
por LUIS DARIO MOLODEZKY
Miguel Fernández es uno de los grandes deportistas chaqueños de todos los tiempos.A pocos días de celebrarse la 43ª Fiesta Anual del Deporte, es imposible no volver la mirada hacia uno de los nombres que marcaron un antes y un después en la historia del golf chaqueño: Miguel Fernández, elegido Deportista del Año 1988 por el Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco. Una distinción que no fue un premio más, sino el reconocimiento a un camino improbable, forjado a puro esfuerzo, talento y una voluntad que nunca conoció atajos.

Miguel Fernández con Alberto Molina, alguien vital en mi carrera» en los ’90
Miguel no nació entre palos profesionales ni pelotas importadas. Su infancia transcurrió en los alrededores del Chaco Golf Club, donde su padre trabajaba como capataz y donde sus hermanos —y luego él— fueron caddies.
Allí, entre espinillos y corredores de tierra, descubrió un deporte que por entonces parecía reservado para otros. Él lo reinventó a su manera: palitos de tala tallados a mano y pelotitas hechas con corchos de sidra y gomitas sacadas de pelotas gastadas. Ese fue su primer set, su primer laboratorio de sueños.
Sin embargo, su gran pasión inicial era otra: el fútbol. Probó suerte en For Ever, llegó a jugar en tercera, pero una lesión lo apartó del camino. Fue un golpe, sí, pero también una puerta que se abrió sin que él lo supiera. Porque el golf, su golf, ya lo estaba esperando.
Tenía apenas 14 años cuando clasificó al Torneo Nacional de Caddies en Buenos Aires. Su padre no quería firmarle la autorización para viajar. Miguel lloró. Su hermano mayor intervino. Su padre firmó. Y el chico que empuñaba palos improvisados terminó jugando en Palermo, donde recibió —de manos de Roberto De Vicenzo— un juego de palos verdaderos.
Aquella vez salió quinto. Aquella vez, sin saberlo, había empezado todo.
Desde entonces, su vida se midió en rondas, en caminatas incansables, en tardes eternas entre el colegio y la cancha. A veces con dos pelotas apenas, como cuando viajó a competir y tuvo que meterse a una laguna para recuperar las que se les habían caído. No había margen para perder nada. Cada pelota importaba. Cada golpe era un paso más hacia un sueño que todavía no se animaba a decir en voz alta.
Su explosión llegó en 1984. Invitado a jugar el Abierto del Nordeste, firmó una tarjeta inolvidable de nueve bajo par, sorprendiendo al propio presidente del club, Alberto Molina, quien lo convenció de apostar por el profesionalismo. Ese mismo año fue Revelación Clarín, y encontró un padrino que marcaría su carrera: Jorge “Quique” Soto, una leyenda del golf argentino.
Con él empezó la etapa grande, la de verdadero jugador de circuito. Llegaron triunfos en torneos nacionales, victorias en el exterior —como el Abierto de Uruguay o el Abierto de Brasil—, y participaciones memorables junto a figuras como el Gato Romero, Luis Carbonetti o el propio De Vicenzo, con quien compartió un inolvidable torneo de “desplume” televisado en ATC.
Miguel, el del palo de tala, ya era Miguel Fernández, profesional argentino, figura respetada, embajador deportivo del Chaco.

Primer título internacional para el chaqueño
En 1988, el Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco lo consagró Deportista del Año, un reconocimiento que selló en el corazón del deporte provincial una historia que todavía hoy emociona. Porque si algo define a Miguel es que nunca olvidó de dónde salió. Ni cómo. Ni por qué.
Hoy, desde la enseñanza en Mar del Plata y algunas visitas al Chaco Golf Club, vuelve al mismo terreno donde su vida cambió. Está formando a los chicos que, como él, miran los palos con timidez y sueñan en silencio. Les enseña técnica, sí, pero también algo más valioso: la convicción de que el golf —como la vida— abre puertas cuando se lo toma con seriedad y pasión.
“Este deporte te abre puertas. Si lo tomás con responsabilidad, podés llegar lejos.”
La frase es suya, pero también es su historia.
Miguel Fernández, de los palitos de tala al cielo del golf argentino

Nota de Miguel Fernández en 5 Fotos una Historia, conducido por el periodista Luis Dario Molodezky
A días de la 43ª Fiesta Anual del Deporte
Hay historias que nacen lejos de los flashes, en los bordes de una cancha, en los senderos de tierra que llevan a un club. Historias que se escriben primero con esfuerzo, después con talento, y finalmente con gloria. La de Miguel Fernández, aquel chico que nació el 10 de abril de 1962 en Resistencia y creció entre los árboles y los fairways del Chaco Golf Club, es una de esas.
A pocos días de celebrarse una nueva edición de la Fiesta Anual del Deporte, vale recordar al hombre que en 1988 fue elegido Deportista del Año por el Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco: un chaqueño que llevó su juego desde los palitos de tala hasta los grandes escenarios del mundo.

