
Hubo un tiempo (hasta la deçada del 80 al que se refiere la nota) en que el río Negro no era solo un paisaje: era una prueba. Un escenario natural que convocaba a la aventura, al esfuerzo compartido y al descubrimiento. En aquellos años, seis jóvenes de Resistencia decidieron medir fuerzas con el agua, el silencio del monte y la paciencia de los carrizales, en una travesía que aún hoy conserva aroma de hazaña.
Con tres canoas canadienses, partieron desde el paraje La Gloria, cerca de La Escondida, y se internaron en el cauce del río dispuestos a recorrer ciento cuarenta kilómetros hasta el Club Regatas Resistencia. Cinco días de navegación, de amaneceres sobre el agua y noches de campamento, marcaron un raid que quedó grabado en la memoria deportiva de la región.
Eran todos remeros del Club Regatas Resistencia: Jorge Barrios (18), Ramón Rodríguez (21), Ismael Rojo (18), Ricardo Dussel (19), José Verni (18) y Carlos Agustinelli (17). Jóvenes, pero curtidos por la corriente y la convivencia, avanzaron sorteando carrizales cerrados, bancos traicioneros y tramos donde el río parecía no conceder paso.
La creciente, aliada inesperada, los ayudó a salir de situaciones complejas. No faltaron los contratiempos: cerca de Puerto Vicuña, en la zona del puerto Bergallo, se perdieron dos remos y uno de los remeros, al perder pie, terminó cubierto por el tanino oscuro que descansaba bajo los carrizales. Episodios que hoy se cuentan con una sonrisa, pero que entonces pusieron a prueba el temple del grupo.
Las jornadas comenzaban temprano, cuando el sol apenas insinuaba su reflejo en el agua. Remaban desde las seis de la mañana hasta bien entrada la noche, con pausas breves para el almuerzo y el ritual del campamento al caer el día. El cansancio se mezclaba con la admiración por la naturaleza intacta, por los sonidos del monte y por la sensación de avanzar juntos.
“Fue una experiencia grande”, recordaba Ricardo Dussel, resaltando la posibilidad de apreciar las bellezas naturales desde una perspectiva única, la del río como camino. Para algunos, no era la primera vez; para otros, sería un recuerdo imborrable.
Aquella travesía no fue un hecho aislado. Dejaba abierta la puerta a nuevos desafíos: el río Guaycurú, otros tramos por limpiar y explorar, incluso un futuro raid entre Regatas Resistencia y Regatas Corrientes. Proyectos que hablaban de una época donde el deporte, la aventura y el vínculo con la naturaleza caminaban de la mano.
Hoy, ese raid por el río Negro permanece como testimonio de una juventud que encontró en el agua algo más que un recorrido: encontró identidad, camaradería y una forma de escribir su propia historia.
Recopilacion de LUIS DARIO MOLODEZKY






