
POR LUIS DARIO MOLODEZKY
Hay premios que no sólo distinguen a una deportista. Hay consagraciones que marcan una época, que anticipan el futuro y que, con el paso del tiempo, adquieren un valor simbólico todavía mayor.
Hace 35 años, el Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco consagraba a Azucena Zorzón como Deportista del Año, convirtiéndola en la cuarta ganadora de un galardón que, tres décadas y media después, continúa siendo el máximo reconocimiento al deporte chaqueño. Aquella distinción no fue un gesto aislado ni una moda pasajera. Fue el reconocimiento a una trayectoria excepcional, a una mujer que rompió barreras en un tiempo donde el taekwondo —y el deporte de combate en general— todavía parecía territorio exclusivo de los hombres.

Azucena Zorzón: cuando el mundo miró al Chaco
Hay fechas que quedan grabadas en la memoria deportiva de una provincia. 1981 es una de ellas. En el estadio del Club Regatas Resistencia, el Chaco fue escenario de un hecho inédito: la realización de un Campeonato Mundial de Taekwon Do, organizado por la Asociación Chaqueña que conducía el recordado Javier Dacak.
Allí, ante su gente y representando a la Argentina, una joven atleta chaqueña escribió una página imborrable. Azucena Zorzón, alumna del propio Dacak, se consagró campeona mundial tras imponerse a tres competidoras de los Estados Unidos, en tiempos donde la participación femenina en las artes marciales era todavía una excepción y no una regla.
No fue sólo un título. Fue un quiebre. Fue la confirmación de que desde el interior del país, desde el Chaco, también se podía llegar a la cima del deporte mundial.
El reconocimiento que llegó con el tiempo
Nueve años más tarde, en 1990, ese camino de esfuerzo, perseverancia y logros tuvo su merecido reconocimiento. Durante la novena edición de la Fiesta del Deporte, realizada en el Centro Deportivo Don Bosco, el Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco consagró a Azucena Zorzón como Deportista del Año.
La distinción no fue casual. Azucena consiguió su segundo título mundial de Canadá. Fue el premio a una trayectoria que había trascendido fronteras y que había abierto puertas para muchas mujeres que vendrían después.
Aquella noche, Azucena fue distinguida en Artes Marciales, compartiendo el cuadro de honor con destacados deportistas de la provincia:
Carlos Varas (atletismo), Héctor García (automovilismo), Alejandro Acosta (básquetbol), Rubén Mañas (bochas), Ernesto Sena (boxeo), Juan Domingo Perón (canotaje), Hugo Cosich (ciclismo), Juan Kusmak (dirigente), José Fernández (fútbol), Alfredo Bradford (golf), Christian Talavera (handball), Claudio Pedroza (hockey), el homenaje a Dante Dell’Orto, Ricardo Nolte (karting), Oscar Romero (maratón), Chirette Fernández (motociclismo), Guillermo Sobrado (natación), Norberto Felicia (pelota), Walter Farías (pesas), Teresa Bustamante (pesca), Héctor y L. Zapata (regularidad), Javier Pértile (rugby), Cecilia Dávila (tenis), Alfredo Eiman (tiro) y Mariana Sampaolesi (vóleibol).
Un legado que perdura
Con el paso de los años, aquella consagración adquiere un valor aún mayor. Porque no sólo premió a una campeona mundial, sino a una pionera, a una mujer que se animó cuando no era sencillo animarse, que compitió cuando eran pocas y que ganó cuando parecía imposible.
Hoy, cuando el taekwondo femenino argentino es potencia y la presencia de mujeres en los mundiales es una constante, la historia de Azucena Zorzón vuelve a iluminar el camino. Como recuerdo, como ejemplo y como orgullo del deporte chaqueño.
Porque hay triunfos que no envejecen. Y hay nombres que, con el tiempo, se transforman en legado.