El niño caddie que soñaba con una pelota… pero redonda
Miguel no llegó al golf por herencia deportiva ni por privilegio. Llegó porque vivía al lado del club y porque su padre trabajaba allí como capataz. Sus hermanos fueron caddies, él también. Y aunque su corazón de chico latía por el fútbol —jugó en las inferiores de Chaco For Ever e incluso llegó a disputar un partido en tercera— las lesiones lo empujaron al otro camino.
Pero el golf, por entonces, era un lujo lejano. Los palos se improvisaban con ramas de tala, y las pelotas se fabricaban con corchos de sidra y gomitas recuperadas de pelotas viejas. Así empezó a golpear, a sentir el vuelo, a imaginar lo que todavía no sabía que sería su destino.

El viaje a Buenos Aires que cambió todo
A los 14 años clasificó para representar al Chaco en el Torneo Nacional de Caddies en Buenos Aires. Su papá no quería firmarle la autorización para viajar. Miguel lloró, quiso irse, quiso renunciar. Hasta que apareció su hermano, lo defendió, lo empujó, lo acompañó.
Viajó. Jugó. Terminó quinto. Recibió su premio de manos de Amadeo Carrizo, ídolo absoluto de su otra pasión, el fútbol. Ese día empezó a creer.
La consagración del talento
En 1980 se hizo profesional. Desde allí, su carrera explotó:
- Ganó la Orden de Mérito del Tour Argentino en 1987.
- Fue campeón del Abierto Argentino en 1987 y 1988, algo reservado solo para los mejores.
- Sumó 12 títulos del circuito argentino, entre ellos el Abierto del Norte, del Litoral, del Centro, Norpatagónico, Cariló y Paraná.
- Ganó también en Chile y Uruguay.
- En 2004 conquistó el Panama Masters, triunfo que lo llevó al Challenge Tour europeo, donde volvió a dejar huella.
En 1991 jugó el European Tour, compitiendo contra figuras mundiales. Aquel año disputó el British Open en Royal Birkdale, uno de los templos del golf mundial.
Y en 1989 vistió la camiseta argentina en la Copa del Mundo y en la Copa Dunhill, quedando 4º en la clasificación individual, un logro pocas veces repetido.
Miguel Fernández cruzó fronteras, idiomas y climas. Su cuna fue el Chaco, pero su nombre se pronunció en Buenos Aires, en Brasil, en Panamá, en España y en el Reino Unido.

En la presentación del 1er Abierto del Chaco – “Cuna de Campeones”, que se jugará en nuestra casa: el Chaco Golf Club José Vega Fernandez – Presidente del Chaco Golf Club Miguel Fernandez – Profesional Chaco Golf Club. César Monasterio – Presidente del TPGA. Juan José Pegoraro – Capitán de Cancha ChGC.
El hombre, el legado y la tierra santa del golf chaqueño
Cada vez que le preguntaron por el secreto del Chaco Golf Club para producir jugadores de élite, Miguel respondía con una sonrisa cómplice:
«El Chaco es tierra santa. Si el Papa viene a la Argentina, va a besar primero el suelo del Chaco.»
Detrás del chiste, hay verdad: una cantera única. De allí surgieron José Fernández, José Cóceres, Emiliano Grillo, Fabián Gómez… y Miguel, el pionero que abrió el camino.
Hoy, desde la enseñanza, devuelve todo lo que el golf le dio. En la escuela de novicios y en la formación de menores, apunta a forjar nuevas generaciones, convencido de que este deporte abre puertas, becas, viajes y sueños.

El hijo de Juan Crlos Rudas, Dari Zarza, Oscar Aguilar
A días de la Fiesta del Deporte, un recuerdo necesario
Miguel Fernández no solo fue campeón.
No solo fue figura nacional e internacional.
No solo fue el golfista que llevó al Chaco a lo más alto.
Fue —y es— una historia de superación, de humildad, de perseverancia.
El caddie que construyó sus palos.
El pibe que recuperaba pelotas del fondo de una laguna para poder seguir jugando.
El hombre que un día levantó la copa del Abierto Argentino y a la semana siguiente regresó al club de siempre, con la misma sencillez de siempre.
Por todo eso, a días de una nueva Fiesta Anual del Deporte, vale volver a decirlo:
Miguel Fernández es uno de los grandes deportistas chaqueños de todos los tiempos.
1988 / El golfista Miguel Fernández es consagrado Deportista del Año, en la séptima edición de la Fiesta del Deporte. La misma se realiza en el Bingo de Lotería Chaqueña, de Cangallo y avenida 25 de Mayo. Los distinguidos en las distintas disciplinas son: ajedrez Jonathan Martínez, atletismo Graciela Agosto, automovilismo Juan Marcón, básquetbol Roberto Catarozzi, bochas Elvio Pérez, boxeo Carlos Salazar, ciclismo Eduardo Duete, dirigente Alberto Tomassone, fútbol Celso Antonio Freyre, golf Miguel Fernández, Handball Diego Díaz, hockey Karina Feldman, homenaje Luis Barrio Cima, karting Luis Kalbermater, maratón Miguel Aguirre, Natación Salomé Donadille, pelota Héctor Marín, pesca Náutico Barranqueras, rugby Jorge Liotta, tenis Valeria Abraham, vóleibol Walter Sandoval.
por LUIS DARIO MOLODEZKY
Parte 1




