
55Ex boxeador, trabajador “todo terreno”, José Jatchuk, llegó de su ciudad natal, Villa Berthet, donde el 8 de enero de 1947. Con 17 años, Resistencia lo recibió a principios de los 60 y lo adoptó cuando se subió al ring.
Se rebuscó trabajando en quintas privadas, labor que conocía desde muy chico, cuando tuvo que trabajar en el campo de su abuelo. “Mi padre falleció cuando yo era muy chico y tuve que trabajar en el campo”, cuenta.
Fue peón en la feria, donde ayudaba a hombrear bolsas. Playero de una estación de servicio, empleado en una fábrica de prepizzas, portero en el Club Progreso y finalmente ingresó a la Provincia, donde fue chofer de todos los ministros de Economía entre 1974 y 2005.
José Jatchuk fue un boxeador que marcó una época en Resistencia en los años 60. “Ni cuando traían boxeadores profesionales de Buenos Aires se recaudaba tanto como cuando peleaba yo”, afirma con tono humilde.
Fue un fenómeno del momento, dada la rapidez con que terminaban sus peleas. “No tenía técnica, pero con una mano podía tumbar a tipos quince o veinte centímetros más altos que yo”, comenta.
Su última pelea fue el 8 de octubre de 1971 en el Sindicato Municipal contra en enterriano Rogelio Díaz. Allí dijo basta a la explotación a la que era sometido por los organizadores de los combates. “Les tiré la plata sobre la mesa”, asevera.

Con su entrenador Domingo D’Elía (p): “Una gran persona”, lo recuerda.
La llegada a Resistencia
-¿Que lo trajo a Resistencia?
-Vine buscando trabajo. En Villa Berthet trabajaba en el campo de mi abuelo que tenía plantaciones de algodón, maíz, entre algunos productos agrícolas, además de animales como ovejas, vacas…
Mi papá era relojero y carpintero, aunque conocía más oficios. Falleció cuando yo tenía 7 años. Entonces fui a trabajar al campo con mi abuelo pero después falleció él también. Y la familia se iba desarmando porque cada cual buscaba trabajo por su lado.
-¿Cuál fue su primer trabajo en Resistencia?
-Empecé a trabajar en quintas, cuando necesitaban gente, porque conocía el oficio. Más adelante trabajé en la feria, donde por mucho tiempo ayudé a don Luis Zampa que era un feriante muy conocido y me ofreció trabajar con él y así me fui haciendo…
Pero después hice muchos trabajos: fui playero en una estación de servicio, empleado en una fábrica de prepizzas, en el Club Progreso fui portero y finalmente ingresé a la Provincia, donde fui chofer del Ministerio de Economía por más de 30 años.
-¿En qué período?
-Desde 1974 hasta el 2005. El primer ministro para el que conduje fue Juan Carlos Benítez, cuando el gobernador era Deolindo Felipe Bittel.
Durante 31 años anduve por toda la provincia. Ahora hay asfalto pero antes había que “hamacarse”. En esa época era muy complicado cuando llovía.
-¿Habrá escuchado cada conversación, llevando a los ministros de Economía…?
-Pero yo no escucho, soy sordo (sonríe con ironía), por ahí me hablan y ni cuenta me doy.
-¿De cuál de los ministros tiene el mejor recuerdo?
-Nunca tuve problemas con ninguno, anduve bien con todos… Si me pedían que los pasara a buscar a las tres de la mañana, a las tres menos veinte ya los estaba esperando en la puerta de su casa. Nunca se quejaron por mi trabajo.
Desde que ingresé al Ministerio de Economía, jamás me cambiaron de sector. Ni en la época de los militares. Siempre en el mismo puesto y con todos los ministros.
En esa época todo parecía más tranquilo. Había más respeto. Se respetaba tanto a los mayores como a los menores que uno. Si era mayor con más razón.