Una historia que comenzó casi sin saberlo
Azucena recuerda que todo empezó a mediados de los años 70, entre 1975 y 1976, casi de manera casual. Una charla, una entrada vendida por un profesor de dactilografía, una exhibición de “karate coreano” a cargo de un equipo paraguayo. Nadie hablaba aún de taekwondo como se lo conoce hoy.
Aquella exhibición fue el punto de partida. Allí conoció la escuela del gran máster Javier Dacá, quien ya enseñaba en Resistencia. Poco después, Azucena se inscribió, aun sabiendo que no todos veían con buenos ojos que una mujer practicara ese arte marcial. Persistió. Entrenó. Se quedó.
Y ya no paró más.
De pionera a campeona mundial
Fue una de las primeras mujeres de la región en rendir para Cinturón Negro, y en 1981, cuando el taekwondo femenino recién daba sus primeros pasos a nivel competitivo, llegó el desafío mayor: el Tercer Campeonato Mundial, organizado en Resistencia, Chaco.
Eran pocas las mujeres que competían en ese momento. Apenas dos representantes argentinas. Y allí, en su tierra, Azucena Zorzón se convirtió en campeona mundial, logrando una hazaña histórica: fue la primera mujer campeona del mundo en un torneo donde por primera vez participaban mujeres.
En ese instante no hubo conciencia plena de lo que significaba. Había alegría, emoción, orgullo. Estudiaba, trabajaba, entrenaba, competía. Vivía el deporte con la intensidad de quien construye sin saber que está haciendo historia.
Un camino de lucha, viajes y madurez
Vinieron años de formación, de enseñanza, de abrir caminos. La experiencia del Mundial en el Reino Unido, duro y exigente, dejó marcas y aprendizajes. Y luego, ya radicada en el sur del país, llegó Canadá 1990.
Ese segundo título mundial fue distinto. Más maduro. Más consciente. Y también colectivo: el taekwondo femenino argentino ya había cambiado. Las categorías crecían, los equipos se formaban, la mujer empezaba a ocupar el lugar que merecía.
Ese Mundial marcó un antes y un después. Desde entonces, la presencia femenina nunca volvió a faltar en los campeonatos del mundo. Juveniles y mayores, formas y lucha, equipos e individuales. El camino estaba abierto.

El premio que también fue una señal
Cuando en 1989 el Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco la consagró Deportista del Año, no sólo se premió a una doble campeona mundial. Se reconoció a una pionera, a una referente, a una mujer que había llevado el nombre del Chaco al escenario internacional y que había contribuido a transformar el deporte desde adentro.
Fue un premio justo, necesario y visionario.
Hoy, 35 años después, aquel reconocimiento cobra un valor especial. Porque el taekwondo femenino creció, se multiplicó y se consolidó. Porque nuevas generaciones compiten sin saber que muchas de esas puertas se abrieron gracias a mujeres como Azucena Zorzón.
Un legado que sigue vigente
Azucena suele decir que el mayor desafío no está sólo en la técnica o en el físico, sino en animarse, en atravesar los miedos, en no aflojar cuando las emociones pesan. Su mensaje sigue siendo el mismo: entrenar, fortalecerse y creer.
A 35 años de aquella consagración, su historia no pertenece sólo al pasado. Es memoria viva del deporte chaqueño. Es identidad. Es ejemplo.
Y es, sobre todo, una de esas historias que merecen ser contadas una y otra vez.
NOTA DE 1981 EN DIARIO NORTE
—¿Cuándo comenzaste a practicar este deporte?
—Exactamente el 5 de agosto de 1977. Es decir que llevo cuatro años de práctica activa.
—¿Cuáles fueron los torneos más importantes en que participaste?
—En 1978 participé en el Torneo Argentino categoría femenina —único certamen de este tipo que se realizó hasta el momento—. Me clasifiqué cuarta, en esa oportunidad no me fueron bien las cosas. En ese momento tenía cinturón verde.
—¿Cuándo llegaste a cinturón negro?
—El cinturón negro lo alcancé hace muy poco, apenas dos meses.
—¿Qué te llevó a practicar esta disciplina deportiva?
