
Foto portada: Oscar Natalio «Ringo» Bonavena sentado en el escritorio del gobernador, lapicera en mano dijo que le traigan todos los decretos para firmar, todos sonrientes por la broma de Ringo. Parados de izquierda a derecha: Daniel Pacce, Juan Carlos Gómez, Juan Ortiz, Paredes, el vicegobernador Adolfo «Toto» Torresagasti, Oscar Andreatta (autor del libro), Santiago Airaldi, el gobernador Felipe Bittel, José Mulinetti, «Tito» Gómez (manager de Bonavena), Edgardo «Mito» Outeriño y sentado de espalda Moisés Zain (promotor).
La noche en que Ringo pisó suelo chaqueño no fue una más. Resistencia se vistió de fiesta y el boxeo volvió a latir con esa mística de guantes, ring y tribunas colmadas. La llegada de Oscar Bonavena, ídolo popular y figura internacional de los pesados, convirtió la velada en un acontecimiento social que trascendió lo deportivo.
Ringo no necesitaba presentación. Venía de medirse con los grandes del mundo, de pararse frente a Muhammad Ali y de sostener una carrera que lo había instalado en la élite del boxeo mundial. Pero en el Chaco se lo recibió como a un vecino ilustre: cercano, carismático, con esa mezcla de bravura y simpatía que lo hacía único.
El escenario —como tantas veces en aquellos años dorados del pugilismo local— fue un estadio adaptado para la ocasión. El ring montado bajo las luces, las primeras filas ocupadas por dirigentes y aficionados de siempre, y el murmullo creciente de la multitud que quería ver de cerca al hombre que había hecho vibrar al Luna Park y al Madison Square Garden.
Oscar “Ringo” Bonavena”, realiza una exhibición en el club Villa San Martín, enfrentando a Raúl “ Paponi” Aguirre, en un espectáculo que quedó en el recuerdo de los aficionados de la época.
La presencia de Bonavena significó más que una exhibición o una pelea: fue inspiración. Los jóvenes boxeadores chaqueños encontraron en él un espejo posible; los veteranos revivieron noches históricas; el público, en cambio, disfrutó de la sensación de estar siendo parte de algo grande. Porque cuando Ringo subía al cuadrilátero, el espectáculo estaba garantizado.
Cuentan quienes estuvieron allí que no faltaron los aplausos cerrados ni los pedidos de fotos. Bonavena se brindó como era su costumbre: firme en el ring, generoso fuera de él. Su visita dejó una huella que aún hoy se evoca en las charlas de café y en la memoria de los gimnasios de barrio.
Aquella jornada confirmó que Resistencia también podía ser escala de los grandes nombres del deporte argentino. Y que el boxeo, con su épica de coraje y sacrificio, encontraba en el público chaqueño un aliado incondicional.
La noche de Ringo no fue solo una visita ilustre: fue un capítulo inolvidable de la historia deportiva de la ciudad.
Ringo en Villa San Martín
El 9 de mayo de 1975 quedó grabado en la memoria del boxeo chaqueño. Ese día, Oscar Bonavena llegó a Resistencia para protagonizar una exhibición en el Club Villa San Martín, que presentó un lleno total. La expectativa era enorme y el público respondió pagando $2.000 las entradas populares, $4.000 las especiales y $6.000 el codiciado ring side.
Ringo justificó el “palo y medio limpio” que percibió por su presencia con seis rounds de liviano entrenamiento, en una velada que tuvo más de espectáculo y humor que de combate formal. Fiel a su estilo, se mostró en gran forma física, ágil y potente, pero siempre consciente de que se trataba de una exhibición para el disfrute del público.
Quien no pareció comprender del todo el tono de la noche fue el pesado marplatense Tosto, que intentó llevar las acciones a un terreno más serio. Sin embargo, el manager “Tito” Gómez lo obligó a colocarse protector de cabeza y a ajustarse a las condiciones pactadas. Aun así, tras apenas dos rounds, Tosto descendió con la nariz sangrante. Bonavena, con autoridad y oficio, dejó en claro que si alguien pretendía ir más allá del marco exhibitorio, debía estar dispuesto a asumir las consecuencias.
Hubo un intento posterior de continuar, pero el clima ya había cambiado. Un abandono y la falta de continuidad en el conteo por parte del árbitro hicieron que todo concluyera prácticamente antes de empezar en términos competitivos. La noche volvió entonces a su cauce original: el de una demostración controlada, con guiños al público y la impronta carismática de Ringo.
Más allá de los matices, la visita de Bonavena fue un acontecimiento social y deportivo. Villa San Martín vivió una jornada histórica, con tribunas repletas y la sensación compartida de estar frente a una figura que había llevado el boxeo argentino a los primeros planos del mundo.
Aquella exhibición del 9 de mayo de 1975 no fue una pelea más: fue la confirmación de que Resistencia también podía vibrar al ritmo de los grandes nombres del deporte nacional.
Ringo falleció asesinado un año después, el 22 de mayo de 1976 en Reno, Nevada, con solo 33 años. Paponi falleció el 6 de febrero de 2019 a los 68 años.
PRODUCCION: LUIS DARIO MOLODEZKY






