
Hay clubes que nacen para practicar un deporte y otros que, con el paso de los años, terminan formando parte de la identidad de una ciudad. El Club Ottavio Bottecchia fue uno de ellos. Durante décadas, su nombre estuvo estrechamente ligado al ciclismo chaqueño y, fundamentalmente, a la figura de un hombre que hizo del deporte del pedal una verdadera razón de vida: don León “Leo” Parzianello.
Un 18 de septiembre de 1933, en Resistencia, un grupo de apasionados por el ciclismo, reunidos por iniciativa de aquel inmigrante italiano llegado al país en 1923, daba nacimiento a una institución que dejaría una huella profunda en la historia deportiva de la provincia.
Parzianello había vivido durante seis años en Buenos Aires antes de trasladarse, en 1929, al Chaco. Se instaló en Resistencia y encontró en la bicicleta el vínculo que lo uniría para siempre con la ciudad y con generaciones de deportistas.
Fue fundador y primer presidente del Club Ottavio Bottecchia, cargo que ejerció durante nada menos que 48 años, hasta ser sucedido por Ramón Pardo.
La bicicleta como protagonista
En aquellos años, el ciclismo ocupaba un lugar especial en la vida de Resistencia. Las calles y los espacios públicos se transformaban en escenarios de competencia y las carreras reunían a deportistas y aficionados.
Una de las tradicionales competencias se disputaba alrededor de la Plaza 25 de Mayo, cuyo perímetro de cuatro manzanas permitía desarrollar verdaderos desafíos de resistencia.
La primera carrera organizada por la institución recibió el nombre de “La Vuelta de Italia” y se disputó el 13 de octubre de 1933, apenas unas semanas después de la fundación del club. La prueba comprendió nada menos que 120 vueltas alrededor de la plaza y tuvo como ganador a Luis Fabre.
Era el comienzo de una historia que tendría muchos capítulos y que convertiría al Ottavio Bottecchia en uno de los nombres emblemáticos del ciclismo chaqueño.

Leo Parzianello y la Vuelta al Chaco
Pero si hubo una competencia que quedó grabada en la memoria del ciclismo provincial fue la Vuelta al Chaco.
Parzianello fue uno de sus grandes impulsores y organizó la primera edición en 1947. En total fueron siete las Vueltas al Chaco que estuvieron bajo su tutela, en una época en la que las bicicletas debían enfrentarse a caminos de tierra, largas distancias y condiciones que convertían cada jornada en una auténtica prueba de sacrificio.
Para Leo, organizar una carrera no era simplemente preparar una competencia. Era una manera de promover el deporte, de reunir a los ciclistas y de mantener viva una pasión que había llevado desde Italia hasta Resistencia.
Conservaba cuidadosamente las planillas de cada carrera, con los nombres de los participantes y los detalles de aquellas jornadas. En esos papeles quedaron guardados nombres, resultados y recuerdos de una época irrepetible.
Fueron 61 años dedicados al ciclismo y a la organización de carreras.

El dibujante Alberto Ocampo en el diario El Territorio, lo veía así a don Leon Parzianello.
El hombre que vendió su camioneta por una carrera
Entre tantas historias que rodean a la figura de Parzianello hay una que sintetiza, quizás mejor que ninguna otra, su manera de entender el compromiso.
En una oportunidad, mientras organizaba una Vuelta Ciclística del Chaco, había recibido el visto bueno para realizar la competencia y contaba con premios comprometidos por el Gobierno provincial.
La carrera se hizo. Pero cuando llegó el momento de retirar los premios, se encontró con una desagradable sorpresa: los fondos ya no estaban disponibles porque habían sido destinados a otros fines.
Leo salió indignado.
Pero en lugar de suspender o desconocer el compromiso asumido, tomó una decisión que habla por sí sola de su personalidad: vendió la camioneta que utilizaba para trabajar y con ese dinero cubrió los premios que había prometido.
Después de aquello nunca volvió a comprar un vehículo a motor.
Siguió andando, como siempre, en su bicicleta negra.
Aquella bicicleta terminó siendo una parte inseparable de su figura. Para muchos, verlo pedalear por las calles de Resistencia era una imagen cotidiana. Para otros, era la presencia de un hombre que había convertido una afición en una forma de vida.
Un inmigrante que dejó una huella chaqueña
Su condición de inmigrante italiano tampoco quedó al margen de su trayectoria. Parzianello recibió importantes reconocimientos del Gobierno de Italia, entre ellos la Orden de Caballero de Italia y la Orden de Caballero de Benetto, distinciones que reconocieron su trayectoria y su vínculo con su tierra de origen.
Pero su verdadera obra estaba en las calles de Resistencia, en las carreras, en las bicicletas y en los jóvenes que encontraba en el ciclismo una posibilidad de competir, de crecer y de compartir.
Su oficio de pintor no le impidió dedicar enormes esfuerzos al deporte. Y quienes lo conocieron recuerdan también su particular manera de vivir las carreras: sus gritos, sus gestos ampulosos y esa personalidad pintoresca que lo hacía imposible de confundir.
Leo Parzianello no pasaba inadvertido.
El último amanecer
El 22 de mayo de 1984, al amanecer, murió a los 88 años.
Se fue mientras dormía, casi como si hubiera quedado soñando con la próxima carrera.
Hasta sus últimos días había continuado montando aquella bicicleta que fue compañera inseparable durante gran parte de su existencia.
Por eso, para quienes conocieron su historia, Leo no se fue completamente.
Quedó pedaleando en la memoria de Resistencia.
Quedó en las planillas de aquellas viejas competencias, en las historias de los ciclistas, en la Vuelta al Chaco, en la Plaza 25 de Mayo y en el recuerdo de una institución que llevó durante tantos años el nombre de Ottavio Bottecchia.
Y también quedó en una calle de la ciudad.
Mediante la Ordenanza N.º 2610, del 16 de noviembre de 1994, el municipio de Resistencia impuso el nombre de “Leo Parzianello” a una calle paralela a la avenida Malvinas Argentinas, en el barrio Jardín Barberán.
La Asociación Ciclística de Resistencia también lleva su nombre.
Son distintas maneras de mantener viva una historia.
Porque quizás aquella imagen que alguna vez quedó en la retina de los resistencianos sea la mejor definición de Leo Parzianello: un hombre de gorra, sobre su bicicleta negra, avanzando por las calles de la ciudad.
Hoy, tantos años después, parece seguir pedaleando.
Tal vez por eso nació aquella hermosa comparación que perdura en la memoria del ciclismo chaqueño: Leo Parzianello sigue siendo el Ángel de la Bicicleta, aquel que desde algún lugar continúa recorriendo las calles de Resistencia, acompañando a quienes todavía sienten que dos ruedas, una calle y un sueño pueden ser suficientes para comenzar una historia.
PRODUCCION: LUIS DARIO MOLODEZKY

Monolito de homenaje en Italia a Ottavio Bottecchia




