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Los números de un mundial super mercadizado

El problema de las distancias en un Mundial en tres países distintos

El problema de las distancias en un Mundial en tres países distintos

Foto portada: Hinchas Tras sus propias odiseas, los argentinos llenan los estadios donde juega la Selección. 

En Rusia los aficionados podían viajar gratis. Hoy los traslados engrosan un costo altísimo por el valor de las entradas. El contraste entre Qatar y Estados Unidos. ¿Se piensa en los hinchas?

A este Mundial 2026, supermercantilizado, lo está salvando el juego. Las estrellas, los equipos, los partidos conmovedores, como el propio Argentina-Cabo Verde. Todo desde afuera apunta al negocio, desde los “cuatro cuartos” hasta los valores desmedidos de las entradas con reventa oficializada. También un VAR ultraceloso desnaturaliza el juego. La tecnología que más que ayudar a salvar errores evidentes busca hormigas o agujas en el pajar, tal como lo sufrió Croacia ante Portugal.

No obstante, el juego resiste igual. Están los Messi, los Mbappé, los Kane, los Haaland. Cabo Verde. Pero andá a decírselo a Modric, quien no merecía irse así de los Mundiales. Hoy el origen de esa mercantilización desmedida del Mundial está en la sede. Más allá de la geopolítica: Cuesta explicar por qué Rusia no puede participar por la “invasión” a Ucrania, pero sí puede participar y ¡organizarlo! el país que más invade a otros.

Aparte de eso, que se juegue en Estados Unidos, con México y Canadá como convidados de piedra, lo hace un Mundial para millonarios o para quienes se endeuden desmedidamente por su pasión. El problema no solo está en el valor de las entradas, sino en que la Copa del Mundo se desarrolle en un país base que es un continente y sin el tren como el medio de transporte principal.

Desde esa certeza vale repasar los últimos mundiales para concluir que este tipo de certámenes ecuménicos debe organizarse en países con diversificación de transporte y accesibilidad en los precios. Brasil 2014 no tuvo el problema de los valores de las entradas; de hecho, comprar un ticket oficial del remanente de AFA-FIFA para la semifinal Argentina-Holanda costó unos 130 dólares (el más barato) cuando hoy se llegó a pagar entre 2.000 y 3.000 dólares por un choque de 16avos como el partido ante Cabo Verde.

Pero ya Brasil 2014 presentó el problema del transporte. Un país tan grande sin un gran sistema ferroviario complica la llegada a diferentes sedes, tanto para periodistas como para aficionados. Fue una odisea viajar de Río a Brasilia, por ejemplo, para Argentina-Bélgica. Miles de argentinos que fueron a la Copa con base en Río, o eventualmente en San Pablo, optaron por descartar el tercer partido en Porto Alegre al que, por el contrario, llegaron más aficionados solo para ese encuentro desde Buenos Aires, desde donde estaban casi más cerca. Pero hasta ocurrió que enviados especiales acreditados para un partido tan importante como Italia-Uruguay en Natal no pudieron viajar ni cubrirlo para sus medios por falta de frecuencia en los vuelos.

En Estados Unidos sobran las frecuencias, pero los costos son más altos y agrandan el presupuesto desmedido por valor de entradas y alojamiento. Cuando el Mundial se hizo en el país más grande del mundo, Rusia, el transporte no solo no fue un problema, sino que incluso fue una solución con accesibilidad para todos. A través del tren se pudo llegar hasta las sedes más remotas, viajando de partido a partido, ¡pero incluso con pasajes gratis para los aficionados con tickets! En el Mundial de Alemania, el mejor en organización y transporte, ya el tren fue gratis para periodistas. En Rusia, ¡el tren fue gratis para los hinchas! Contraste demasiado grande con quienes hoy tienen que pagar un vuelo, tramo interno, entre Kansas y Miami, por ejemplo, de 300 a mil dólares, según el tiempo de antelación con que lo adquieran.

La accesibilidad al extremo fue Qatar, por las escasas distancias, que permitió que aficionados vean más de un partido en la misma ciudad el mismo día. Los viajes también fueron un problema en Sudáfrica, que quizá disimulamos por la calidez del país que nos recibió.

Miles de argentinos alientan a la Selección en los estadios en este Mundial. Desde celebridades hasta viajantes o residentes con mucho poder adquisitivo o endeudándose al extremo. Pero son un ínfimo porcentaje. De cualquier forma, millones de argentinos no podrían ir a ningún Mundial. Pero para nosotros o el resto de visitantes del mundo, una Copa del Mundo es definitivamente más cómoda -y económicamente un poco más aliviada- en países con tren, sin ánimo de discriminar a otros (ojalá nunca nos hubiera pasado aquello del “ramal que para, ramal que cierra”, considerando que Argentina es sede inicial en 2030).

Los Mundiales de Francia, Alemania y Rusia, al cabo, y por el tren, fueron los más accesibles de la Era Moderna. Este de Estados Unidos, México y Canadá es el de mayores inconvenientes.

Por Vito Amalfitano – Página 12

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