
Carlos “Negrulla” Giménez: el corazón azul y amarillo de Don Orione. A cuatro años de su partida, el recuerdo de un ídolo que jugó, sintió y amó el fútbol con la camiseta del club de sus amores.
El 20 de octubre de 2021 fallecía Carlos Giménez, el querido “Negrulla”, una de las grandes figuras del Club Don Orione y emblema del fútbol de Barranqueras. Su recuerdo sigue vivo en cada hincha, en cada historia contada al borde de la cancha, y en cada chico que sueña con vestir la azul y oro.
Carlos Giménez fue sinónimo de fútbol, de gambetas y goles —especialmente de cabeza—, pero sobre todo de humildad. Muchos lo consideraban el mejor cabeceador que tuvo el fútbol chaqueño, pese a su baja estatura. Él, con la sencillez que lo caracterizaba, respondía:
“No, solo cabeceaba bien.”

Jose Duarte, Jorge Molina, Víctor López y Carlitos Giménez.
En una de sus últimas entrevistas, “Negrulla” se mostraba emocionado por volver a su querido club:
“Hace mucho que no venía por el club, la última vez fue hace siete u ocho años. En ese momento el vestuario estaba en malas condiciones, el cielo raso se caía… pero hoy veo un Orione distinto, con obras, con vida, con orgullo. Ver el club así me llena el alma.”
Evocando viejas épocas, recordaba también el compromiso y el esfuerzo de aquellos tiempos:
“Nos tocó ir a jugar a Pinedo para que el club pudiera terminar las tribunas. El presidente nos pidió una mano y allá fuimos. Saber que gracias a eso se terminó una tribuna y verla hoy pintada, prolija, nos hace ver que el sacrificio no fue en vano.”
Aquella generación, con Víctor López, José Duarte, Daniel Azula, Cuqui Galarza y tantos otros, marcó una época dorada. En la vieja cancha de Villa Forestación, el mediocampo se recitaba de memoria: Duarte, López y Giménez.
“Jugábamos de memoria porque éramos amigos dentro y fuera de la cancha. Sabíamos dónde iba a estar el otro, nos teníamos mucha confianza. Era un fútbol distinto al de hoy, donde se corre mucho y se juega poco.”
El amor de Carlos por Orione trascendía el tiempo. Lo emocionaba ver el crecimiento institucional y, sobre todo, a los chicos de las divisiones formativas:
“Me impresionó la cantidad de pibes de Barranqueras que vienen a practicar fútbol. Eso es lo más lindo que tiene el club. Hay semillero, hay futuro, y eso me llena de orgullo.”
Fiel a su sentido de pertenencia, defendía los colores de toda la vida:
“No me gustó cuando los vi jugar con una camiseta roja. Me dijeron que era histórica, pero para mí los colores de Orione son azul y oro. Yo soy fanático de River, pero Orione es azul y oro, no hay otro.”
Antes de su partida, recibió junto a sus compañeros un cálido agasajo del club:
“Este reconocimiento nos hace rejuvenecer diez años. Volver a ver a los muchachos, recordar nuestras épocas, es como volver a vivir. Orione fue nuestra segunda casa.”
Hoy, a cuatro años de su fallecimiento, Carlos “Negrulla” Giménez sigue presente en la memoria colectiva de Barranqueras. Su legado no se mide en estadísticas ni en trofeos, sino en el amor y el orgullo con que representó a su club.

Porque como él mismo decía con una sonrisa:
“Orione es Barranqueras.”
Por Luis Darío Molodezky




