
14-11-2025

El encuentro tuvo un condimento particularmente emotivo: la presencia del profesor Héctor Salvatierra, referente insoslayable de aquella época, acompañado por su señora. Su sola llegada produjo un aplauso espontáneo, mezcla de respeto, gratitud y nostalgia por quien guió a tantos nadadores en sus primeros pasos competitivos.
Reencuentro de protagonistas
Junto al entrenador se dieron cita varios de los nadadores que integraron aquella generación inolvidable. Entre ellos estuvieron Sandra Saidman y su hermana, figuras destacadas en pileta; Jorge Colina, siempre asociado a las grandes travesías en aguas abiertas; Marcos Cañete, velocista incansable; Aníbal Moro, uno de los que dejaron huella en pruebas de fondo; Gustavo Nicoli, recordado por su polivalencia en estilos; y Rafael Yurkevich, parte esencial de los equipos competitivos de Hindú en aquellos años en sus travesías en aguas abiertas.
Cada nombre, al pronunciarse, parecía abrir un baúl de recuerdos: competencias nacionales, torneos regionales, entrenamientos que se extendían más allá de lo previsto y viajes que hoy se narran como aventuras juveniles.

Una época que aún respira
Quienes estuvieron allí coincidieron en que aquellas décadas tuvieron un componente irrepetible. La natación chaqueña crecía a puro esfuerzo: piletas colmadas, materiales modestos y un enorme compromiso colectivo. Los nadadores eran atletas y, al mismo tiempo, embajadores de su club y de la provincia.
En aguas abiertas –río Paraná, lagunas, riachos y travesías de fondo– se libraban verdaderas batallas deportivas. En la pileta del Hindú, mientras tanto, los entrenamientos moldeaban estilos, pulmones y voluntades.
El legado del profesor Salvatierra
La figura de Héctor Salvatierra fue el punto de unión de la noche. Su mirada atenta, su disciplina sin concesiones y su capacidad para transmitir valores trascendieron lo estrictamente deportivo.
Muchos de los presentes recordaron su frase favorita:
“La natación es una escuela de vida: lo que no se entrena, no aparece.”
Y al escuchar nuevamente esas palabras, todos parecieron volver a verse jóvenes, braceando con la sensación de que el mundo entero cabía en una piscina de 25 metros.
El valor de volver a encontrarse
Entre fotos recuperadas, risas que nacían del recuerdo y un brindis que selló la noche, quedó claro que no se trató solo de una reunión: fue una reafirmación colectiva de identidad. Lo que aquella generación construyó –con sacrificio, pasión y camaradería– sigue siendo uno de los capítulos más fuertes de la historia de la natación chaqueña.
En Hindú, ese club que alguna vez fue escenario cotidiano de sus desafíos y sus sueños, los protagonistas de los 70 y 80 volvieron a sentirse parte de un mismo equipo. Y el agua, siempre fiel, pareció devolverles un poco de todo aquello que alguna vez le entregaron.
LUIS DARÍO MOLODEZKY





