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Víctor García del Val: «El hombre que venía del plomo y caminó hacia la palabra»

 

 

Formó parte de una generación que hizo del periodismo un oficio total, artesanal, casi físico. Trabajó con plomo, tinta y papel, pero también con ideas, memoria y palabras. Víctor García del Val fue uno de esos hombres que no solo pasaron por las redacciones del Chaco: las habitaron, las pensaron y las dejaron marcadas para siempre.

Había nacido en Concordia, Entre Ríos, en 1934, pero su vida —profesional y humana— quedó definitivamente ligada al Chaco. En 1945, siendo apenas un niño, su familia se radicó en Presidencia Roque Sáenz Peña. Y en 1954, ya joven, recaló en Resistencia, donde comenzó una historia íntimamente unida a los diarios, las imprentas y el periodismo.

Junto a su padre y su madre ingresó al personal del histórico diario El Territorio. Allí conoció todos los rincones del oficio gráfico: fue linotipista, mecánico de linotipos, jefe de taller. Supo del ruido metálico de las máquinas, del calor del plomo fundido, del ritmo incesante de la rotativa. Pero mientras sus manos trabajaban en las artes gráficas, su cabeza ya estaba en otro lado: en la redacción.

De a poco, el periodismo fue ganando terreno en su vida. Primero colaboraciones, luego notas, fotografías, crónicas. Hasta que esa vocación terminó imponiéndose como su principal actividad dentro de la empresa. Tanto fue así que, en uno de los momentos más difíciles de la historia del matutino, fue elegido director por el propio personal, cuando ya se avizoraba el cierre definitivo de El Territorio, ocurrido en 1989. No fue un dato menor: ese gesto hablaba del respeto que Víctor García del Val se había ganado entre sus pares.

Entre el ayer y la modernidad

A García del Val le tocó vivir una transición que pocos atravesaron con tanta naturalidad: fue testigo de los últimos esplendores de la imprenta tradicional, del periodismo hecho con plomo y linotipo, y también partícipe del nacimiento de las nuevas tecnologías electrónicas. Lejos de resistirse, se reconvirtió felizmente, se sumergió en la modernidad y encontró en Internet un nuevo cauce para sus inquietudes literarias.

Sus textos comenzaron a circular en foros especializados de América y Europa, ampliando fronteras y confirmando que la palabra —cuando es honesta— no reconoce geografías.

Como redactor integró el grupo inicial de El Diario, donde trabajó hasta 1998. Aquella redacción, hoy mítica, fue su espacio natural durante años. Allí lo recuerda su amigo y compañero Alberto Solís Bonastre, con una imagen que vale por una escena completa:

“Llegaba siempre a horario por la mañana, se sentaba en su escritorio, frente a la Olivetti, y de un sobre negro sacaba tres radios pequeñas para escuchar las noticias de las 8 de Radio Chaco, LT7 Corrientes y Radio Libertad”.

Era, además, un respetuoso de la palabra. Un memorioso. Un observador minucioso. “Gran fotógrafo de las pequeñas cosas”, lo definió Solís Bonastre, acuñando una de las mejores síntesis posibles de su manera de mirar el mundo.

El periodista curioso

Víctor García del Val no era solo redactor. Era, sobre todo, curioso. De esos que no se conforman con la versión oficial ni con la superficie de los hechos. Así lo demostró cuando “desenterró” —literal y simbólicamente— una historia que había sido sepultada por la moral de época: la de la escultura del indígena viril, obra de Crisanto Domínguez, realizada en 1938.

La escultura, emplazada originalmente en la zona de avenida Italia y 9 de Julio, había sido primero censurada —cercenando su “hombría”— y luego directamente desaparecida, a pedido de las buenas costumbres. García del Val siguió el rastro de esa obra hasta dar con antiguos empleados municipales que testimoniaron que la figura había sido enterrada en secreto, de noche, en algún sector del Parque 2 de Febrero. Periodismo en estado puro: memoria, investigación y valentía.

El poeta, el múltiple

Su vida en las redacciones convivió siempre con otras pasiones. Fue poeta —y de los buenos—, fotógrafo, ajedrecista, dibujante, esgrimista, pintor. Un hombre de múltiples oficios y sensibilidades, difícil de encasillar.

En febrero de 2011, en el marco de la 11ª Feria del Libro Chaqueño y Regional, presentó su libro “Olfateando”, tercer volumen de la Colección Crónicas Periodísticas, editado por el Instituto de Cultura del Chaco. El título no era casual: Víctor olfateaba historias, rastreaba sentidos, husmeaba en los pliegues de la realidad.

El adiós

El 5 de mayo de 2017, la noticia sacudió al periodismo chaqueño. Víctor García del Val falleció en la ciudad de Resistencia a los 83 años. Así lo escribió Julio Ramos en una sentida despedida:

“Hoy dejó de existir el periodista Víctor García del Val. Formó parte de una legión de trabajadores de prensa que forjaron el periodismo chaqueño”.

Ese día, se fue mucho más que un periodista. Se fue un testigo privilegiado de una época, un artesano del oficio, un hombre que supo pasar del plomo a la palabra sin perder identidad ni ética.

Queda su legado. Quedan sus textos. Queda su memoria caminando por las viejas redacciones del Chaco. Y queda, sobre todo, la certeza de que el periodismo también se construye así: con paciencia, curiosidad, respeto por la palabra y amor por el oficio.

Notas de Roly Pérez Beveraggi
En su fallecimiento: Julio Ramos
Producción: Luis Darío Molodezky – Periodista

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