
ℎ, . — – FaceDías atrás se llevó a cabo el sorteo de un bingo organizado por el , una institución modelo en toda la región. El bingo, lejos de ser un simple acontecimiento recreativo, genera un verdadero movimiento social: convoca voluntades, despierta expectativas, dinamiza la economía local y, sobre todo, reúne a un pueblo alrededor de una ilusión compartida.
En medio de ese frenesí de actividades, mientras los números iban saliendo uno a uno, no pude evitar que la memoria me llevara hacia una figura entrañable: , artífice incansable del progreso y del prestigio de esta querida institución social y deportiva.
Tuve el privilegio de que don Isidro estuviera ligado a mi vida de múltiples maneras, como si el destino se empeñara en cruzar nuestros caminos una y otra vez.
Fue º ; luego, ́ ́ , º ; más tarde, º .
De todos esos tiempos guardo recuerdos luminosos. Don Isidro era, ante todo, una buena persona, portadora de valores sólidos, de un carácter afable y de un humor creativo que contagiaba entusiasmo. Tenía una energía inagotable y una mente siempre abierta y dispuesta a imaginar proyectos.
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Fue él quien organizó aquellos que se disputaban en una modesta canchita ubicada detrás de la Iglesia Católica, en la intersección de las calles Guillermo Della Savia y Sarmiento.
Allí, en ese suelo de tierra y de sueños infantiles, tuve el . Aquella quedó grabada para siempre en mi memoria y en mi corazón, del mismo modo que en la de tantos otros niños de aquellos años, para quienes ese símbolo no era solo una camiseta, sino el primer abrazo del club, del barrio y de una pertenencia que perdura en el tiempo.
El club era pequeño, casi humilde, pero ya latía en él la grandeza que don Isidro supo vislumbrar e impulsar.
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En lo personal, hay un gesto suyo que marcó mi vida de manera decisiva: ́ .
Recién recibido en , regresé al hogar familiar con el título en la mano y la esperanza de encontrar trabajo.
Sin embargo, el año siguiente fue duro. Una de las ́ azotó Santa Sylvina en , obligándonos a abandonar nuestra casa y refugiarnos en la isleta cercana.
Las escuelas rurales permanecían cerradas por la intransitabilidad de los caminos; los cargos estaban cubiertos y las oportunidades parecían desvanecerse. El título, por entonces, poco podía hacer frente a la realidad.

Don Isidro Luis Dalmasso, en su etapa como director de la Escuela Primaria N° 197 “Ángel Acuña” de Coronel Du Graty, junto a un enorme equipo de docentes. Con su guía y su ejemplo me ayudó a dar mis primeros pasos en la docencia, enseñándome que educar es, ante todo, un compromiso con las personas y con la comunidad.
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Marzo y abril pasaron sin novedades, hasta que en mayo llegó la oportunidad inesperada: don Isidro, mi antiguo profesor, me ́ º ❞́ ̃❞ , donde él era director, acompañado por doña como vicedirectora.
Allí, bajo su guía, di mis primeros pasos en la docencia. Me enseñó que , ́ .
Junto a él y otros colegas realizamos numerosas tareas de mejora, como el acondicionamiento de un ́ para que luego funcionara allí un Jardín de Infantes.


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Don Isidro viajaba desde Santa Sylvina a Du Graty en una , vehículo entrañable que muchas veces me llevó de regreso a visitar a mis padres.
Ese automóvil fue luego el primero que pude comprar, a un costo accesible y con facilidades que hoy, desde la madurez, comprendo como otro gesto silencioso de su enorme generosidad.
Don Isidro hacía el bien sin alardes, sin esperar recompensas.
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Ejerció la ́ º , período en el que se logró la ́ , inaugurado el , en un momento histórico para el país, ya que nueve días después asumía la Presidencia don Raúl Alfonsín.
Don Isidro fue el orador principal: su palabra era clara, profunda y salpicada de humor que sabía emocionar y hacer reír al público. Tenía el don de la oratoria, esa capacidad tan rara de decir mucho sin grandilocuencias.


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Más tarde ascendió por concurso al cargo de y finalmente se acogió a la jubilación, dejando una huella profunda allí donde pasó.
Como bien señalara don , don Isidro fue también quien comenzó a organizar espectáculos, carreras de karting, bailes y múltiples iniciativas para salvar al Club Comercio de una situación económica difícil.
Supo convocar a todos, rodearse de personas colaboradoras, muchas de ellas humildes, sin excluir a nadie.
De su visión nació el ̃, un antes y un después en la vida institucional del club.
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Recuerdo cuando, junto a otros miembros de la comisión directiva, se reunieron con dirigentes del ́ para proponer una organización conjunta del bingo. La iniciativa fue rechazada por considerarse, en ese tiempo, rudimentaria.
, , ́ ́ ́. Tenía una visión especial sobre el futuro. En aquellos primeros sorteos, realizados con un bombo metálico accionado a mano, era él mismo quien anunciaba los números y los ganadores.
Hoy, el bingo es digital, se extiende a todo el país y constituye la base económica del crecimiento del club, gracias también a la responsabilidad de quienes continuaron su legado.

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Don no fue solo un docente, un dirigente deportivo o un gestor institucional. Fue un , de esos que trabajan sin estridencias, convencidos de que el verdadero progreso se construye con compromiso, honestidad y generosidad.
Cada número que hoy sale en el bingo del Club Comercio lleva, de algún modo, la huella invisible de aquel hombre que supo soñar en grande cuando todo parecía pequeño.
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