—Mirá, siempre me gustó desde muy pequeña la gimnasia y todo tipo de artes marciales. No sabía por cuál me iba a decidir hasta que fui a ver una clase, cuando se practicaba en Hindu. Luego fui a varias clases más, pero lo que más me gustó fue la disciplina, el respeto que se tenía a los cinturones superiores. El maestro me llevó a que me decidiera por el Tae Kwon Do. Te aclaro que no sabía lo que significaba Tae Kwon Do, lo conocí por un alumno de Javier, que era profesor mío de dactilografía. Así fui conociendo, primero cómo se manifestaba, fui a varias clases primero, hasta que me inscribí y comencé, sin pensar que llegaría a cinturón negro, y nada de eso.
—¿Cuál fue tu primer profesor?
—Mi profesor fue Javier Dacak desde el comienzo.
—¿Qué es para vos este deporte?
—Es una pregunta que todos la hacen. Para mí significa muchas cosas, en este momento significa mucho, muchísimo. Es una forma de vida, muchas cosas: disciplina, medio de vida, una orientación.
—¿Cuánto tiempo trabajás diariamente?
—Casi siempre trabajamos dos horas, ahora cuando hay algún torneo lo hacemos un poco más, alcanzamos hasta cuatro horas de práctica diaria. Allí realizamos trabajo físico y luego de técnica, lucha, o de hyones, o de lo que fuera. Si tenemos algún torneo se trabaja primeramente en lo físico y luego de estar en óptimas condiciones se hace lo técnico.
—De las especialidades de lucha, hyones y rotura, ¿cuál te gusta más y por qué?
—Hay dos, pero la que más me gusta es lucha; si tuviera que elegir otra sería rotura. Mientras que hyon es lo más importante dentro del Tae Kwon Do, lo dejo por la lucha. El hyon es lo más difícil realmente, es lo más bello que tiene esta disciplina, es la parte donde se empieza a perfeccionar toda la técnica. Allí entra la belleza, equilibrio, todo se conjuga allí. Es lo más difícil, como te manifesté anteriormente, lo que más tiempo lleva. También pienso que una persona que obtiene el título de campeona mundial en lucha es mucho más importante que el de rotura o de lucha, porque es lo que más cuesta.
—¿Por qué te gusta más la lucha?
—Bueno, desde un principio me gustó más. Algunos resultados difíciles, otro de por sí le gusta perfeccionarse en hyones. Pero a mí en especial me gusta la lucha.
—¿Qué les dirías a los jóvenes que no practican este deporte?
—En primer lugar que el Tae Kwon Do no es tan rústico como creen muchos, que no es solo para hombres. Este deporte está bien para damas, porque para aquellas que no les guste luchar, está la parte técnica, la parte filosófica que les va a gustar mucho. Están además los hyones, la belleza como expresé anteriormente. Asimismo van a tener conocimientos de defensa personal, que es muy importante para la mujer. Por eso los invito a practicar Tae Kwon Do.
—Contanos cómo se llega al cinturón negro
—Comenzamos con el cinturón blanco, el equipo que se llama tobbi-cinturón blanco. El primer examen es a los dos meses de práctica, es para punta amarilla. De ahí tenés dos meses más, ahora depende mucho del practicante, hablamos de una persona que cumple con todas las clases normalmente. Entonces esa persona a los nueve meses puede llegar a cinturón verde, que sigue después del punta amarilla, cinturón amarillo, punta verde y cinturón verde. Allí se queda un poquito más, porque el verde es la mitad de la carrera. Es decir que cuando se llega a verde hay más responsabilidad y tiene que perfeccionar todo lo aprendido. En el verde queda de cuatro a seis meses, luego realiza otro examen y se gradúa en punta azul. Allí se queda de dos a tres meses, luego rendirá para cinturón azul. Allí se vuelve a quedar un tiempo más largo, porque ese es uno de los más altos, así que allí estará de seis a ocho meses de práctica. Después se llega a punta roja para luego seguir con el cinturón rojo. En el rojo se queda un año más o menos, porque este es el último paso para llegar a cinturón negro, que es el máximo anhelo de todos. En rojo se queda un año más o menos, luego viene el examen para punta negra, allí se queda otro seis meses para graduarse a negro. La meta soñada por todos cuando uno comienza. A partir de allí vienen los danes, el cinturón negro primero, segundo dan, tercero y así sucesivamente. En cada dan se hace dos años de práctica.
