
El máximo favorito enterró la esperanza local de tener un campeón propio tras 23 años y se sentó en una mesa chica en la que también está Vilas.
Alexander Zverev demoró varios segundos en comprender lo que había ocurrido. Ya era el campeón del US Open, pero, absorto por la tensión de una final, no pudo advertirlo hasta que miró las pantallas y asimiló el marcador final: acababa de conquistar su segundo Grand Slam tras imponerse 6-3, 7-6 (2), 5-7 y 6-2 ante el estadounidense Bel Shelton, la esperanza local para cortar una sequía que perdurará al menos una temporada más.
Máximo favorito del torneo por la baja del número uno Jannik Sinner, el alemán dispuso un dique de contención impenetrable para el sueño americano: sigue sin haber campeones de Grand Slam estadounidenses desde aquella conquista de Andy Roddick en el US Open en septiembre de 2003.
Estaba todo dado para el quiebre histórico: Shelton, nacido el 9 de octubre de 2002 –no había cumplido un año en aquel triunfo del Bombardero de Nebraska–, recibiría el trofeo en el Arthur Ashe, con todo el público a favor, de manos de su compatriota Jimmy Connors, cinco veces campeón entre 1974 y 1983 –en tres superficies diferentes–, y sería presentado por otro ex número uno local como Jim Courier.
Al anunciar al ganador, sin embargo, debieron nombrar a Zverev, de sólido andar en el certamen y de consistencia impertérrita en una final en la que jamás corrió riesgo su victoria: con 85 por ciento de eficacia con el primer saque, en más de tres horas y media de disputa apenas le ofreció tres pelotas de quiebre a Shelton y entregó su servicio solo en el último game del tercer set.

Campeón Alexander Zverev levanta la Copa del US Open, su segundo título de Grand Slam. AFP. AFP
No titubeó siquiera en momentos incómodos de la final, como en los “apuros” de la jueza de silla serbia Marijana Veljović, quien le pidió que redujera el número de piques de la pelota entre el primero y el segundo saque, y hasta llegó a advertirle que no demorara en algún cambio de lado en el que debió inyectarse insulina por su diabetes.
“La única razón por la que dijo eso es porque Zverev juega contra Shelton; jugó seis partidos y nadie dijo nada… hasta ahora”, reflexionó Juan Martín del Potro, campeón del US Open en 2009 y flamante comentarista de la señal ESPN junto con Luis Alfredo Álvarez y José Luis Clerc. Consumado el triunfo de Sascha, el tandilense soltó: “Impresionante la final que jugó desde el primer punto hasta el último; estaba tan concentrado que ni se dio cuenta de que ganó, estaba para seguir jugando… Hoy demostró ser un gran campeón”.
Zverev, que había perdido tres finales de Grand Slam antes de su primera corona este año en Roland Garros, saldó otra vieja deuda por una espina propia en el US Open: en la primera de sus definiciones grandes, en la edición pandémica de 2020, había perdido ante el austríaco Dominic Thiem después de haber ganado los dos primeros sets.
“Estuve varios años sin ganar títulos de Grand Slam y este año gané dos en tres meses. Creo que Dios ha visto el dolor por el que he pasado; esto es una bendición”, sostuvo el segundo alemán campeón en Nueva York después de Boris Becker (1989). Además, segundos antes de alzar el trofeo plateado, y delante de su padre y entrenador Alexander Zverev Sr., lanzó un mensaje especial para su madre Irina Zvereva, también ex tenista y factor clave en el desarrollo de Sascha: “Le quiero agradecer a una persona muy importante que ya no está: mi madre, quien recibió la noticia de la diabetes cuando yo era un niño y que decidió que su hijo haría todo lo posible por jugar al tenis. Mi madre es mi mayor soporte”.
Diagnosticado con diabetes tipo 1 cuando tenía apenas cuatro años, el número dos del mundo no solo superó la barrera de su enfermedad crónica, sino que ya tiene un sitio en la historia del tenis. Los dos Grand Slams que logró este año lo sentaron en una mesa chica en la que también tiene su silla Guillermo Vilas, el tenista argentino más grande de todos los tiempos: es uno de los cuatro tenistas masculinos que ganaron sus primeros dos Majors en un mismo año, junto con Connors (1974), el Poeta (1977) y Sinner (2024).
Como si este año se quedara corto en sus aspiraciones, Zverev hasta puede soñar con tocar por primera vez el número uno del ranking ATP: si bien suma 9.690 puntos y está muy debajo de Sinner (11.500), lo cierto es que lidera la Carrera al Masters –la suma de puntos de 2026 que igualará al ranking una vez terminado el año– con 8.650, contra los 7.950 del italiano, quien se recupera de una lesión en la rodilla derecha.
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