
12-01-2026
FOTO PORTADA: Mark Holmes (Hindú Club); Marvin Jackson y Steve Washington (Villa San Martín) y Douglas Lauricella (For Ever), cuatro jugadores norteamericanos que tuvieron una interesante labor en el torneo Oficial de básquetbol que organizara la Asociación Resistencia.
A comienzos de la década del ’80, el básquet chaqueño atravesaba una etapa de transición. Las canchas ya no convocaban como antes, el espectáculo parecía repetirse y el entusiasmo necesitaba un impulso renovador. Fue entonces cuando una decisión —que en su momento generó debate— terminó marcando un antes y un después: la incorporación de jugadores norteamericanos a los clubes del ámbito local.
PRODUCCIÓN DE LUIS DARIO MOLODEZKY
El secretario de la Asociación Chaqueña de Básquetbol, doctor Oscar Platas Vera, lo anticipó con claridad el día que arribó el primero de ellos, Steve Washington, quien se incorporó a Villa San Martín. “Este es el comienzo de una nueva etapa de nuestro deporte”, sostuvo. Con el paso de los meses, aquella frase adquirió dimensión histórica.
El impulsor de la transformación
Robert “Bo” Starr fue el principal gestor de la denominada “importación”. Además de desempeñarse como técnico de los planteles de Villa San Martín, actuó como intermediario para facilitar la llegada de los jugadores estadounidenses al medio chaqueño.

Tras Steve Washington, arribaron:
- Marvin Jackson, también a Villa San Martín.
- Julius Howard y Mark Holmes, a Hindú Club.
- Douglas Lauricella, a For Ever.
- Larry Green y Billy Branz, a Unión Progresista.
- Stanley Scales, a Regatas Resistencia.
- Stanley Jackson y Eduard Sheridan, a Don Orione.
Fue un ramillete de jugadores con características diversas, pero con un denominador común: formación técnica sólida, potencia física y una concepción moderna del juego.
El impacto en la competencia
La llegada de estos basquetbolistas coincidió con una temporada de torneos de mayor envergadura y con la conformación de cuatro o cinco equipos de nivel parejo y altamente competitivo. El espectáculo cambió. Las tribunas volvieron a poblarse y el juego adquirió dinamismo, ritmo y espectacularidad.
Sin embargo, la adaptación no fue uniforme. La diferencia idiomática, cultural y metodológica generó algunos inconvenientes. En ciertos clubes fueron los jugadores locales quienes debieron adecuarse al estilo de los recién llegados. En otros casos, la convivencia fue inmediata y productiva.
El aporte de cada institución
Villa San Martín
Fue la institución que mayores resultados obtuvo con sus incorporaciones. Steve Washington y Marvin Jackson se destacaron por su capacidad goleadora, dominio del rebote y fundamentos técnicos. Jackson alcanzó picos de rendimiento extraordinarios. Washington, aunque intermitente, aportó calidad y liderazgo.

Steve y Marvin Jacson en los extremos, y los dirigentes de Villa Downie, Figueroa y Gómez
Hindú Club
Incorporó inicialmente a Mark Holmes, pero la experiencia más resonante fue la de Julius Howard, jugador de enorme potencia física y fuerte temperamento. Mientras mantuvo intensidad, resultó prácticamente imparable. Sin embargo, su tendencia a centralizar el juego generó tensiones internas. Finalmente fue suspendido y regresó a Estados Unidos. Holmes, por su parte, ofreció mayor regularidad y eficacia.
Unión Progresista
Primero llegó Larry Green, quien se integró sin mayores dificultades al esquema del equipo. Posteriormente se sumó Billy Branz, que fue encontrando su lugar progresivamente dentro del plantel.

Unión Progresista de los ’80 concCensano, Larry Green, Jorge Lobera, Milovich y Carlos Lobera
For Ever
Contó con Douglas Lauricella, jugador de buena técnica y aporte ofensivo aceptable, que fortaleció el perímetro del equipo.
Don Orione
Incorporó a Stanley Jackson y Eduard Sheridan. Jackson fue considerado uno de los mejores pivotes del medio, dotado de gran fuerza y lanzamiento efectivo desde media distancia. Sheridan necesitó mayor tiempo de adaptación, pero aportó visión de juego y capacidad en la asistencia.

Regatas Resistencia
Sumó a Stanley Scales, destacado por su capacidad reboteadora. Aunque alternó posiciones entre alero y pivote, mostró virtudes notables, aunque sin alcanzar su techo deportivo en ese período.
Más que refuerzos, un cambio cultural
La presencia de los jugadores estadounidenses no sólo elevó el nivel competitivo. También introdujo nuevas metodologías de entrenamiento, hábitos profesionales y una visión diferente del juego colectivo. Si bien existieron tensiones propias del choque cultural, el saldo fue ampliamente positivo.
El básquet chaqueño ganó intensidad, técnica y atractivo. Pero, sobre todo, sembró inspiración en las divisiones formativas. Aquellos jóvenes que llenaron las tribunas comenzaron a imitar movimientos, gestos técnicos y mentalidad competitiva.
La “importación” no fue un experimento pasajero. Fue una bisagra histórica. Un punto de inflexión que revitalizó al básquet provincial y dejó huella en su identidad deportiva.
PRODUCCIÓN DE LUIS DARIO MOLODEZKY