—Vayamos ahora al último torneo mundial realizado en Resistencia, al margen del logro del título ¿qué significó para vos ese torneo?
—Fue una emoción muy grande. Yo sinceramente no había pensado en alcanzar ese título. Fue algo realmente inesperado, no porque me tenía poca confianza, sino porque no estaba asegurada que se realizara el Mundial de damas. Yo me preparaba porque Javier Dacak me dijo que me preparara, que existía la posibilidad de realizar el Mundial de damas. Pero no había una seguridad cierta, ya que faltaban muchas cosas y no se sabía si se realizaba o no. Por eso también quizás me ayudó un poco a no ponerme nerviosa, porque realmente estuve nerviosa durante el torneo.
—¿Qué sentiste al lograr el máximo galardón?
—Fue una emoción muy grande.
—¿Pensaste en algún momento salir campeona mundial?
—Primeramente no, o sea, no me atrevía a imaginar que podría lograrlo. Ahora cuando faltaban dos días para comenzar el torneo y conocí a mis rivales, las conocí, vi que tenía esperanzas porque las observé físicamente y pensé que podía estar a la altura de ellas. Técnicamente me superaban, eran chicas muy buenas en ese aspecto, pero en lucha física no. Allí fue donde me sentí segura, porque ellas no me podían ganar. Cuando gané el primer combate me sentí mucho más segura.
—¿Qué nos podés decir del nivel técnico?
—Si bien ese fue el primer mundial en que participé, y el primero que vio Tae Kwon Do, creo que fue bueno. Nuestro profesor Javier Dacak, que ya tuvo oportunidad de estar en certámenes de esta categoría, nos dijo que fue muy bueno. Además yo, con la poca experiencia, considero que hubo muy buenas técnicas, porque no hubo agresividad, no hubo exceso de violencia. Esas cosas ya en cada mundial se teme, de que haya accidentes. Nosotros hemos tenido la gran suerte de que no ocurrió nada de eso. Los participantes demostraron estar bien entrenados.
—¿Creés que el público respondió?
—Sí, aunque en un principio esperábamos más. Yo particularmente esperaba más porque el Mundial es un evento muy importante. Ahora en cuanto a conducta me gustó mucho, se portó muy bien.
—¿Cuál sería tu próxima actividad? ¿qué torneos tenés en vista?
—Por el momento ninguno. Sé que hay un torneo nacional, pero no se hace en categoría damas, porque no lo preparé. No se realiza, son muy pocos, aunque sí se hace no voy a poder participar porque tengo una lesión en la rodilla de la cual no estoy recuperada. Así que por ahora continuar practicando, trataré de continuar aprendiendo.
—¿El próximo Mundial?
—Tengo entendido que se realiza dentro de tres años, en Inglaterra. Pero falta mucho, la verdad que me gustaría mucho estar en el mismo. Pero puede suceder muchas cosas, eso no depende de mí, un poco sí, pero la designación no.
—¿Cuántos chicos practican Tae Kwon Do acá en Resistencia?
—Acá en Resistencia son pocos, no creo que superen a ocho.
—De tu trayectoria, ¿qué es lo que más recordás?
—Mi trayectoria es realmente corta, no tengo muchas anécdotas para contar. Lo que sí aconteció, no se me olvidará nunca, fue el último torneo.
“Fue una emoción muy grande haber logrado el título máximo. Yo sinceramente no había pensado en alcanzar ese título”, expresó Azucena Zorzon, campeona mundial de lucha.
POR LUIS DARIO MOLODEZKY




