
Hay nombres que se escriben con tinta indeleble en las páginas doradas del deporte regional, y el de Víctor López es, sin lugar a dudasmas, uno de los más selectos en el firmamento de Don Orione Atletic Club. Al cumplirse el primer aniversario de su partida física, la emoción brota a flor de piel en Barranqueras y en todo el Chaco futbolero para evocar a una de las glorias más genuinas que pisó las canchas del litoral, un crack que unió talento, humildad y un amor incondicional por los colores del «Portuario».
De los Potreros a la Gloria Nacional
La historia de Víctor López con la camiseta auriazul es la de un romance que comenzó desde muy joven. Debutó en la cuarta división de Don Orione en 1964, integrando un plantel invicto inolvidable junto a entrañables compañeros como Jorge “Chivo” Molina y José “Huevo” Duarte, con quienes llegó a derrotar en la final a Chaco For Ever. Su descollante categoría hizo que, con apenas 16 años, ya estuviera defendiendo la camiseta en primera división, llamando la atención de cazatalentos de la Capital Federal.
El destino y su entrega incondicional lo unieron al recordado director técnico José «Pepe» Lestani. Aunque el comienzo entre el riguroso entrenador y el joven talentoso tuvo sus chispazos de pibe, la grandeza de ambos fraguó una amistad eterna. Bajo la tutela de Lestani, y con las enseñanzas técnicas previas de Don Antonio Ruiz Díaz y Héctor “Tronco” Gamarra, Víctor moldeó una personalidad de hierro dentro de la cancha.

Víctor López entrevistado por el legendario periodista y médico Miguel Omar Retamoso
El punto culminante de su carrera, y quizás la epopeya más grande del fútbol de Barranqueras, ocurrió de cara al Torneo Nacional de 1971. En una campaña que quedó grabada a fuego, Víctor López formó una delantera de ensueño junto a «Laicho» Ramírez y Miguel Vargas. Juntos consumaron la que en Santa Fe aún se recuerda como la mayor frustración deportiva de su historia: eliminar al poderoso Unión de Santa Fe, que se había reforzado con figuras de la talla de Leopoldo Jacinto Luque para ese certamen. Con dos goles de Vargas y un golazo del propio Víctor López, Don Orione venció por 3 a 2, sellando una clasificación histórica para jugar en la máxima categoría del fútbol argentino de la AFA.
«La emoción de esa victoria fue tan importante que a veces no nos dábamos cuenta de lo que estábamos haciendo… queríamos darle una alegría a toda esa afición que nos acompañó y nos siguió a todos lados.» — Recordaba Víctor con los ojos brillando de nostalgia.
Cómo olvidar aquel viaje a Buenos Aires para debutar ante el mítico River Plate de Alonso, J.J. López y «Pinino» Mas; una travesía que con gracia recordaba López como la primera vez que él y sus compañeros provincianos subían a un avión, maravillados y perdidos entre botones y asientos reclinables. Su nivel fue tal que su sacrificio se vio premiado siendo transferido a Talleres de Córdoba, dejando siempre en lo alto el prestigio de su querido club.

Un Abrazo Cruzando el Océano: El Bar «Chaco»
La vida, con sus vueltas impensadas, lo llevó años más tarde a radicarse en Mallorca, España, en un viaje relámpago e inesperado donde terminó acompañando a su hija «La Gringa» (convocada en su momento para la Selección Argentina de Fútbol Femenino). Lejos de su tierra, pero jamás despegado de sus raíces, fundó el célebre «Bar Chaco».
Aquel local se convirtió en una embajada de nostalgia litoraleña. Todo chaqueño, correntino o formoseño que andaba de paso por la isla tenía una parada obligada en ese bar que, como el mismo Víctor decía entre risas, «era como una jaula: cuando entraban, no salían más», atrapados por las anécdotas del viejo estadio de Villa Forestación, el recuerdo de los dirigentes como el Dr. Ginesta o Germán Azula, y el calor del hogar que él sabía brindar.

Huevo Duarte, Chivo Molina, Víctor López y Negrulla Giménez. A la derecho otros compañeros que había compartido la visita desde mallorca.
El Legado de un Muchacho Bueno
Hace un tiempo, en una de sus emotivas vueltas a Barranqueras, Víctor caminó el césped actual de Don Orione, dialogó con los muchachos del plantel y dejó un mensaje que hoy, a un año de su partida, resuena como un testamento de fe y cordura: pidió cuidar al club, apoyar a las dirigencias que trabajan con seriedad y, por sobre todas las cosas, erradicar la violencia, entendiendo que el verdadero hincha es aquel que apoya desde el respeto recíproco.
Víctor López se fue, pero su gambeta, su gol a Unión, su tonada inalterable en tierras españolas y su estampa de «muchacho bueno» permanecen intactas. Hoy los tablones de Barranqueras no lloran su ausencia; celebran haber sido el escenario donde un grande del fútbol chaqueño eligió ser eterno. ¡Hasta siempre, Víctor!




