la mano, el esfuerzo siempre vale la pena.
Por Luis Darío Molodezky




