
04Martín Sastre Nació en la isla española Dde Mallorca, llegó de niño a la Argentina y fue en Resistencia donde descubrió el deporte que marcaría para siempre su vida. Campeón balear de 10.000 metros, también fue uno de los pioneros del atletismo de las Islas Baleares.
Hay historias deportivas que se escriben con medallas, récords y grandes competencias. Y hay otras que, además de los resultados, dejan una huella humana. La de Martín Sastre, que este 18 de septiembre cumple 80 años, pertenece a estas últimas.
Nació en Mallorca, España, el 18 de septiembre de 1946, pero buena parte de su historia se escribió muy lejos de allí. En 1954, cuando apenas tenía ocho años, su familia emigró a la Argentina y se instaló en Resistencia, ciudad en la que creció, estudió, trabajó y descubrió el mundo del deporte.
Fue allí, en la capital chaqueña, donde comenzó a construirse el atleta que años más tarde regresaría a Mallorca para convertirse en una figura destacada del atletismo balear.

El Parque 2 de Febrero, su primer escenario
La infancia y adolescencia de Martín estuvieron estrechamente ligadas al deporte. Vivía frente al Parque 2 de Febrero, un lugar que terminó siendo casi una extensión de su casa y donde tuvo contacto permanente con la actividad física.
Practicó fútbol, rugby y atletismo. Su primera experiencia en esta última disciplina fue en el salto en alto, prueba en la que consiguió el subcampeonato escolar.
Pero había algo más.
Ver a los alumnos de distintos colegios entrenando en la pista de atletismo que estaba frente a su casa despertó definitivamente su curiosidad. El deporte comenzó a formar parte de su vida cotidiana.
Con los compañeros del barrio aparecieron aquellos desafíos propios de la juventud: se retaban para comprobar quién podía aguantar más. En esas pequeñas competencias descubrió que tenía condiciones para las pruebas de fondo.
Así llegaron los 1.500 y 3.000 metros, distancias en las que comenzó a mostrar sus condiciones para correr y, fundamentalmente, para resistir.

El valor del esfuerzo
Paralelamente al deporte, Martín se formó en la Escuela Industrial, donde aprendió distintos oficios que luego serían parte de su vida laboral: carpintero, herrero y mecánico de camiones.
Ese aprendizaje también tuvo influencia en su manera de entender el deporte.
Comprendió que no alcanzaba solamente con tener condiciones naturales. La constancia en el entrenamiento, la disciplina y los buenos hábitos de vida eran fundamentales para poder alcanzar un buen rendimiento.
Una enseñanza que lo acompañaría durante toda su trayectoria.

El regreso a Mallorca
En los años 60 regresó a Mallorca. Allí retomó con mayor intensidad su carrera deportiva y se convirtió en un atleta versátil.
Participó en pruebas de velocidad y resistencia, pero también incursionó en saltos y lanzamientos. Incluso fue uno de los pioneros de las primeras ediciones de los campeonatos de pruebas combinadas.
Sin embargo, fue en las pruebas de fondo donde encontró su verdadera especialidad.
Su nombre comenzó a destacarse entre los atletas de las Islas Baleares y el gran reconocimiento llegó en 1974, cuando se consagró campeón balear absoluto de los 10.000 metros en pista.
También participó durante la década del 70 en los Campeonatos de España de Gran Fondo y Maratón, llevando a las grandes competencias españolas aquella formación deportiva que había comenzado, muchos años antes, en Resistencia.

Una carrera que terminó, pero no la pasión
Los problemas en sus rodillas terminaron obligándolo a abandonar prematuramente la práctica deportiva en 1984.
Se cerraba así una etapa de competencia, pero no la relación de Martín con el atletismo.
Porque hay deportistas que dejan de competir y simplemente se alejan. Y hay otros que, por todo lo que aprendieron y vivieron, permanecen ligados al deporte de una u otra manera.
Martín Sastre pertenece a esa segunda categoría.
Su trayectoria quedó vinculada a los primeros tiempos de un atletismo balear que fue creciendo con el paso de los años. Desde aquellos comienzos, aportó esfuerzo, conocimiento, dedicación y, sobre todo, humanidad.
De Resistencia a Mallorca, una historia que volvió a unir dos tierras
Hay algo particularmente emotivo en la historia de Martín Sastre.
Su vida deportiva comenzó en Resistencia, en aquellas pistas y espacios abiertos cercanos al Parque 2 de Febrero, donde un niño llegado desde Mallorca descubrió que correr podía convertirse en una pasión.
Años después, volvió a la tierra donde había nacido y allí construyó una destacada trayectoria atlética.
Dos tierras quedaron unidas por una misma historia.
Mallorca lo vio nacer. Resistencia lo vio crecer y descubrir el deporte. Mallorca volvió a recibirlo y lo convirtió en uno de sus atletas destacados.
Ochenta años después de aquel 18 de septiembre de 1946, la historia de Martín Sastre merece ser recordada no solamente por sus títulos y participaciones, sino por el camino recorrido.
Por aquel niño que llegó a Resistencia con su familia.
Por el joven que jugó al fútbol y al rugby.
Por aquel muchacho que saltó en alto y fue subcampeón escolar.
Por las carreras de 1.500 y 3.000 metros junto a sus compañeros.
Por el trabajador que aprendió los oficios de carpintero, herrero y mecánico.
Por el atleta que entendió que la constancia y los buenos hábitos podían transformar las condiciones en rendimiento.
Por el campeón balear de los 10.000 metros.
Y por el hombre que, con su esfuerzo y su calidad humana, ayudó a construir una parte de la historia del atletismo de las Islas Baleares.
Hoy, a los 80 años, Martín Sastre puede mirar hacia atrás y encontrar una vida atravesada por el deporte, el trabajo, la disciplina y los afectos.
Una vida que comenzó en Mallorca, creció en Resistencia y volvió a encontrar en Mallorca el escenario para cumplir aquel sueño que había empezado, muchos años antes, corriendo frente al Parque 2 de Febrero.
Feliz cumpleaños, Martín. Y gracias por aquella pasión por correr que también forma parte de la historia deportiva de Resistencia.




