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Casiano Brizuela: El «Maestro» que forjó sueños y hombres de bien

Casiano Brizuela: El «Maestro» que forjó sueños y hombres de bien

 

La historia del fútbol está poblada de héroes silenciosos, aquellos cuyo legado se mide en la calidad humana de las personas que formaron. En el Litoral, y particularmente en la provincia del Chaco, ese nombre es Casiano Brizuela. Nacido en General Paz, Corrientes, el 14 de agosto de 1939, Casiano fue un futbolista respetado, pero se convirtió en una verdadera leyenda como formador, dedicando 50 años de su vida a una inmensa labor que trascendió la línea de cal.


 

De goleador a hacedor de promesas

 

El camino de Casiano Brizuela se inició en su Corrientes natal. Dio sus primeros pasos en Alvear en 1952, y debutó en Primera a los 17 años en un amistoso contra los famosos «Pistoleros» de Central Norte. También vistió las camisetas de Mandiyú y General Mercedes.

Sin embargo, fue al cruzar el puente hacia Resistencia en 1962 donde su vida profesional y personal echó raíces. Como jugador, defendió los colores de Regional, For Ever, Sarmiento y Bancarios, demostrando la garra y el talento que luego volcaría en su enseñanza.

Su faceta de director técnico comenzó con éxitos inmediatos: Campeón con Resistencia Central en 1968 logrando el ascenso a Primera «A», y luego repitió la hazaña con El Dorado en 1969 (ascendiendo de 1° «C» a 1° «B»). Pero rápidamente, el destino lo llamó a su verdadera vocación: las divisiones inferiores.


Cincuenta Años de Magisterio

 

Desde 1968, y durante medio siglo, Casiano Brizuela se dedicó en cuerpo y alma a las canteras. Su lista de clubes es un recorrido por la pasión futbolística chaqueña: Central Norte, Regional, Estudiantes y Sarmiento. Incluso llevó su maestría a otras plazas, siendo contratado por el Club Alvear de Villa Ángela entre 1990 y 1995.

Al regresar a Resistencia, se consolidó como un puente ineludible para el fútbol grande. En 1998, de la mano de su amigo Roberto Puppo, se convirtió en el encargado de la filial de Newell’s Old Boys de Rosario, iniciando la difícil pero grata tarea de enviar talentos a la «cuna de grandes». Posteriormente, también estrechó lazos con Jorge Griffa en la filial de Mitre de Rosario, una relación cimentada en el respeto por la formación. Su gran obra la coronó en el Club Municipales (1999-2008), para luego cerrar su ciclo en el club de su corazón familiar: Central Norte Argentino.


 

La Distinción que lo hizo único

 

Si algo diferenció a Casiano Brizuela fue su profunda convicción de que el fútbol y la educación debían ir de la mano. Él era, ante todo, un docente del fútbol.

Su ritual era inconfundible y ejemplar: tras cada entrenamiento, juntaba a los chicos en el círculo central de la cancha para hablar de la vida cotidiana, de cómo les iba en la escuela. Su regla era inquebrantable: «El que no cubría las expectativas en la escuela, no jugaba.»

Esta filosofía le valió el respeto de colegas como Antonio Ruiz Díaz, Antonio Arancibia y «Tronquito» Gamarra, y el amor incondicional de sus dirigidos. Casiano fue, sin lugar a dudas, múltiple campeón en todos los clubes donde trabajó, pero su verdadero orgullo, tal como él mismo lo expresaba, fue haber aportado su «granito de arena para que esos niños hoy sean personas de bien.»


 

Los Reconocimientos a una Trayectoria Ejemplar

 

La comunidad futbolística supo honrar su inmensa labor, prueba de que el impacto de Casiano Brizuela va mucho más allá de los resultados:

  • 1998: Reconocimiento de Newell’s Old Boys por «Iniciación y Perfeccionamiento Deportivo Futbolístico».
  • 2007: Distinción de la Liga Chaqueña de Fútbol por ser «Formador de Formadores».
  • 2009: Homenaje como «Maestro del Fútbol» en el Club Central Norte.
  • 2010: Distinción del Club Municipales por su trayectoria como formador de «chicos y jóvenes como hombre de bien».
  • 2011: Premio Toba por su Trayectoria Deportiva, otorgado por la Unión Periodista del Chaco.

El legado de Casiano Brizuela perdura en cada futbolista que triunfó, en cada chico que se convirtió en un hombre honesto y, sobre todo, en la memoria colectiva del fútbol del Litoral. Un verdadero maestro cuyo trabajo es un ejemplo de cómo el deporte puede ser la mejor herramienta para construir un futuro mejor.

 

Por Luis Darío Molodezky

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