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Carlos María “Pocholo” Aguilar, el maestro de generaciones

Carlos María “Pocholo” Aguilar, el maestro de generaciones

 

Cada 25 de junio vuelve a encenderse en la memoria del deporte chaqueño el nombre de Carlos María Guillermo “Pocholo” Aguilar. No se trata solamente de recordar a un extraordinario basquetbolista, a un profesor ejemplar o a un dirigente innovador. Se trata de evocar a uno de esos hombres que dejan una huella profunda en la comunidad, de aquellos que transforman vidas y cuyo legado continúa creciendo mucho después de su partida.

Nacido en Villa Ángela el 25 de junio de 1930, Pocholo Aguilar fue mucho más que un deportista exitoso. Fue un educador apasionado, un formador de generaciones, un promotor incansable de la actividad física y, sobre todo, un hombre que entendió que el deporte era una herramienta para construir valores, disciplina, amistad y sueños.

Su historia comenzó muy temprano. A los nueve años ya corría detrás de una pelota de básquet en las instalaciones de Villa San Martín, el club que sería su segunda casa y con el que escribiría algunas de las páginas más brillantes del deporte chaqueño. Con apenas 16 años llegó a la primera división y rápidamente se convirtió en una de las figuras más destacadas de la institución.

Aquella pasión por el básquet fue acompañada por una enorme vocación de superación. Mientras brillaba en las canchas, también se preparaba académicamente para una misión que terminaría marcando su vida. En Buenos Aires cursó sus estudios en el Instituto San Fernando, donde se recibió de profesor de Educación Física y permaneció varios años perfeccionándose.

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El campeón dentro y fuera de la cancha

Uno de los momentos más recordados de su carrera deportiva llegó en 1951, cuando integró el histórico equipo de Villa San Martín que conquistó el Campeonato Argentino de Clubes en San Juan. Aquella consagración colocó al deporte chaqueño en el escenario nacional y tuvo en Pocholo a una de sus figuras sobresalientes.

Fue reconocido como el mejor jugador del torneo y distinguido con el premio al “Caballero del Deporte”, una definición que terminaría acompañándolo para siempre. Porque si hubo algo que caracterizó a Aguilar fue la nobleza con la que entendió la competencia deportiva.

Integró además aquellos memorables equipos de Villa San Martín que dominaron el básquet provincial durante años, obteniendo nueve campeonatos consecutivos y convirtiéndose en una referencia ineludible para generaciones de jugadores.

Sin embargo, los triunfos deportivos jamás fueron para él una meta definitiva. Entendía que las medallas y los trofeos tenían verdadero valor cuando servían para educar y transmitir principios.

El nacimiento del gran formador

Al regresar a Resistencia en 1958, impulsado por el dirigente Remigio Borque y respaldado por la comisión directiva de Villa San Martín, creó la primera Escuela Deportiva de la entidad.

Aquella iniciativa fue revolucionaria para la época. No se trataba solamente de enseñar técnicas deportivas. El objetivo era formar integralmente a niños y jóvenes, inculcando hábitos saludables, responsabilidad, compañerismo y respeto.

Desde ese espacio nacieron innumerables deportistas y ciudadanos que años después recordarían con gratitud las enseñanzas de aquel profesor exigente, pero profundamente humano.

Pocholo fue además un verdadero pionero de la gimnasia artística en el Chaco. Gracias a su trabajo, equipos de niños y jóvenes alcanzaron destacados logros nacionales, llegando incluso a conquistar torneos argentinos de gimnasia por equipos.

Su visión iba mucho más allá del resultado deportivo. Sabía que cada niño que encontraba un lugar en el deporte tenía una oportunidad de crecer, aprender y desarrollarse.

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El Gimnasio Griego: una institución dentro de la ciudad

En 1962 fundó su propio instituto, el recordado Gimnasio Griego. Primero frente a Villa San Martín y luego, desde 1968, en su histórica sede de Entre Ríos 566.

Por sus instalaciones pasaron miles de chaqueños. Deportistas de alto rendimiento, niños que daban sus primeros pasos en la actividad física, familias enteras que encontraron allí un espacio de encuentro y crecimiento.

El Gimnasio Griego se convirtió en una referencia obligada de Resistencia y en una verdadera escuela de vida.

Junto a su esposa, Aydeé Rosa Bompadre, construyó una obra que trascendió ampliamente las fronteras del deporte. Ambos hicieron del gimnasio una extensión de su hogar, un lugar donde siempre había tiempo para una palabra de aliento, un consejo o una enseñanza.

Gimnasio Pocholo Aguilar | Resistencia

Una familia inmensa y un legado eterno

El hombre que enseñó a tantas generaciones también construyó una familia ejemplar.

Junto a Aydeé formó un hogar que fue creciendo con los años hasta llegar a ocho hijos, más de veinte nietos y varios bisnietos.

Quienes lo conocieron destacan que, más allá de los logros deportivos, su mayor orgullo siempre fue su familia. Allí encontraba la verdadera dimensión de la felicidad y la razón profunda de todo su esfuerzo.

El poeta de los últimos años

Como si el deporte no hubiera sido suficiente para expresar su sensibilidad, en sus últimos años descubrió otra pasión: la literatura.

Pocholo Aguilar se convirtió en un poeta delicado y profundo. Publicó numerosos trabajos en medios periodísticos y participó activamente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), filial Resistencia.

Sus versos revelaban la misma sensibilidad que había demostrado durante toda su vida. Hablaban de la amistad, del tiempo, de los afectos y de la gratitud por la existencia.

Era el mismo hombre que había enseñado a correr, saltar y competir, pero ahora utilizando las palabras para transmitir emociones.

Gimnasio Pocholo Aguilar - Resistencia

Un reconocimiento merecido

La magnitud de su aporte quedó reflejada en octubre de 2008, cuando el Ministerio de Educación del Chaco le rindió homenaje instituyendo el trofeo “Carlos María Aguilar”, destinado a reconocer anualmente al mejor profesor de Educación Física de la provincia.

Fue una forma de agradecer décadas de entrega y de perpetuar un nombre que ya era sinónimo de educación, esfuerzo y excelencia.

El adiós y la permanencia

El 30 de octubre de 2014, a los 84 años, Carlos María “Pocholo” Aguilar falleció en Resistencia.

La noticia provocó un profundo dolor en el deporte chaqueño. Se iba una figura irrepetible, un pionero, un referente y un amigo de todos.

Sin embargo, algunas personas no desaparecen nunca del todo.

Pocholo sigue presente en cada profesor que entiende la educación física como una herramienta de formación humana. Sigue vivo en cada deportista que aprendió de él el valor de la disciplina y el respeto. Sigue acompañando a las generaciones que pasaron por Villa San Martín, por el Gimnasio Griego y por los innumerables espacios donde sembró enseñanzas.

A 96 años de su nacimiento, el mejor homenaje no está solamente en recordarlo, sino en continuar su obra.

Porque Carlos María “Pocholo” Aguilar fue campeón argentino, dirigente, profesor, entrenador y poeta. Pero por encima de todo fue un maestro de vida.

Y los verdaderos maestros nunca se van. Permanecen en cada enseñanza, en cada ejemplo y en cada persona que tuvo la fortuna de cruzarse en su camino. Su legado sigue iluminando al deporte chaqueño y a toda una comunidad que todavía lo recuerda con cariño, admiración y gratitud.

 

LUIS DARIO MOLODEZKY

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