
Foto portada de Enresto Bonbardero Sena en el Luna Park junto al periodista Luis Darío Molodezky
Hablar de Ernesto “Bombardero” Sena es abrir una página intensa del deporte chaqueño, escrita a fuerza de coraje, sacrificio y una dignidad combativa que lo acompañó desde los días humildes de su infancia en Presidencia de la Plaza hasta los grandes escenarios donde se codeó con figuras legendarias del boxeo argentino. Sena nació el 17 de abril de 1966, y acumuló 47 peleas como profesional, de las cuales ganó 35 -10 antes del límite-, perdió 9 y empató 3.
No se olvida de Pili Pared, su primer entrenador, quien lo cobijó y lo fue formando en el ring bajo los árboles, al aire libre.
Sena no fue un producto de la casualidad. Nació en un Chaco de caminos de tierra, esfuerzo cotidiano y sueños grandes. Y desde muy joven encontró en el boxeo algo más que un deporte: una oportunidad. En los gimnasios improvisados, entre bolsas de arpillera rellenas y las primeras indicaciones de entrenadores que veían en él un diamante rústico, empezó a forjarse el pugilista que más tarde llevaría su nombre a la consideración nacional.

Sena se consagra campeon argentino amateur en marzo de 1984
Campeón amateur, junto a un futuro grande
A fuerza de disciplina y una pegada que ya imponía respeto, Ernesto Sena alcanzó uno de sus primeros grandes hitos: ser campeón argentino amateur, nada menos que en los mismos tiempos y torneos en los que brillaba Carlos Gabriel “El Zurdo” Salazar, quien luego sería campeón mundial. Aquella camada fue una de las más talentosas del país, y Sena estuvo siempre entre los destacados.
Para muchos, ese título fue la confirmación de lo que su entorno intuía: que su destino estaba escrito sobre un cuadrilátero.
Del sacrificio al profesionalismo
Cuando dio el salto al boxeo profesional, Sena no buscó atajos. Se midió con quien hubiera que medirse, sin especular. Su estilo era frontal, intenso, de esos que no regatean el intercambio. No tardó en convertirse en un rival temible, respetado por su fortaleza física y su valentía.
Fue en ese recorrido, lleno de noches duras y entrenamientos interminables, cuando le llegó el desafío de enfrentar a uno de los más grandes ídolos del boxeo argentino: Jorge “Roña” Castro. Aquella pelea quedó grabada en la memoria de los fanáticos chaqueños. Sena no retrocedió ni especuló: fue a pelear. Como siempre. Como sabía.
Un hombre dispuesto a jugarse todo
En su carrera afrontó peleas por títulos internacionales, demostrando que el chico de Presidente de la Plaza tenía madera de protagonista. Quizás no tuvo el aparato ni la promoción que otros boxeadores de su tiempo, pero nunca le faltó corazón. Y en este deporte, a veces, eso vale más que cualquier otra cosa.
Quienes lo conocieron de cerca recuerdan no solo al peleador recio, sino también al hombre leal, sencillo, inseparable de sus raíces. Sena nunca dejó de ser chaqueño: en su manera de hablar, de caminar, de pelear. Su identidad era parte de su estilo.
Un legado que sigue vibrando
Hoy, su nombre vuelve cada vez que se menciona la historia del boxeo en la provincia. Su figura se agiganta cuando se repasan los momentos en que un deportista del interior profundo se atrevió a desafiar a los mejores, sin temores, sin reservas.
Ernesto “Bombardero” Sena es, al fin y al cabo, uno de esos hombres que hicieron del boxeo una epopeya personal. Su vida, sus combates y su ejemplo siguen resonando como un eco noble del pasado: el eco de un chaqueño que se animó a pelearle a la vida, round a round.
POR LUIS DARIO MOLODEZKY




