
El 27 de octubre de 1994, Resistencia despedía a uno de esos personajes entrañables que marcaron con su presencia el pulso cotidiano de la ciudad: Nocaut González, también conocido como “Sandunga”. Su figura, mezcla de fantasía, ternura y soledad, se convirtió en parte del paisaje urbano y de la memoria afectiva de generaciones de resistencianos.
Nocaut era un personaje popular que transitaba las plazas, bares y calles céntricas de la capital chaqueña, siempre con una sonrisa y un aire de boxeador imaginario. Con sus manos en guardia y su cuerpo ágil, ensayaba fintas y movimientos de combate ante un público invisible, como si reviviera un combate eterno con los fantasmas del tiempo.
Durante años vivió bajo los eucaliptus de la Estación del Ferrocarril Belgrano, en el corazón de la ciudad. Más tarde, encontró un modesto refugio junto a su compañera Josefina Celia Albarenga, quien lo acompañó hasta el final de sus días.
Su historia, de las que nacen de la calle y del alma, inspiró al abogado y poeta Miguel Ángel Vera Azar y al músico Zitto Segovia, quienes inmortalizaron su figura en un chamamé titulado “Nocaut González”. La canción, mezcla de homenaje y ternura, rescata al hombre detrás del mito: un ser libre, errante, símbolo de una Resistencia más humana y cercana.
Dicen que una de las últimas apariciones públicas de Nocaut fue precisamente durante el velorio de Zitto Segovia, realizado en el Domo del Centenario. Allí, entre lágrimas, silencios y guitarras apagadas, el viejo boxeador de los sueños parecía rendirle homenaje a su amigo, al hombre que lo había convertido en inmortal a través de la música.
A más de tres décadas de su partida, Nocaut González sigue siendo parte del alma de Resistencia. En cada esquina, en cada acorde de chamamé, revive la imagen del hombre que hizo de la vida una pelea noble, sin guantes ni ring, pero con el corazón siempre en alto.

Nocaut González – Chamamé.
Música: Zitto Segovia. Letra: Miguel Angel Vera Azar.
Cuando crece la mañana
alza con su dolor
es el despojo de un hombre
dicen que fue boxeador.
Cuentan que tuvo familia
y la fama lo aplaudió
cuando fue Nocaut González
el temible pegador.
Hoy vaga rumbo al olvido
entre pobreza y alcohol
con su traza de mendigo
se acerca al último sol.
Nocaut González le gritan
los gurises de la villa
cuando le cruza la siesta
arrastrando con su andar
los ojos se les encienden
y pelea con su sombra
en el mugriento baldío
él se vuelve Luna Park.
Le empieza a morder la noche
y hacia la villa se va
sangrando en cruz de locura
cual niño del basural.
Cuántas cosas le hablaría
si me pudiera entender
la soledad por ejemplo
que yo peleo también.
Así es la vida González
no se la voy a contar
aunque ganemos la muerte
nos queda en el final.




