Automovilismo

Altamirano y un recuerdo que volvió: Kesqui y Franco

Creí que la había extraviado, pero volvió a mis manos. Y con ella, regresó una historia que sólo una foto puede contar… y que yo guardo como único testigo.

La imagen tiene detrás muchos años de pasión, rivalidad y fierros. Años en los que los hermanos Armando Mauricio y Juan Franco, y el equipo de Manuel Antonio Silva, no se sabe bien por qué, se habían declarado una verdadera guerra deportiva en las pistas del zonal, con aquellos inolvidables Fiat 128 de la Clase B.

Recuerdo claramente una jornada en el Democrático Español de Sáenz Peña, donde el “Gringo” Silva y el “Gordo” Armando se cruzaron fuerte en pista, mientras en otra batalla paralela Juan Carlos Kesqui tomaba la posta del equipo Silva, dejándole mucho trabajo posterior al chapista. Eran duelos sin concesiones, de esos que se graban para siempre en la memoria del automovilismo chaqueño.

Pasaron los años. Muchos. Pero está claro que ninguno de ellos olvidó aquellas batallas.

Hasta que un día, en una prueba de APAC, me acerco al autódromo Yaco Guarnieri y me encuentro con Juanki Kesqui arriba, en la oficina de cronometraje. Todo transcurría con normalidad hasta que, al bajar, veo con estupor que el “Lagarto” Juan Franco comenzaba a subir hacia la misma oficina.

—“Esperá Juan… no subas”, atiné a advertirle.
—“¿Por qué?… ¿quién está?”, me preguntó.
Me animé y se lo dije.

—“Ah, mirá… lo ando buscando”, respondió.

Confieso que pensé lo peor. Preparé mi cámara para dejar constancia de lo que pudiera ocurrir. Juanki, mientras tanto, no sabía absolutamente nada.

Me adelanté, abrí la puerta y le avisé:
—“Juanki, acá te andan buscando…”.

La mirada de Kesqui fue de sorpresa total. Silencio. Tensión. Historia acumulada durante años.

Pero ocurrió lo impensado.

El “Lagarto” Juan Franco abrió los brazos y avanzó decidido. No hubo reproches ni cuentas pendientes. Hubo un abrazo sincero, largo, definitivo. Un gesto que cerró para siempre una rivalidad feroz y selló una paz que sólo los que compartieron tantas batallas en pista pueden entender.

Ese abrazo —el de Juanki Kesqui con los hermanos Franco— quedó inmortalizado en esta foto. Una imagen que habla de automovilismo, sí, pero sobre todo de personas, de tiempos que pasan y de pasiones que, al final, encuentran su lugar en la memoria y el respeto.

Por eso esta foto volvió. Porque algunas historias no se pierden: esperan el momento justo para ser contadas.

Fuente: Jorge Altamirano en Face

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