Los recortes que lo tenían como protagonista de la época.
El boxeo
-¿Cómo fue que se dedicó al boxeo?
-En el período que trabajaba en la feria, aunque antes ya me gustaba mucho el boxeo. Escuchaba por radio las peleas de (José María) Gatica y (Alfredo) Prada. Me hervía la sangre cuando escuchaba esas peleas en el campo con una radio a batería.
-¿Boxeaba en Villa Berthet o comenzó cuando llegó a Resistencia?
-Cuando ya estaba en Resistencia, después de los 18 años me empecé a entrenar. Debuté cuando tenía casi 20 años y en total hice 14 peleas. Gané 12, perdí una por puntos y una por abandono. De las 12 gané 10 por nocaut y dos por puntos.
Pero después dejé de boxear porque nosotros subíamos al ring a hacer el deporte que nos gustaba pero los que ganaban más plata eran los que se quedaban abajo.
La última vez les tiré la plata arriba de la mesa y les dije que no necesitaba, “soy pobre pero soy honrado”, dije. Y mi hermano más chico hizo lo mismo. Mi hermano hizo seis peleas y las ganó todas. Y ese mismo día que abandoné, abandonó él también.
No era fácil porque uno veía que los demás se quedaban con todo y a nosotros nos dejaban “limosna”.
Siempre dije que boxeaba porque amaba este deporte, no por necesidad. Aunque siempre fui pobre jamás van a decir que me haya robado un peso. Porque fue lo primero que me enseñó mi padre (se emociona). “Si necesitás pedí pero no robes, alguien te va a ayudar”, nos decía.
-¿En sus 14 peleas disputó algún título?
-Gané el título chaqueño y tenía que representar a la Argentina en un campeonato internacional amateur. Pero finalmente fue un mendocino que le decían “El Gigante de la Feria”.
Entonces me ofrecieron representar a Paraguay, pero me negué porque soy argentino y no quería pelear para otro país. El que fue a representar a Paraguay fue “Cepillo” Lezcano, que era mi gran rival y perdió contra el argentino.
También me quisieron llevar a pelear a Buenos Aires pero no quise ir porque tenía a mi mamá a cargo. Mis otros hermanos se casaron todos y me quedé a cuidarla.
Soy el del medio de cinco hermanos y los demás se fueron casando, así me quedé con mi madre. Es la ley de la vida.
Mi padre era ucraniano y vino a la Argentina escapando de la guerra. Mi madre era hija de árabes y su abuelo también vino escapando de la guerra. Mi abuela materna era italiana.
El apellido de mi madre era Alí, como Muhamad Alí, a quien admiraba mucho como boxeador.

Con los recuerdos de sus años de deportista.
-¿Y entre los argentinos?
-A Ringo (Bonavena). Como soy dos o tres años más joven que Ringo y alguna vez me consultaron si lo hubiese querido enfrentar. “Por supuesto”, contesté. No tenía miedo a nadie. Y lo hubiese enfrentado con gusto.
Cuando peleaba en Sarmiento se recaudaba más que cuando traían boxeadores profesionales de Buenos Aires y a mi me daban monedas. No es justo. Si bien era aficionado, no es justo que se queden con todo y me den tan poco.
Por eso, en la última pelea, en el Club Municipales, le dije a Domingo D’Elía que no iba más y les tiré a los productores la plata arriba de la mesa y les dije que limosna no recibo y mi hermano, que también peleaba, hizo lo mismo.
Alguno de la Comisión de Box intervino diciendo que no podía hacer eso. “Usted cállese”, le dije y me contestó: “no me voy a callar nada”. Entonces le dije: “Vamos afuera, a ver si no te callás, porque vos sos uno de los culpables”. Y así se terminó el boxeo para mí.
Cada tanto me venían a buscar para que vuelva a pelear pero siempre me negué.
-¿Qué edad tenía?
-Era muy joven, 23 años tenía.
-Tenía toda la carrera por delante.
-Sí, fueron solo tres o cuatro años de boxeo.
-¿Sigue el boxeo actualmente?
-Todavía miro muchas peleas. Me sigue gustando el boxeo y lo miro cuando pasan peleas por televisión.
-¿Qué boxeador argentino le gusta en la actualidad?
-(Omar) Narváez, aunque ya está viejo pero es bueno el petiso.
-¿Cuál le pareció el mejor en absoluto?
-Para mí, Cassius Clay, sin dudas, el que más me gustó. Después me gustaba mucho Ray “Sugar” Leonard. Otro argentino fue Nicolino Locche, que tenía una velocidad y unos reflejos increíbles.
-¿Y Monzón?
-También, era uno que pegaba muy fuerte, muy buen boxeador. No tenía mucha técnica pero cuando ponía bien una mano terminaba la pelea. A mi me pasaba lo mismo. No tenía mucho boxeo pero le metía una mano a un tipo de unos quince o veinte kilos más que yo y lo noqueaba. Este era un rosarino que medía quince centímetros más que yo. Ese es el momento del nocaut.
Recuerdos
-Recién lo mencionó a Domingo D’Elía, su entrenador. ¿Qué recuerdos tiene de él?
-Era una excelente persona. De él solo tengo cosas buenas para decir, lo mismo que su hijo, Cacho (Domingo D’Elía hijo). Aunque Domingo no quería que pelee con Cacho. Lo hizo pelear en categorías más bajas hasta que me retiré (bromea). Con Cacho siempre nos llevamos bien, aunque no nos vemos muy seguido. He ido algunas veces a comer asado a su casa.
Su frontalidad lo llevó a conservar sus amistades, incluso con quienes trabajaba: “Con todos los patrones que tuve, hoy no tengo ningún problema”, asegura. “Siempre fui claro cuando tenía que tomar decisiones”, refiriéndose al trabajo pero así también fue en el boxeo.
Habla poco, como si recién hubiese llegado de su Villa Berthet, de trabajar en el campo. Con un aire melancólico y la humildad de quien se brindó al trabajo que le tocara, se enorgullece de considerarse “un tipo sencillo” que no tiene problemas con nadie y que se siente “un tipo feliz”.
MARIANO BIANUCCI
(Nota pubicada en La Chaqueña de Diario Norte en febrero de 2016. Fue un homenaje en vida.)

Epígrafes:






