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A 25 años de su fallecimiento, el recuerdo de Ramón González sigue intacto en cada cancha, en cada redacción y en cada charla de fútbol donde todavía se lo nombra con afecto. Porque Ramón fue muchas cosas a la vez —jugador, técnico, dirigente, periodista, trabajador telefónico, militante gremial—, pero por sobre todas ellas fue una gran persona y un amigo incondicional.
POR LUIS DARIO MOLODEZKY
Ramón González falleció el 11 de enero de 1999, en la Capital Federal, a los 66 años. Había nacido para el fútbol y para todo lo que lo rodea. Como jugador vistió las camisetas de Ministro Le Breton, Fontana y Argentino del Norte, el club de sus amores, además de tener su paso por instituciones del fútbol grande como Boca Juniors y Almirante Brown. Siempre decía que el fútbol no solo se juega: se siente, se discute, se defiende y se comparte.
Paralelamente, fue trabajador de ENTel, de donde fue despedido por cuestiones gremiales durante la etapa más oscura del país, sin renunciar nunca a sus convicciones. Esa misma coherencia la trasladó al periodismo, actividad que abrazó con la misma pasión que al deporte.
En el diario NORTE integró una recordada camada de periodistas deportivos junto a Andy Villa, Pablo Sansone, Aníbal Castro, Carlos Guido Obregón, Pedro Martín Vera y quien hoy lo evoca, Luis Darío Molodezky. Cubría incansablemente los fines de semana del fútbol chaqueño, los torneos de AFA y del Consejo Federal. Ramón era de esos que no faltaban nunca. Tanto, que alguna vez se escapó de la terapia intensiva de un sanatorio para cubrir un partido porque no había podido avisar a nadie que lo reemplazara. Así entendía la responsabilidad y el compromiso.
Su vínculo con el fútbol no se agotó en la crónica. Fue consejero y asambleísta de la Liga Chaqueña de Fútbol en representación de Argentino del Norte, club del que también fue dirigente, técnico y jugador. Conocía cada rincón del fútbol local y defendía sus instituciones con una convicción inclaudicable.
Dentro del periodismo organizado, Ramón dejó una huella profunda. Fue fundador e integrante de la conducción del Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco, ocupó todos los cargos posibles —menos el de presidente, solo porque no lo quiso— y fue durante años delegado del Chaco ante la Federación Argentina de Periodistas Deportivos (FAPED), donde supo ganarse el respeto de colegas de todo el país. También fue directivo del Sindicato de Prensa del Chaco, porque entendía al periodismo como profesión, vocación y compromiso colectivo.
En la Fiesta del Deporte de 1998, apenas un mes antes de su muerte, fue abanderado y recibió un reconocimiento a su trayectoria, distinción que también le otorgó la Liga Chaqueña. Fue un homenaje en vida, justo y necesario.
Casado con Amada Borba, padre de cuatro hijos, Ramón era de esos hombres que pensaban siempre en los demás: en su familia, en sus amigos, en los chicos de la villa, en su club, en la Liga, en el Círculo, en el fútbol. Pensó tanto en todos que se olvidó de cuidarse, y así lo sorprendió la muerte.

Ramón González entregando un reconocimiento al Fanfa Veloso. En el centro el conductor y relato Edmundo Duncan Molina.
Como escribió Luis Darío Molodezky, su amigo: “Para ser mi padre era un poco joven, y para ser mi hermano un poco grande. Sin embargo, era las dos cosas. Más todavía, un amigo”. Tenía esa virtud tan escasa: ponerse en el lugar del otro y dar el consejo justo, el necesario. Recto, solidario, incorruptible, humano.
Su partida golpeó duro. Pero dejó algo que no se detiene: el ejemplo.
A 25 años de su ausencia física, Ramón González sigue presente en la memoria del deporte chaqueño, del periodismo y, sobre todo, en el corazón de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
Porque hay personas que no se van nunca del todo. Y Ramón es, sin dudas, una de ellas.





