
El jugador chaqueño de Lanús, Jorge Díaz Giménez analiza su rol en los cuartos de final ante Villa San Martín, repasa su camino por la Selección Argentina y deja un mensaje cargado de identidad para los jóvenes de su tierra.
En cada equipo hay jugadores que sostienen el equilibrio desde lugares menos visibles. En Lanús, ese rol lo interpreta con intensidad y carácter Jorge Díaz Giménez, el base nacido en Corzuela que supo construir su camino desde el interior chaqueño hasta competir en los primeros planos de la Liga Argentina. “Mi rol en el equipo es salir desde el banco y darle intensidad, sobre todo en defensa. En ataque trato de acomodar al equipo, porque juego de base. Sé que entrando desde afuera tengo que ser como una sorpresa”, explica a QuintoCuartoNea.com, con claridad conceptual sobre su función dentro de la estructura.
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Lanús llegará a Resistencia con ventaja de dos a cero en la serie de cuartos de final, pero el propio Díaz Giménez no se confía. La mudanza a la capital chaqueña, donde la serie continuará frente a Villa San Martín, plantea un escenario complejo. “Vamos con expectativas muy altas, pero sabemos que va a ser durísima. De local ya nos costó mucho ganarles. Son un equipo muy rápido, muy inteligente y no se rinden fácil. De visitante va a ser todavía más difícil”, advierte.
El contexto no admite distracciones. En esta instancia, cada detalle pesa. “En cuartos de final todos los equipos son duros. Y cuando te toca jugar afuera, más todavía”, resume.
Pasión por la celeste y blanca
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Pero detrás del presente competitivo hay una historia que trasciende la coyuntura. Díaz Giménez es parte de una camada que dejó su huella en las selecciones juveniles argentinas. Su memoria emotiva se detiene en aquel Sudamericano 2023 en Medellín, donde el equipo se consagró campeón. “Fue un grupo increíble. No solo por los jugadores, también por todo el cuerpo técnico. Se armó algo muy lindo”, recuerda.
Su recorrido continuó con experiencias internacionales, incluido el Mundial 2025 en Suiza. “Viajar a otro país, jugar un Mundial… nunca me lo imaginé. Tenerlo como recuerdo es algo muy especial”, confiesa.
Hoy, ya en categoría mayor, aguarda una nueva oportunidad con la camiseta nacional. “Siempre estoy preparado para cuando me toque. Si soy convocado, voy a estar”, asegura, con la convicción de quien entiende que el proceso no se detiene.
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La nostalgia que invade
Lejos de su Corzuela natal, el contraste con la vida en Buenos Aires se hace sentir.
“Extraño mucho la tranquilidad, mi familia, mis amigos. Allá es todo más simple. Acá hay muchísima gente, es otro ritmo”, describe.
También aparecen los recuerdos más profundos: los inicios, el club del pueblo y una figura clave en su formación. “Lo que más extraño es haber jugado desde chico con mis amigos y, sobre todo, que mi abuelo haya sido mi entrenador. Él me enseñó todo”, dice, con emoción.

Ese vínculo atraviesa su identidad deportiva. “Cuando me preguntan quién es mi abuelo, digo que es mi entrenador. Para mí es todo”, sintetiza. De hecho, Jorgito lleva el mismo nombre que su abuelo Jorge, aunque en la zona todos lo conozcan y reconozcan como Porki Giménez. Formador y entrenador de varias generaciones en el sudoeste chaqueño.
Antes de cerrar, deja un mensaje para los chicos del Chaco, especialmente para los de su pueblo: “Que disfruten, que vayan a donde les toque jugar y que entrenen mucho. Eso es lo que los va a llevar lejos”.
Mientras la serie se traslada a Resistencia, Jorge Díaz Giménez se prepara para asumir nuevamente su papel: ese que no siempre aparece en las estadísticas, pero que puede inclinar partidos. El de la energía, la sorpresa y la convicción de representar, en cada paso, a su tierra.





